La maratón eterna: cómo es la Backyard Ultra, la carrera que no tiene fin

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La Big Dog Backyard Ultra no tiene un límite de tiempo o distancia establecidos

En 1986, Gary Cantrell, también conocido como Lazarus “Laz” Lake, pudo al fin materializar una idea en la que venía trabajando desde hace tiempo: la de crear una carrera pedestre cuyo trayecto sea plagado de obstáculos y dentro de un terreno inhóspito. Así, dio origen a la Barkley Marathons, hoy reconocida como uno de los mejores y más famosos circuitos de trail running a nivel mundial.

Con tiempos establecidos, límite de participantes y definiéndose como cualquier otra por la posición final de cada uno, el objetivo que buscó Lake fue el de poner a prueba las capacidades físicas de los competidores en condiciones extremas.  

Justamente este grado de complejidad para completar la ultramaratón (desde la inauguración solamente 17 personas pudieron) resultó ser un gran atractivo para los aficionados a la actividad, que fueron transformando al evento en una cita muy codiciada dentro del calendario runner.

Se desarrolla en un bosque de Tennessee

Lake no se mantuvo ajeno al crecimiento de popularidad la Barkley Marathons por lo que décadas luego decidió innovar en una nueva variante, que comparta el mismo concepto. De esta manera, promovió la Big Dog Backyard Ultra, otro reto peculiar, cuya premisa es tan simple como malvada: el último hombre en pie gana. Esta vez, Lake buscó explorar la capacidad de los atletas para regular sus fuerzas.

En esta carrera que empezó en 2012 no hay distinciones de género, ni límite de participantes. Cualquiera puede sumarse a la aventura.

El escenario de partida es en el patio trasero del hogar de Cantrell, que da a un bosque de la pequeña ciudad de Bedford Country, en el estado de Tennessee, Estados Unidos. El creador decidió que fuera allí como parte del tributo a Big, el pit bull rescatado por Laz después de que apareció en su propiedad medio muerto de hambre y con heridas de bala.

Quienes participaron coinciden en que el sendero es duro por el constante salto sobre las ramas, los esquivos a las rocas laterales y los giros bruscos necesarios.

La competencia se suele extender por más de dos días

¿Cómo es la modalidad? Los corredores deben completar 6,6 kilómetros en una hora. A continuación, deben repetir el circuito (cada vuelta es llamada “loop”). Y luego, hacerlo nuevamente. Este ciclo se repite hora tras hora. Los participantes recorren una y otra vez la misma ruta, que por su extensión cada 24 vueltas equivalen a 160 kilómetros (o 100 millas).

La carrera finaliza cuando quede un solo corredor en competencia, quien será declarado el ganador. Puede que el consagrado tal vez haya transitado el circuito esas 24 veces antes de que todo termine. O tal vez no y tuvo que hacer unas nuevas 100 millas. Cada edición es única.

“Big Dog”, como parte del nombre de la carrera, se llama el perro de Lake

La velocidad y la distancia no son puntos que tengan importancia. Del mismo modo, la posición al momento de cruzar la meta también carece de relevancia. Tampoco hay límite final de tiempo. La única regla es que el participante cumpla con completar cada vuelta en menos de 60 minutos. De esta manera se premia a quien posea mayor resistencia y no al más rápido.

No obstante, quienes terminen el loop antes de la hora contarán con los minutos restantes para descansar, asearse y alimentarse.

Precisamente y a raíz de que no hay un tiempo establecido, los organizadores deben contemplar la alimentación de los atletas. El primer plato es servido ocho horas después del inicio de la largada. La comida es tan singular como la prueba en sí: en el menú hay desde chorizos hasta chile picante. Con respecto a las bebidas, el agua está disponible en cada  momento.

El tiempo que marcó el último ganador, Guillaume Calmettes

En 2017 ganó el francés Guillaume Calmettes, quien se impuso tras recorrer 246 millas (393 kilómetros) durante 59 horas consecutivas. Dueño de la distancia récord en el certamen, el galo señaló que lo distinguido de consagrarse en la Backyard Ultra es que la marca final si bien es valiosa, no plasma el máximo de posibilidades de cada uno.

“El problema cuando ganás es que eso no significa que hayas alcanzado tu límites. El desafío se detuvo solo porque los otros corredores no llegaron, no porque decidiste que era suficiente”, expresó tras la coronación.

Y agregó: “Ahora que sé que puedo recorrer al menos 246 millas y permanecer despierto durante 59 horas seguidas, siento aún más curiosidad de lo que realmente puedo hacer. Definitivamente regresaré, y con suerte llegaremos a una tercera noche el próximo año”.

La premisa es tan simple como malvada: el último hombre en pie gana

La próxima cita será el 20 de octubre. Allí los runners se reunirán para enfrentar el “viaje a la tortura autoinfligida”, como alguna vez describió un participante. Claro, es que según este mismo escribió en una reseña, lo que hace la Backyard Ultra es jugar con la mente llevando a una a preguntarse: ¿Hasta dónde podría correr si tuviera que correr para siempre? ¿Mi cuerpo o mi mente se rendirían primero? ¿Cómo sería ser una de las dos últimas personas que quedaron, atrapadas en un duelo de voluntades que se tambalea y se autodestruye mutuamente?

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