Hacia dónde va Cambiemos

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(Nicolás Stulberg)

Transcurridos dos años de gobierno es oportuno evaluar si los resultados de la gestión vienen respondiendo a las expectativas, qué avances van en dirección positiva y en qué áreas se requeriría dar una vuelta de tuerca o ajustar el rumbo.

El futuro para Cambiemos después del 2019 depende de la eficiencia en la administración del tiempo político, y en saber aprovechar la oportunidad para actuar en la creación de empleos y la reducción de la pobreza en forma eficaz. Para ello, no es conveniente esperar los tiempos del derrame.

El propósito de esta nota no es dar soluciones acabadas sino reflexionar y establecer lineamientos sobre aspectos estructurales a los que no solo Cambiemos sino también otras fuerzas políticas constructivas deberían dar continuidad.

Filosofía del cambio

Algunas críticas a la gestión actual, como por ejemplo la enunciada por el licenciado Espert: “Cambiemos es un kirchnerismo de buenos modales y un mero cambio de forma”, son a nuestro juicio erróneas. Tales afirmaciones no solo minimizan sino que omiten lo más relevante, es decir, que la intencionalidad de la filosofía de Cambiemos va más allá de un cambio de política económica, y que busca modificar de forma cualitativa el modelo social conflictivo imperante, intentando construir una cultura social que minimice el conflicto en lugar de amplificarlo.

La intencionalidad no es por cierto garantía de eficacia y de obtención de resultados, pues ningún modelo está exento de dificultades y errores de implementación, y pueden generarse conflictos no esperados. Ello ya ha sucedido en la actual gestión cuando, en el 2016, se implementó una vía de ajuste tarifario poco o nada eficiente ni comunicada a los usuarios, o el posterior overshooting de la tasa de interés por un largo período como casi la única herramienta inflacionaria, que viene desincentivando la inversión productiva.

La elección del gradualismo es una opción para intentar salir del conflicto continuo, dado que la reducción del gasto público en exceso vía shock daría lugar a un costo social impredecible en el corto plazo. En otros términos, ir de a poco puede llevar a que los logros sean lentos y generen la sensación de ineficacia, pero también puede evitar una crisis que los haga inviables.

En diciembre de 2015 Argentina mostraba indicadores económicos y sociales solo explicables por una prolongada secuencia de desaciertos y errores de política económica, con una base ideológica apoyada en la filosofía del conflicto (Ernesto Laclau), propiciatorio del antagonismo continuo como forma de conducción política, donde el populismo es considerado garantía de la democracia y países como Venezuela constituyen ejemplo de éxito en la distribución del ingreso.

Mirando hacia el 2020 y en adelante, es importante consolidar el modelo ganar-ganar y el consenso sobre un óptimo social como la alternativa a la filosofía del conflicto, alternativas que podrían tener como referencias al Nobel John Nash, de un lado, y a la filosofía de Ernesto Laclau, por el otro. Este cambio significa reemplazar el antagonismo por la negociación e intentar conducir a cada uno de los miembros del grupo o de la sociedad en su conjunto a una posición de mayor bienestar.

Dicho en otros términos, y parafraseando el título de la obra de Mallon y Sourrouille, La política económica en una sociedad conflictiva, acudir a la filosofía del conflicto en una sociedad cuya esencia es conflictiva es como agregar leña al fuego sin logros, sin ganancia para ninguno de los sectores; en el largo plazo pierden todos.

El modelo ganar-ganar no es solamente un modelo conceptual de negociación, sino que debería aplicarse como opción a la filosofía del conflicto en el ámbito parlamentario, sectorial empresario, partidario, gremial y otros, y diferenciarse del modelo de la búsqueda de conflicto permanente. Este sería el primer paso para apuntar a la continuidad.

Aspectos económicos

Los resultados económicos de la última gestión populista son conocidos, pero conviene tenerlos presentes para recordar de dónde venimos a la hora de evaluar los resultados y de confrontarnos con las dificultades para normalizar las variables clave de la economía argentina.

Sintéticamente, venimos de una situación de pobreza en torno al 30%, estanflación, brecha cambiaria del 50%, reservas internacionales del Banco Central magras, inversión interna bruta (IIB) en un piso histórico, tarifas congeladas a lo largo de una década, estancamiento de la infraestructura y la obra pública en áreas clave de energía, comunicación y servicios sociales básicos.

El 10 de diciembre de 2015, el Gobierno de Cambiemos inició su gestión con altas expectativas de que el mero cambio político activaría la inversión y el humor social, necesarios para comenzar a superar el caos heredado. Los dos años transcurridos muestran logros, como el acceso al mercado internacional de capitales, el blanqueo exitoso, la reducción de la tasa de inflación, la salida de la recesión; y algunos desaciertos, tales como la baja inversión externa directa y el elevado déficit en balance comercial.

Por detrás de tales hitos se encuentra lo que podríamos denominar el núcleo duro o los factores de resistencia estructural de la economía argentina a la normalización. Nos referimos, por un lado, al déficit en la creación de empleo por parte del sector privado, vis-à-vis el exceso de empleo que es absorbido por el Estado, muy particularmente en provincias donde el sector público puede representar el 50% del empleo. En segundo lugar, nos referimos a la inflación y la elevada variabilidad de los precios relativos como forma de puja social, y que es utilizado como mecanismo exacerbado de conflicto y fuente de rentas oportunistas.

Estas cuestiones estructurales indican que es esencial continuar trabajando en dos direcciones clave: la tasa de inflación hasta llegar a un dígito anual, recurriendo a un enfoque que debería ser a nuestro juicio más integral que el modelo Lebac, por un lado, y la creación de empleo productivo privado (no asistencialista) que pueda ir reabsorbiendo el empleo público redundante.

En otros términos, no hay manera de reducir el gasto en lo que corresponde al empleo público redundante si este no es absorbido en forma simultánea por el sector privado, a menos que “caiga dinero como maná del cielo” (Patinkin) y se les otorgue una pensión vitalicia a todos los sin-trabajo, lo cual es altamente improbable que suceda.

En este sentido, la discusión entre shock versus gradualismo resulta inconducente, dado que, sea en un día o en tres años, si no se generan puestos de trabajo productivo equivalentes en el sector privado, estaríamos frente a una sociedad en decadencia continua donde se vería florecer “homeless people” (gente en situación de calle) en lugar de “green shoots” (brotes verdes).

La inversión en numerosas obras de infraestructura que se están realizando en las áreas de energía, comunicación y transporte, además de la nueva dinámica de la construcción de vivienda, está yendo en tal sentido, dando ocupación y mejorando los indicadores de actividad a partir del 2017.

Sin embargo, tal como dijimos al comienzo, la dimensión y la diversidad de los problemas que enfrentamos requieren de la inclusión de enfoques e instrumentos complementarios, y no dejar la suerte librada a la ocurrencia de factores sobre los que no tenemos control, como lo es el tan mencionado derrame.

¿Qué hacer?

Para lograr la normalización macroeconómica, un ritmo de crecimiento sostenido y una baja sustancial del índice de pobreza, serán necesarios muy probablemente dos períodos adicionales de gobierno, es decir, hasta 2024 o 2028.

-Inflación

Tiene causas estructurales, fiscales, monetarias y por expectativas. El plan antiinflacionario debería entonces basarse en un enfoque comprehensivo, no solo basado en instrumentos financieros (tasa de interés) y de política fiscal, sino también en la estructura de precios relativos, para que se asegure la capilaridad en la distribución de bienes de consumo a través de las cadenas comerciales y municipales. Es decir, debe complementarse el enfoque antiinflacionario macro con un enfoque estructural y sectorial, que facilite la eficiencia en la formación de los precios en las principales cadenas de valor.

En un contexto con elevada volatilidad de la tasa de inflación, es conveniente no asumir metas que seguramente se deberán ir cambiando, y que, en caso de no cumplirse, se activarán mecanismos perversos de expectativas, y los agentes económicos partirán de un nuevo margen como base incremental.

-Exportaciones y competitividad

El estancamiento de las exportaciones responde al problema histórico de la competitividad por el costo argentino, por lo que requiere mejorar con urgencia el costo logístico, laboral y la calidad de producto, quedando del lado del Estado el desafío de minimizar el costo desde la puerta de fábrica hasta el puerto de embarque.

Es consabido que un incremento del tipo de tipo de cambio genera una respuesta en el corto plazo de las exportaciones de origen primario y en algunas manufacturas industriales de origen agropecuario, pero no en industriales propiamente dichas. De tal modo que una devaluación tipo shock solo mejorará el ingreso de los exportadores primarios, pero no dará solución al problema de fondo.

-Mercado de capitales

La Comisión Nacional de Valores ha propuesto modificaciones positivas a la ley 26831 a efectos de motivar la ampliación del mercado de capitales. Sin embargo, el mercado local de capitales continúa siendo reducido, a pesar de los esfuerzos, dado que es dificultoso realizar el cambio cultural para lograr que las empresas abran sus capitales y puedan conseguir financiamiento alternativo al capital propio o al bancario.

Se trata de un cambio sustancial que implicaría pasar de unas cien empresas cotizantes a quinientas empresas nuevas por año, incluyendo pymes, que hoy se limitan prácticamente a la emisión de deuda de corto plazo.

-Vivienda, infraestructura

Los proyectos de vivienda e inversión en infraestructura social constituyen un eje productivo que debe profundizarse y extenderse a todas las provincias, dado que generan alta demanda de mano de obra, con requerimientos de educación y capacitación de oficios accesibles de modo eficiente a través de nuevas tecnologías.

La posibilidad de financiar la construcción de vivienda para todos los segmentos sociales con líneas de largo plazo ofrece un potencial inexistente hace dos años en Argentina, y promueve la demanda de servicios sociales básicos vinculados a la reurbanización con sustentabilidad y energías renovables.

Se requiere instalar numerosos centros de educación de niveles técnicos y de oficios, difundir nuevas tecnologías (ya en operación en el país) que aceleren significativamente los tiempos de desarrollo y construcción de vivienda e infraestructura.

Conclusiones

Cambiemos tiene la oportunidad de consolidar su aprendizaje y continuidad en un espacio social abarcativo, que incluye a diversos sectores políticos, sociales y productivos, es decir, que trasciende la representación acotada de una clase, un sector o un partido.

-El perfil político y empresarial que atraviesa la composición de la mayoría de los líderes de Cambiemos integra ideologías de origen liberal, pro mercado, desarrollista y peronista, que coexisten en un equipo con liderazgo cultural adverso a la filosofía del conflicto.

-Las reformas al mercado de capitales deben estar integradas con los cambios impositivos y los financieros, dando inclusión a miles de empresas, pymes en particular, para un nuevo esquema de fondeo alternativo al bancario.

-El éxito logrado por la reaparición de las líneas de préstamos hipotecarios debe promoverse mediante la difusión y la capacitación continua del público, a fin de ubicar la mejor opción en el mercado. El papel de instituciones como las cámaras y los asesores inmobiliarios en tal sentido es clave para lograr alcance federal y masivo.

-La continuidad requiere gradualismo, aunque a un ritmo más dinámico que hasta el presente.

El autor es doctor en Economía. Ex director de la Comisión Nacional de Valores



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