Etchevehere por Buryaile: historia de un cambio

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A muchos sorprendió la salida de Ricardo Buryaile del Ministerio de Agroindustria, aún más su destino como embajador ante la Unión Europa y ni que hablar el nombre de su sucesor, Luis Miguel Etchevehere. Pero ninguna de las decisiones del presidente Mauricio Macri ha salido de la nada: la cronología de hechos de los últimos años y el escenario internacional del país brindan explicaciones más allá de la noticia de último momento. Fui parte de este proceso y lo puedo explicar sin eufemismos, sin herir susceptibilidades y sin problemas: nada de lo que pasó es secreto ni perjudica a los protagonistas.

Cuando Cambiemos ganó la Presidencia, circularon muchos nombres para el Ministerio de Agroindustria, y fueron justamente los dos que hoy son protagonistas quienes llegaron a la última instancia. En el camino quedaron desde referentes del sector más ligados a lo técnico hasta dirigentes gremiales del campo que llevaban tiempo colaborando con el PRO. La opción por Buryaile terminó siendo una elección positiva a varias bandas: el cargo lo ocupaba alguien con conocimiento del sector, ligado a la UCR, entonces reciente aliada del PRO, del interior profundo y además del norte, en donde Cambiemos penaba de un déficit de figuras.

Más allá del nombre, Macri tenía muy en claro qué hacer con Agroindustria: de hecho, su primer paquete de medidas anunciadas luego de asumir fue para el campo, con la baja de retenciones. El plan para el sector había sido generado desde la Fundación Pensar, la “usina de ideas” de donde surgieron los planes de gobierno del PRO. Es central esta información para entender la dinámica de los últimos hechos.

Dos años antes de las elecciones, en la Fundación Pensar se formó la Mesa Agroindustrial. De allí salieron los secretarios de Estado —Negri, Hadrie, Roulet, Bircher— y el jefe de gabinete —Bernaudo— que formaron el equipo de Buryaile en Agroindustria, y además Sarquis y Srodek, ministro y segundo de Agro en el gobierno provincial de María Eugenia Vidal en Buenos Aires. En ese equipo participaban además José Anchorena y Luciano Miguens, quien fuera, como Etchevehere, presidente de Sociedad Rural. Desde el lado político, daban el marco a este trabajo los legisladores Alfredo de Angeli, Miguel del Sel, Hector Baldassi, Carlos Mac Allister, Cornelia Schmidt-Liermann, Gisela Scaglia, y además Pancho Cabrera, ministro de la Producción, y Esteban Bullrich, flamante senador, con experiencia en empresas frutícolas. Quien escribe puede dar fe de esto, ya que en su primera etapa fue coordinador técnico. De dicha mesa salieron las 13 propuestas agroindustriales, un resumen del plan para el sector del entonces eventual gobierno de Macri. Dichas propuestas fueron presentadas en abril de 2014, mucho antes de las elecciones.

Vale detenerse en esto. El manual del comunicador sostiene que hay que ser difusos en las promesas de campaña. En este caso, las 13 eran bien concretas, incluso con detalles de costo fiscal. El día antes de su presentación en público fuimos siete personas a presentar el plan a Macri, quien, ante la pregunta respecto de la difusión, respondió: “Si estamos seguros, comuniquémoslo”. Al otro día se presentaron en público, con presencia perfecta de los presidentes de las cuatro entidades agropecuarias, la llamada “mesa de enlace”. Allí estaba Etchevehere. Allí estaba Eduardo Buzzi, de la Federación Agraria. Este último, lejano a la ideología de Macri y quien, de hecho, luego fue candidato por el Frente Renovador de Sergio Massa, sostuvo dicho día: “Esto es más de lo que esperábamos”. Etchevehere confirmó su interés en estar presente y pidió la invitación a quien escribe estas líneas pocos días antes, en un evento internacional que tuvo lugar en la Rural de Palermo. En ese momento, la presidencia de Macri parecía lejana, pero el campo sabía que su mejor opción política estaba sin duda allí. Entonces, comenzó a nacer una alianza entre ambos que se cristalizó en el voto masivo a Macri en el ballotage de 2015 y se confirmó con el triunfo en todo el centro del país de las recientes elecciones.

Así las cosas, esas propuestas fueron el eje de campaña en el interior, y ese equipo siguió profundizando de cara al futuro. Eso incluyó una creciente red de contactos con académicos, empresarios, referentes, miembros de entidades gremiales y técnicas, en fin, todo el micromundo de la agroindustria. En esa línea, el equipo se fue ampliando y se fueron definiendo perfiles. Quedaba vacante el nombre del ministro.

Como en cualquier reparto de poder, hubo heridos. El PRO tiene de manera casi natural en el interior del país muchos dirigentes relacionados con el campo. Además, son muchos los empresarios que podrían haber tenido interés en ese lugar. Y los políticos del interior jamás podrían ver con malos ojos un puesto en el gabinete relacionado con la producción de sus territorios. Como contamos y es historia, la decisión fue por Buryaile. Esto no cayó mal en la Fundación Pensar, donde el ahora ex ministro no sólo no tenía resistencia sino que contaba con algunos aliados ganados en la lucha contra la 125 de Lousteau-Moreno-Cristina. Además, era un guiño a la UCR; y no menor, no había veto alguno de Elisa Carrió, quien siempre tuvo una relación de especial cercanía con CRA, entidad de Buryaile, y había llevado al dirigente más relevante de su historia, Mario Llambías, como candidato. De hecho, en su momento (2010), Lilita, en un asado, habló directamente con Buryaile para acordar una ley de retenciones a favor del campo y en contra del kirchnerismo.

Con el reciente cambio surgieron un par de frases hechas. La primera: “Le dieron el Ministerio a alguien de la oligarquía que ni siquiera es político”. Segunda: “Este es un gobierno de ricos”. Tercera: “A Buryaile lo mandan a una embajada para compensar”. Vamos por partes.

Siempre la Sociedad Rural estuvo relacionada con la élite del sector más competitivo de la economía argentina. Son, además, principalmente productores ganaderos. Será difícil que alguna vez se saque esa etiqueta. Ahora bien, los grandes latifundios del pasado se han dividido naturalmente por herencia, y además los actuales grandes actores y las empresas del agro no son ni los propietarios de la tierra ni los ganaderos, sino las nuevas empresas que, con ganancia de escala e incorporación de tecnología, han aumentado su productividad. Y no es menor recordar que hoy en día la Sociedad Rural cuenta con unos diez mil socios, porcentaje muy bajo de los productores del país. Retrucar el argumento de que Sociedad Rural es igual a oligarquía es difícil por nuestros preconceptos, pero no se sostiene en hechos en la segunda década del siglo XXI.

Respecto a que Etchevehere no es político, basta con replantear la frase: no será afiliado a un partido, pero hace política hace años. Es uno de los impulsores del Foro Económico Empresario, que unió a los dirigentes de todas las ramas de la producción, la industria y el comercio de Argentina, en los últimos años de kirchnerismo, para buscar propuestas comunes. Como contamos en la pequeña anécdota, hace tiempo buscaba su lugar bajo el paraguas del PRO. Aunque hasta ahora no tuvo cargos, sin duda es un “animal” político.

Respecto a la crítica del gobierno de ricos, claramente emparentada con calificar a la Rural como la oligarquía, hay que ver las medidas tomadas por el Gobierno. La baja de retenciones fue total para todos los cultivos, menos la soja. Es decir, al más rentable se le mantuvieron las retenciones, aunque reducidas. Se eliminaron los permisos de exportación, que a quienes más perjudicaban era a los pequeños productores sin capacidad de negociar, en favor de los grandes acopios, los molinos y los exportadores.

Por último, respecto a la embajada para Buryaile, es bastante más que un retiro de lujo. De hecho, en el pasado ha sido una estación de ida y vuelta para ministros de Economía: Fernando de la Rúa nombró allí a Roberto Lavagna; Eduardo Duhalde, a Remes Lenicov luego de que este no pudiera resolver el corralito; Cristina, a Lorenzino poco tiempo después de que afirmara que se quería ir. Pero algo mucho más de fondo: Argentina y muchos países de Europa están impulsando nuevamente el acuerdo de comercio Unión Europea-Mercosur como alternativa ante la ola de aislacionismo mundial. Históricamente, las barreras a la entrada de productos agrícolas argentinos en Europa fueron un problema, y todos saben que será el mayor escollo en esta negociación. Buryaile no sólo es del campo, estuvo en 2016 en Berlín con ministros de Agricultura de todo el mundo y forjó una relación cercana con su par alemán; estuvo también en Bruselas con el comisionado agrícola en la Unión Europea. Le espera mucho más que un cargo decorativo.

¿Qué le espera a Etchevehere? Luego de que el Gobierno haya resuelto las principales demandas que estaban limitando a la producción de alimentos argentina, quedan los problemas de fondo que, por tiempo o complejidades, aún no se han terminado de enfrentar: soluciones estructurales para las economías regionales, planes de obras, riego y control de inundaciones y emergencia agropecuaria, y equilibrar los intereses para la complicada ley de semillas.

¿Qué les espera al Gobierno y a la agroindustria? El rumbo está definido por Macri mucho antes de ganar la elección, así como los pilares del equipo. Este Gobierno y el campo son aliados y socios: el campo espera más soluciones, el Gobierno espera más producción, empleo e inversión. Todo está dado para que esta alianza siga, más allá de los apellidos, salvo que trastabille por personalismos.

El autor es ex asesor del Ministerio de Agroindustria, de la Fundación Pensar (PRO) y de Elisa Carrió.



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