Marta Dillon: “La pareja heterosexual es un factor de riesgo para la vida de las mujeres”

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A tres años de la primera salida a las calles para decirle “Basta Ya” a la violencia machista, la periodista y fundadora del colectivo Ni Una Menos, Marta Dillon, asegura que “la pareja heterosexual es un factor de riesgo para la vida de las mujeres” debido a que la principal causa de muerte en mujeres menores de 44 años es la violencia doméstica.

Si bien, reconoce durante la entrevista con Infobae que creció mucho el nivel de conciencia sobre la problemática, todavía está lejos el lograr una sociedad igualitaria libre de violencia.

En cuanto a las acusaciones acerca de que las feministas odian a los varones, Dillon afirma  que esa es “otra de las estrategias del patriarcado para defenderse a sí mismo”.

-¿Qué es Ni Una Menos?

-Es un movimiento social, es un colectivo y es una consigna, las tres cosas.Es una consigna que funciona como contraseña y que expresa la indignación, la necesidad de detener la violencia machista que ahora se cobra la vida de una mujer por día en nuestro país. En Brasil y en México son siete mujeres por día, en toda la región latinoamericana el femicidio es gravísimo. Y en nuestro país, si comparamos la población que hay con respecto a Brasil es una sangría. Es increíble pensar que hoy una familia va a enterrar a una mujer víctima de violencia de género. Cuando decimos Ni una Menos decimos a eso: ¡Basta ya! Esa consigna generó en principio un acontecimiento que fue una salida masiva a la calle el 3 de junio de 2015.

-¿Qué pasó a partir de ahí con Ni Una Menos?

-A partir de ahí una buena parte del grupo que organizamos esa primera salida nos organizamos en un colectivo, que es el colectivo Ni Una Menos. Y de alguna manera impulsamos y seguimos impulsando junto a muchas organizaciones feministas un movimiento social que es transversal, que es apropiado por las escuelas, por los barrios, por los sindicatos, que empezaron a tomar el tema de la violencia machista en una complejidad que vas más allá de la violencia física o de la violencia psicológica como la describe la ley, sino que pensamos también la violencia como violencias económicas, la violencia institucional.

-¿Qué es el patriarcado?

-El patriarcado, que es lo que denunciamos las feministas, es una estructura social que se sostiene con violencia, y esas violencias son económicas. La violencia es que tengamos que trabajar en tareas domésticas y que jamás se paguen. Ese movimiento social sale a la calle todos los 3 de junio -como este año que va a salir el 3 y 4 de junio-, y también impulsa los paros del 8 de marzo que desde el 2017 se hicieron en más de 150 países a la vez.

-¿Cómo surgió Ni Una Menos? ¿Cómo empezaron a contactarse, a hablar, cómo se gestó?

-Surge en principio por un llamado, una intención de hacer algo contra los femicidios desde el Museo de la Lengua donde estaba María Pía López, una intelectual muy querida y muy reconocida. Ella estaba dirigiendo el Museo de la Lengua y ya había convocado a amigas intelectuales, periodistas, artistas, en principio para hacer una maratón de lecturas por el aborto en el 2014. A partir de ahí quedamos medio entramadas, y en 2015 se hizo una lectura para denunciar los femicidios donde también fueron familiares de víctimas. Coincidió que en el principio de ese año hubo una serie de femicidios muy mediáticos, que además tenían la modalidad de descartar los cuerpos de las mujeres en basurales o envueltos en bolsas de basura.Sabemos que los femicidios no son solamente un crimen que se comete contra esa mujer, sino que es un crimen que se comete para disciplinar a todas las mujeres. Y esto de ponerlas en basurales o envueltas en bolsas negras era una manera de decir “los cuerpos femeninos no cuentan, no importan”.

-¿Qué hicieron frente a eso que vieron que estaba pasando?

-Nos juntamos en principio a leer, a hablar con los familiares de las víctimas y después de eso siguieron los crímenes con la misma modalidad, con la misma brutalidad y además sumándole que los medios de comunicación hegemónicos daban cuenta más de la trayectoria de las víctimas que de los victimarios, esto de con qué ropa estaba vestida cuando la asesinaron, si estaba de noche sola, esto de la fanática de los boliches que dejó la secundaria, un título de Clarín, o el embarazo de Chiara Páez.

-¿A partir de este caso deciden salir a la calle?

-Fue la historia que provocó esa salida a la calle. La historia de Chiara Páez era que estaba embarazada, tenía 14 años y la asesinó su novio. Y ponían “El embarazo como factor de riesgo de la violencia de género”. Realmente era muy insultante porque no fueron asesinadas porque estaban embarazadas ni porque eran fanáticas de los boliches, ni porque andaban solas de noche, fueron asesinadas porque existe la violencia machista, porque existe el patriarcado y porque hay varones que lamentablemente creen que las mujeres son objetos de los que se puede disponer.

-Sobre la violencia machista, sobre el patriarcado, ¿qué nivel de consciencia real cree que hay?

-Ha crecido muchísimo el entendimiento de que no se trata de temas privados, íntimos. Bajar el umbral de tolerancia contra la violencia, que fue algo que sucedió desde 2015, tiene que ver con eso, con una comprensión de que no te pasa a vos sola, de que lo que antes llamábamos “piropos” y que ahora se les dice “acoso callejero” porque muchas veces son muy insultantes y son degradantes y te sentís acosada, sobre todo las niñas y adolescentes. Esta comprensión de que esto no te pasa a vos sola, es la comprensión de que hay un problema social.

-La comprensión o la consciencia sobre la violencia machista muchas veces se reduce a la pareja. ¿Por qué?

-No es que se reduce sino que la pareja lamentablemente, y tenemos que decirlo así lamentablemente, la pareja heterosexual es un factor de riesgo para la vida de las mujeres. Si vos pensás que la principal causa de muerte en mujeres menores de 44 años es la violencia doméstica, entonces entendemos que casarse es un riesgo. Como dato, que no es de color, es un dato recontra alarmante, la pareja funciona como el contrato sexual heterosexual, es una necesidad del patriarcado para seguir funcionando, esto de tener a las mujeres dentro de la casa, que las mujeres cumplan algunas funciones, hacernos creer que para cada mujer hay un hombre y que nos realizamos cuando somos madres y que nuestra principal tarea es dar amor a los demás y si no lo cumplimos eso se disciplina con violencia.

-Y esta violencia se traslada a otros ámbitos también…

-La pareja es un lugar privilegiado para ejercer la violencia. Pero esto por supuesto que sucede en la calle, en los trabajos, porque también tenernos a nosotras dentro de nuestras casas hace que las mujeres accedamos al mundo laboral mucho más tarde que los varones, además tenemos las tareas no remuneradas y las tareas domésticas. Las mujeres para desarrollarse dentro de los trabajos tienen que demostrar el doble de excelencia que los varones en todos los casos.

-¿La exigencia es diferente?

-Cuando una mujer comente un error en un lugar de poder o puesto de representación, no es esa mujer la que lo comete sino “las mujeres no sirven para esto”. La violencia machista tiene una complejidad que se lee en todos los planos, en el laboral, en el económico, la brecha laboral promedio es de un 30 por ciento en nuestro país. No es solamente en la pareja, pero la pareja es como el laboratorio del patriarcado donde se sujeta a las mujeres para que sigan cumpliendo roles que se suponen que son naturales.

-¿Cómo toma la a la llamada discriminación positiva cuando se habla de la ley de cupo, ahora ya es la ley de paridad?

-Nosotras desde el colectivo Ni Una Menos pensamos que el feminismo que practicamos y que defendemos y por el que luchamos no se agota en las leyes de cupo, pero la discriminación positiva es necesaria. Si no hubiera habido un cupo del 30 por ciento no habría la cantidad de legisladoras que hay en este momento. En el mundo el porcentaje de legisladores masculinos excede el 90 por ciento, evidentemente los varones no renuncian a sus privilegios.

-¿Cuál sería el punto al que hay que llegar para alcanzar la igualdad?

-Hay una frase del feminismo que es muy común que dice “va a haber igualdad cuando una mujer mediocre ocupe un puesto alto como ya sucede con los hombres mediocres”. Esto es así, no me van a decir que todos los legisladores varones que están en la Cámara de Diputados están ahí porque son fantásticos y son mejores que las mujeres, no, sino porque los lugares de poder están ocupados por los varones. En este momento hay una ley de paridad que hay que revisarla, tiene algunos problemas para garantizar la paridad. La paridad debería estar en los sindicatos.

-En los tres poderes del estado…

-Y sí, obviamente, la paridad tendría que ser en todos lados.

-Porque el Poder Judicial también es un punto muy complejo

-Total, todo lo que tiene que ver con la violencia sexual, lo que está pasando cuando niños y niños denuncian abuso sexual, hay un montón de herramientas patriarcales para desoír la voz de niños y niñas. Digo esto porque es uno de los casos más graves de violencia sexual y donde vos ves que se cierran sobre sí mismos, porque prefieren no escucharlos y defender a los varones. Pero la justicia patriarcal es un enorme escollo y obstáculo para vivir una vida libre de violencia.

-¿El feminismo está enojado con los varones?

-Las mujeres tenemos muchas razones para estar enojadas. Yo invitaría a leer a cualquiera los periódicos anarquistas del 1800, donde están las primeras feministas en Argentina y dicen exactamente las mismas cosas que nosotras decimos ahora. Tenemos razones para estar enojadas y nos siguen tocando el culo en el colectivo. Eso no quiere decir que odiemos a los varones, es imposible pensarlo en esos términos. Primero porque convivimos con ellos y porque el mundo se construye con todas las personas que estamos dentro de este mundo.

-Pero muchas veces se escucha que las feministas odian a los varones

-Eso de que odiamos a los varones es otra de las estrategias del patriarcado para defenderse a sí mismo, igual que somos rivales entre las mujeres, que dos mujeres trabajando se van a pelear, y todas esas cosas.

-¿Esto es una cosa así como matriarcado versus patriarcado o es una búsqueda de otra cosa?

-De ninguna manera: lo que tenemos que buscar es un esquema de paridad, tenemos que construir un mundo distinto, otra manera de relacionarnos. Y para eso las mujeres a través del feminismo. Ahora hay una efervescencia muy grande, ahora lo vemos en la demanda por el derecho al aborto. En realidad lo que estamos demandando es soberanía sobre nuestros cuerpos, autonomía sobre nuestras decisiones, acceso a una libertad sexual que siempre está amenazada por el problema de que podés quedar embarazada cuando tenés relaciones con penetración. El aborto liberaría todo eso, sobretodo terminaría de separar la sexualidad de la condena.

-¿La aplicación de la Ley de Educación Sexual Integral ayudaría en este camino?

-Por supuesto, la Ley de Educación Sexual Integral se tendría que aplicar desde el jardín de infantes. Tenemos que poner en juego todo esto desde el vamos, qué es lo que se supone ser varón, qué es lo que se supone ser mujer, cómo son las nuevas familias ahora, hay familias que tienen dos mamás, hay mamás trans, hay infancias trans que también tienen que ser respetadas, visibilizadas. No puede ser que haya una ley de identidad de género y creamos que las personas trans salen de un huevo cuando tienen treinta años, atraviesan toda una escolaridad.

-¿Le sorprendió que fuera el gobierno de Mauricio Macri el que lleve el proyecto del aborto al Congreso?

-No me sorprende porque, insisto, venimos desde el año 2015 en un crecimiento del feminismo que se ha impuesto en la calle. Mauricio Macri no lo hace inocentemente, primero porque toma decisiones guiándose por focus groups, veníamos de dos paros internacionales de mujeres. La última marcha hubo 800 mil personas, creo que fue una de las marchas más multitudinarias del último tiempo. Lo que quisiera ver es cómo termina este debate.

-Ya tiene fecha, por lo menos.

-Tiene fecha en Diputados, nos falta Senadores, la aplicación y el acceso. Porque legalizar el aborto es una cosa, ahora tenemos que saber que la salud pública se está cayendo a pedazos. Ponele que salga el acceso al aborto, tiene que haber hospitales donde se hagan, tiene que haber producción de Misoprostol pública como se hace en Santa Fe, porque ahora estamos en manos de un solo laboratorio que produce esta droga que es fundamental para los abortos seguros, que bajaron muchísimo las muertes.

-¿Qué pasa con las estadísticas en la Argentina respecto de la violencia?

-Me encantaría saberlo.

-¿No hay?

-No hay estadísticas. Hay observatorios de ONGs como el de La Casa del Encuentro que sigue produciendo las cifras en relación a los femicidios, pero son cifras que se toman de los medios de comunicación, no todos sale en los medios de comunicación. La Corte Suprema elabora un informe, pero en principio hay que saber que se elaboran en base a causas que llegan a la justicia. Y en cuanto a la violencia machista hay un subregistro enorme que no da cuenta de que hay causas que no prosperan dentro de la justicia o porque no se sigue la persecución penal o porque la justicia no persigue a los golpeadores.

-¿Qué se hace desde la justicia?

-Se sigue tratando de solucionar las cosas con mediaciones. En la provincia de Buenos Aires existe la mediación en relación a la violencia de género o son causas que quedan porque para seguir litigando necesitás un abogado y no siempre tenés abogados. Hay una ley de patrocinio jurídico gratuito pero esa ley no está siendo puesta en práctica, no fue reglamentada, es una ley de 2015 que salió después de la primera Ni Una Menos y todavía no se ha puesto en práctica. Las estadísticas son lábiles, digamos, no hablan del problema. Y aún así, cuando se ven los números, pensar que muere una mujer cada 30 horas es desgarrador.



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