Columna de opinión.

“Sully” es una película biográfica estadounidense dirigida y producida por Clint Eastwood.

Se trata de la hazaña sobre el río Hudson del vuelo 1549 de US Airways y su piloto Chesley “Sully” Sullemberger.

Un Airbus 320 despega en el aeropuerto de La Guardia con 155 personas a bordo y a los 3000 pies de altura sufre un incidente con una bandada de aves que dejan fuera de servicio los dos motores.

Súbitamente, “Sully” y su copiloto se encuentran en emergencia. Sin propulsión y a muy baja altura, ven que no podrán retornar a la pista.

Con frialdad y profesionalismo, Sully Sullemberger decide llevar el avión al río. Son 208 eternos segundos de planeo con Nueva York de fondo.

Corre el año 2009, es invierno, la temperatura es gélida y el agua del Hudson está a 6 grados bajo cero.

La cámara toma una vista de los puentes sobre el río y la estatua de la libertad a lo lejos. En el bajo Manhattan se levanta la nueva torre de la Libertad que reemplazará a las Torres Gemelas derribadas en 2001. (hoy terminada y orgullosa Freedon Tower, el edificio mas alto de EEUU).

El cine, el arte, los artistas comunicando al mundo que América fluye y se levanta una y otra vez.

Sully posa magistralmente su avión en el agua. La precisión de la maniobra hace que el fuselaje resista.

Allí están, flotando en medio del río.

Inmediatamente, helicópteros con buzos y embarcaciones parten al rescate. Se abren las puertas del avión y se acciona el inflado de las balsas. Algunos pasajeros caen al agua helada, pero son rescatados.

Sully dirige y supervisa personalmente las acciones hasta sacar a las 155 personas del avión que se está hundiendo.

Llegan los rescatistas. En solo 21 minutos desde el aterrizaje en el Hudson, los 155 pasajeros y tripulación están seguros en tierra. Mojados y con mucho frío pero a salvo. Ilesos!!

Sully tuvo que afrontar audiencias de la junta de investigaciones donde se cuestionó su proceder…

Hoy es un héroe en su país y admirado en todo el ambiente aeronáutico mundial.

Cuento esta historia porque esta semana vi la película y varias cosas me impresionaron. En primer lugar, la capacidad que tienen los estadounidenses para exportar el sueño americano, el orgullo por mostrar sus cualidades. Claro, pensarás, es fácil cuando se produce un milagro como el del Hudson… ¡es que no fue un milagro!

Aerolíneas Argentinas estuvo de paro esta semana. Nuevamente tomó de rehenes a sus sufridos pasajeros dejándolos varados. Sus comandantes, en cada vuelo, toman el micrófono y descargan todo su resentimiento en largas diatribas de propaganda política. Resultado: exportan todo lo contrario a los americanos, deteriorando la imagen Argentina.

Tengo la certeza de que en mi país hay excelentes profesionales con vocación de servicio y capacidad pero, el país está tomado por una casta que hace todo lo posible para que la emergencia se resuelva mal.

Desean y tratan por todos los medios de que nos estrellemos.

Medio país tira para adelante pero también mucha gente hace retranca jugando al trosko “cuanto peor mejor”.

En Sully, todo es bien “americano” al sobrio y verídico estilo de Clint Eastwood. Primer plano de la bandera y bajo ella, la libertad, trabajo, propiedad, pericia, profesionalismo, humanidad y sueño americano. La poderosa industria del cine se ocupa de contar la historia.

¿Y la nuestra? ¿Qué historias cuenta nuestra industria? ¿Qué hacen nuestros artistas, aparte de política?

¿Quién habla de nuestros héroes? Los tenemos, pero nadie se ocupa de ellos. Nos quieren convencer de que el último fue Cabral.

Hoy usan la final fallida de la Libertadores para seguir bajando la autoestima. “Somos todos” repiten como loros… pero no somos todos.

Yo creo en mi país. Creo que al tocar fondo, se liberará de sus complejos y entenderá que estamos solos y no nos queda otra que creer, y apostar a nosotros mismos.

Sería de gran ayuda que, de una vez por todas, nos pusiéramos de acuerdo.

EEUU tiene nuestra edad como país, nuestra constitución era calcada a la de ellos.

Partimos del mismo lugar, miren donde estamos nosotros y donde ellos… la diferencia es actitud y autoestima.

Juan Martín Perkins. Red Nacional de Productores Autoconvocados.

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