¿Ganar elecciones sin hacer política?

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El gobierno nacional atravesó, tanto en lo que respecta a la economía como a la política, una de las semanas más críticas en estos casi dos años y medio de gestión.

Por primera vez, tanto la opinión pública como los mercados coinciden en reaccionar negativamente ante las políticas adoptadas. Y todo ello ante la inminencia de un proceso electoral que, por momentos, parece estar a la vuelta de la esquina.

“Con la política no alcanza, pero sin la política no se puede”; reza un axioma que el gobierno parece desconocer al desdeñar peligrosamente la construcción y la discusión política.

Si bien siempre es bueno evitar deslizarse a los denominados  “microclimas” de la política que llevan a perder de vista la necesidad de escuchar e interpelar a la sociedad, la “política” es imprescindible para gobernar.

Esta riesgosa actitud del gobierno quedó plasmada esta semana en el anunciado alejamiento de Emilio Monzó de la presidencia de la Cámara de Diputados de la Nación, y la sorprendente pasividad con la que reaccionaron los principales referentes del gobierno. El ex Intendente de Carlos Tejedor, que viene teniendo una insalvable relación con María Eugenia Vidal, fue uno de los estrategas de la campaña de 2015, y un reconocido facilitador del quorum en la Cámara, gran responsable de las negociaciones que le permitieron conseguir los éxitos parlamentarios que caracterizaron a los primeros dos años del mandato de Mauricio Macri.

Sin embargo, los enfrentamientos que el titular de la Cámara mantuvo con distintos sectores de Cambiemos para incorporar más referentes del peronismo se convirtieron en un clásico en estos años, y una de las razones que progresivamente lo fueron desplazando de la “mesa chica” del Presidente. Monzó es una de las “patas peronistas” más respetadas que tiene hoy Cambiemos y uno de sus referentes que más aboga por la ampliación de las bases del espacio oficialista.

El citado axioma en manos de Monzó se resignifica: “Con el peronismo sólo no alcanza, pero sin el peronismo es imposible“. Una lección válida, tanto para el oficialismo como para quienes desde el peronismo consideran que la discusión de espaldas a la sociedad basta para construir una alternativa política capaz de reconquistar el poder.

Los tres peronismos

El peronismo parece encaminarse a transitar la discusión electoral dispersando su intención de voto en tres espacios.

El primer espacio es el que se aglutinaría en torno a quienes muchos consideran el mejor alumno del gobierno: el gobernador de Salta, Juan Manuel Urtubey. Su estrategia tras el triunfo electoral de Macri en 2015 fue la de ser la expresión más “cambiemos” del peronismo, intentando conquistar los corazones de un lado y del otro del espectro político. Una tarea que, al menos hasta el momento, no le parece haber dado mucho resultado.

El segundo espacio del heterogéneo campo peronista es el que podríamos denominar “PJ intervenido”, hoy en manos del sindicalista Luis Barrionuevo. En dicho espacio hay un amplio sector del peronismo que aborrece todo lo que tiene que ver con el kirchnerismo. Si bien aún no surgió un líder electoralmente competitivo, todo pareciera indicar que el tigrense Sergio Massa es la opción que más adhesiones junta.

Por último, Unidad Ciudadana es la tercera facción del peronismo que divaga entre estrategias erráticas (como la alianza con uno de los gobernadores más díscolos de Cambiemos, Alfredo Cornejo) y candidaturas forzadas (como la de CFK en 2017).

Esta dispersión tripartita es funcional a los intereses electorales del oficialismo que, pese a todas las dificultades en el plano económico, parecería ser amplio favorito en 2019. Ciertamente el mérito puede ser de Macri, que como cabeza del frente Cambiemos es quien más presencia tiene en la agenda pública. Pero sería un error no reconocerle méritos a sus dos puntas de lanza en el ámbito territorial: María Eugenia Vidal y Horacio Rodríguez Larreta. Ambos mandatarios lograron sostener, en lo que va de sus respectivos mandatos, altos niveles de imagen positiva y de valoración de gestión.

Para asegurarse el triunfo, Cambiemos es consciente de que necesita hacer
pie en algunas provincias más. El 2015 dejó a 5 de los 24 distritos en manos de Cambiemos (Ciudad de Buenos Aires, Buenos Aires, Mendoza, Jujuy y Corrientes). El objetivo sería avanzar en por lo menos cinco más. Según el resultado de 2017 y los números que hoy circulan, esto es posible.

Son siete los distritos que el gobierno tiene en la mira: aquellos en los cuales
Cambiemos ya ganó con 10 puntos promedio (Santa Cruz, Entre Ríos,
Neuquén y Santa Fe) y otros en los cuales la diferencia no pareciera ser una
dificultad (La Pampa, Tierra del Fuego y Chubut).

El escenario económico, principal amenaza para Cambiemos

La escapada del dólar forzó por estos días una fuerte intervención del Banco Central para evitar su impacto en las perspectivas de la inflación. La apelación a las reservas en dólares no fue esta vez suficiente, y el gobierno debió anunciar una fuerte suba de la tasa de interés; medida que está lejos de ser inocua en tanto encarecerá el crédito y ralentizará el ya deprimido consumo. En definitiva, una decisión que enfriará aún más la actividad económica.

Dólar descontrolado, inflación que no cesa, tarifas que no detienen su aumento y la insólita vigencia de un instrumento financiero como las Lebacs con un rendimiento de 31% anual, parecen ser un combo potencialmente explosivo que amenaza con licuar la imagen y proyección de Cambiemos.

Las encuestas muestran que el apoyo al Presidente se ha resentido, aunque también es cierto que se mantiene aun en niveles altos si se lo compara con otros líderes de la región y con los principales referentes de la oposición.

¿Hasta dónde llegará el malestar? Si bien está claro que hoy la oposición no está en condiciones de capitalizarlo, el gobierno cometería un gravísimo error al minimizarlo. Si quiere avanzar sin sobresaltos hacia la reelección, será imprescindible que el gobierno haga más política.

*Sociólogo, consultor político y autor de “Gustar, ganar y gobernar” (Aguilar 2017).



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