Para aumentar las ganancias, el hospital pediátrico del Vaticano puso en riesgo a los niños

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La fachada del Bambino Gesu, ubicado en Roma pero perteneciente al Vaticano

Cuando un grupo de doctores y enfermeras en el hospital pediátrico Bambino Gesù (Niño Jesús) del Vaticano se quejaron en 2014 por los recortes y la baja en la calidad de la atención, la Santa Sede ordenó una investigación interna que concluyó que la institución había perdido su misión original y “estaba más orientada a las ganancias que al cuidado de los niños”.

Tres años después un informe de la agencia Associated Press publicado el lunes encontró que durante el 2008 y el 2015 la administración del hospital efectivamente cambió el foco de la institución ubicada en Roma con el objetivo de evitar un histórico déficit fiscal y empezar a obtener ganancias.

Entre los principales hallazgos está el hecho de que la sobrepoblación y los bajos estándares de higiene contribuyeron al brote de infecciones, incluyendo uno de 21 meses duración en 2011 que causó la muerte de ocho niños en el pabellón de cáncer.

También se destacó que para ahorrar dinero se compraron insumos de menor calidad, citando el caso de una tanda de agujas que se rompían fácilmente cuando se usaban en los brazos de los niños.

Se trata del mayor hospital pediátrico del sur de Italia

Asimismo, para maximizar los réditos obtenidos de las operaciones hubo ocasiones en que los pacientes eran despertados de la anestesia demasiado pronto, así como casos de enfermos terminales que recibían una batería de procedimientos dolorosos e invasivos poco antes de morir.

La mayoría de estos problemas habían aparecido ya en el informe del Vaticano de 2014, que demandó tres meses de investigaciones y entrevistas entre los empleados del Bambino Gesù.

La AP corroboró por su cuenta estos testimonios de empleados del hospital, pacientes, familiares y funcionarios. También tuvo acceso a archivos médicos, documentos judiciales, reportes de los sindicatos y correos electrónicos del centro de salud y del Vaticano.

Vincenzo Di Ciommo Laurora, un epidemiólogo retirado del hospital, describió la cultura del hospital en aquellos años: “Mientras más procedimientos hagas a un paciente, más dinero llega. Tienes que producir, producir, producir”.

Por otro lado Coleen MacMahon, una enfermera estadounidense que visitó el Bambino Gesù en diciembre de 2013, dijo que las condiciones era “horribles” y tras hablar con los trabajadores escribió directamente al papa Francisco para informarlo sobre lo que ocurría.

En respuesta el secretario de Estado del Vaticano, cardenal Pietro Parolin, ordenó la investigación interna de 2014, de la que MacMahon formó parte.

La enfermera especialista en pediatría Coleen McMahon, una de las primeras en denunciar las condiciones en el Bambino Gesu (AP Photo/John Locher)

Por su parte el Bambino Gesù rechazó el informe de AP, al que consideró “falso”, y amenazó con demandar, argumentando que la investigación de la agencia se basa en información “en algunas cuestiones falsa, en otras sin fundamento o con dos años de antigüedad, pero sobre todo clínicamente imposible y difamatoria en un nivel moral y ético“.

En tanto el ministerio de Salud de Italia defendió en 2015 las “características de excelencia” del Bambino Gesù, aunque en diciembre del año pasado prometió investigar los hallazgos de la AP.

“Si esto es cierto, caerá un mito”, dijo el portavoz de esa cartera, Fabio Mazzeo. Pero Mazzeo fue reemplazado en junio y su sucesor dijo que no tenía más información y que el hospital era asunto del Vaticano.

Los empleados que participaron de la investigación pidieron permanecer anónimos por temor a perder su trabajo. También aseguraron que algunas de las condiciones que trascendieron en el informe interno de 2014 mejoraron desde que en 2015 se cambió a la administración.

Los nuevos gerentes, consideraron, se enfocaron menos en el volumen de procedimientos y en el dinero y respetaron más el protocolo.

La hermana Carol Keehan lideró una segunda investigación que en 2015 dijo no haber encontrado los problemas denunciados un año antes (Larry French/AP)

Pero algunas de las recomendaciones más importantes surgidas de ese informe no se escucharon, como por ejemplo el cambio del director médico.

“Hace diez años las salas de urgencia estaban atestadas y siguen sí. Hace diez años los pacientes esperaban en camillas y siguen así. Hace diez años entrabas con una enfermedad y te ibas con dos infecciones intrahospitalarias, y sigue así”, señaló el sindicato en un informe de 2016. “¿Qué ha cambiado en diez años? Las máquinas son mejores, los medicamentos son mejores, pero la atención médica no lo es“, agregó.

Tal es el caso de Federica Bianchi, quien llevó a su bebe de 17 meses Edoardo al Bambino Gesù en octubre de 2015 porque tenía problemas para respirar. Recibió tratamiento en una sala de emergencia junto a otros niños que se encontraban allí por deshidratación. Dos día después comenzó con vómitos y diarrea.

El hermano mellizo de Edoardo se enfermó también y Bianchi llevó a ambos a un Bambino Gesù atestado donde los médicos dos veces los enviaron de vuelta.

Federica Bianchi junto a sus hijso Edoardo y Raffaello (AP Photo/Domenico Stinellis)

Finalmente, en otro hospital Edoardo y su hermano fueron diagnosticados con rotavirus y tratados por deshidratación.

La respuesta del portavoz del Bambino Gesù, Alesandro Iapino, fue que no tenían pruebas de que hayan contraído la enfermedad en el hospital, y citó una baja en las tasas de infecciones. Pero también concedió que éstas eran un problema en todos los hospitales

Las críticas al funcionamiento del hospital y al desinterés por el informe de 2014 llegaron a altos funcionarios del Vaticano y se ordenó una segunda investigación en enero de 2015.

La encargada del reporte fue la hermana Carol Keehan, presidenta de la Asociación Católica de la Salud en Estados Unidos, quien pasó tres días en Roma observando procedimientos, leyendo minutas y hablando con los médicos en inglés, ya que no dominaba el italiano.

La Primera Dama de los Estados Unidos, Melania Trump, durante una visita al hospital Bambino Gesu en mayo (Getty)

Pero no habló con miembros del sindicato, pacientes ni familiares, ni tampoco buscó ninguno de los informes excepcionales que se producen cuando algo sale mal.

Su conclusión fue que los hallazgos del informe de 2014 no tenían fundamento y que el hospital era “de primer nivel”.

“Llegamos esperando exponer un grave problema pero no encontramos ninguna base para las quejas”, dijo Keehan en una entrevista. “¿Puedo asegurar que no se cometieron errores? Claro que no. ¿Pero puedo decir que el hospital ofrece un tratamiento excepcional a los niños? Absolutamente sí”, explicó.

Pero el mismo papa Francisco pareció disparar las alarmas en la navidad de 2016, cuando ante miles de pacientes y empleados del hospital advirtió a los prestadores de salud sobre el peligro de la corrupción, el “mayor cáncer” que puede afectar a un centro de salud.

El papa Francisco advirtió sobre la tentación de doctores y enfermeras de convertirse en empresarios (Reuters)

“El Bambino Gesù ha tenido una historia que no siempre fue buena”, dijo el pontífice y se refirió a la tentación que tienen doctores y enfermeras de convertirse en empresarios.

“Miren a los niños, y que cada uno de nosotros piense: ¿Puedo hacer negocios corruptos con estos niños? ¡No!”, dijo.

El Bambino Gesù fue fundado en 1869 para proveer atención médica a los niños pobres y fue donado al Vaticano en 1924, convirtiéndose con el tiempo en el hospital pediátrico más grande del su de Italia.

A pesar de encontrarse fuera de los límites el Vaticano y en medio de la ciudad de Roma, goza de un status  extraterritorial especial que lo hace inmune a las inspecciones de sorpresa del ministerio de Salud, como ocurre en el resto de los hospitales.

Con información de AP (Nicole Winfield y Maria Cheng)

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