Lo había encontrado en el lugar más inverosímil, para alguien que se apega a algo que quiere: un aviso de venta. En efecto el auto era un Ford A Doble Pheaton de 1930, algo así como el descapotable de Rocky & Mugsy, los antipáticos antihéroes de Bugs Bunny. Sólo que Gabriel, su dueño no era ningún mafioso.

-Es la primera vez que me dicen si fue un coche de la mafia, para ser sincero, no lo sé- se reía mientras tomaba un café- supongo que no, aunque podría, era un coche de lujo en su momento, los mafiosos de hoy no deben ir en autos de los treinta, seguro que van en la Ferrari último modelo.

Nos encontrábamos en el Café Martinez de un shopping en Canning, Provincia de Buenos Aires. Era un jueves por la noche, no había demasiada gente en ese momento; solo algunas que salían de la función del cine de las 6.

-¿Porqué vendes el auto?

-Y es complicado el asunto. Yo la pasé muy bien con este coche. Pero me trajo mala suerte. O sea, no me malinterpretes, no es que yo creo en maldiciones ni nada por el estilo. El problema es que…. te pierden estas cosas. Yo perdí una fortuna en el coche, un buen trabajo, a mi mujer y la custodia de mis hijos. Bueno, quizás la custodia no haya sido por el auto, pero definitivamente a mi mujer sí.

-¿Tan malo fue?

-¡No! Para nada , fue genial, ese era el problema, a nadie le gusta lo malo.

-Entonces, ¿Qué pasó?

-Mirá, te cuento desde el principio.

Vivía en Liniers en ese momento, pero me gustaba ir cuando podía, a hacer las compras al Jumbo de Parque Brown, en Lugano. Justo enfrente hay un desarmadero grandísimo. Y siempre tuve curiosidad. Es un lugar grandísimo que aún sigue existiendo, diferente ahora, porque se instalaron unos asentamientos precarios al costado y fueron avanzando cada vez más robándole terreno a este lugar.

En efecto, no es un desarmadero si no un depósito de chatarra. Una especie de gran basurero de autos. Tapiado al frente por carteles de publicidad; al llegar si uno va manejando, ve una inmensidad de autos apilados unos con otros.

Siempre quise entrar, me daba curiosidad saber que había. Hasta que un día fuimos con un amigo. ¡Tardamos un montón en encontrar la entrada! Estaba media escondida a la vuelta del lugar. Ahí nos atendió un tipo medio mayor no entendía muy bien lo que le pedíamos, bueno, en realidad ni nosotros sabíamos que era lo que queríamos, pero tampoco pareció interesarle mucho sólo nos dejó pasar.

-¿Así sin más?

-¿Qué perdía él? Por otro lado siempre entraban de la villa a robarse cosas de los autos abandonados, que entremos dos tipos por la puerta, tampoco  iba a cambiarle demasiado.

Gabriel parecía un hombre calmo. De esos que hacen todo lento pero constante. Estaba relajado contando su historia, con las piernas cruzadas como si la hubiera contado mil veces en charlas de café y ya no quisiera contarla más. No parecía tener esa llama en los ojos que se ve en una persona que le apasiona lo que hace.

-Ahí lo vi. Estaba entre muchos coches. ¿Pero como no iba a llamarme la atención? Me enamoré. Tenía las ruedas pinchadas, el capot abollado,  estaba lleno de ramas, era precioso. Estuvimos un rato debatiendo con mi amigo que hacer. Él no quería que me meta en líos, pero yo no podía dejarlo allí, si era necesario me lo hubiera llevado a la rastra hasta mi casa. Tuve suerte. Justo veo entrar la grúa que llevaba los coches al desarmadero y se me ocurrió ¿Por qué no le tiro unos mangos y me lo llevo a casa?

-¿Te salió caro?

-No tanto, para el precio de un coche antiguo, pero entre el guardia y el tipo de la grúa me gaste unos buenos pesos. No lo pude hacer ese día. Imaginate que no llevaba mucha plata en el bolsillo para ir ahí.

Gabriel desparramó por la mesa una serie de fotos, quedaron ahí entre los dos cafés y el agua, tratando de no mancharse con nada. Aquello sobre el estado del automóvil era, por lo menos, muy generoso. Podría imaginarse que el coche se cayó en el medio de un río, o de un lago y lo sacaron así de allí. El color no se distinguía muy bien, en el fondo entendí que el oxido lo había suplantado.

Las siguientes fotos eran del coche ya limpio en su garaje. En efecto el coche era marrón. Tenía un estado pésimo, pero Gabriel me aseguraba que estaba bien conservado. Decía que yo sólo me fijaba en lo estético.

-Arreglar el coche me tomo tiempo. Y mucha guita, mucha guita, bueno, al menos ese era el reclamo constante de mi ex-mujer- Gabriel se reía, él era un tipo más o menos escuálido tenía los dientes un tanto torcidos, en especial los incisos, un poco amarillentos también. Tenía una cara común, una de esas que uno tiende a pasar por alto, el promedio mismo; a las cuales se les asigna un trabajo común, en fin a una de las que uno no se acuerda. Aunque su rostro tenia cierto parecido a un actor hollywoodense cuyo nombre no recuerdo.

-¿Pero sabías arreglarlo?- le pregunté mientras tomaba de mi café.

-Si y no. O sea, no creo que existan muchas personas que sepan de  un coche como ese; pero sí, algo sabía, bueno, la cuestión es que mi padre fue chapista. Bah, en realidad era uno de sus trabajo, después fue comisario ¡Y terminó teniendo una imprenta! Cosas de la vida. Ahora yo trabajo como imprentero. No quería seguir el camino del viejo, pero bueno, la vida lo fue llevando a uno ¿Verdad?

-¿Cómo fue que llegaste a la carrera?

– Y mirá… después de arreglar el coche, bueno fue como te decía la vida me fue llevando, antes de terminarlo al 100% ya estaba inscripto, bueno por eso me tuve que apurar; la cosa que al tipo que le compré unas partes del motor estaba preparando su propio auto; bueno ¿Te das cuenta no que somos pocos? Me contó de la carrera y me puse como loco. En dos semanas lo tenía listo para la inspección! Y lo logré!

-¿Cuál fue la primera carrera?

-Fueron las mil millas de Bariloche.

-¿Ganaste?

Para ese momento, recién había llegado los tostados que pedimos. Era difícil hablar y comer al mismo tiempo. Pero no le dimos demasiada importancia, la charla era fluida. EL restaurante  se iba llenando de gente, lo cierto es que se aprestaba a tocar una banda.

-¡Que pregunta! No definitivamente no, ¿Mirá si iba a ganar? Era la primera vez que manejaba un coche tan viejo, de hecho era una de las primeras veces que lo manejé, pensá que hice todo a las corridas. Y mil millas eran mucho. Pero llegué muy bien. ¡Salí cuarto! No me acuerdo muy bien cuantos eran, ponele que uno 50 o 60 autos, por ese momento eran pocos.

-¿Ya estabas separado con tu mujer para ese momento?

-No para nada, de hecho ella viajó conmigo, y no sé si en ese viaje hicimos a Juan Cruz. Era una época espectacular, que te puedo decir.

-¿Entonces?

-Y bueno, lo que pasa cuando las cosas salen muy bien, me empecé a enviciar con eso. Después de la carrera de las mil millas había más circuitos en el norte, Jujuy, después en Córdoba, y no quería dejar de ir. Y no dejé de ir. Bueno, ahí fue cuando arrancaron los problemas. Gastaba mucha plata y mucho tiempo. Encima como te dije mi mujer se había quedado embarazada, a ella no le causó mucha gracia el asunto.

El contraste en la historia, su personalidad y la manera en que se veía era impresionante. Llevaba puesto un remera de Lacost, color negra gastada y un jean del montón, un tanto amplio para su contextura.

-Fueron uno o dos años así. Al principio no le molestaba, después, con el tiempo las peleas se volvieron recurrentes.

-¿Y el coche?

-Y el coche fantástico, cada día estaba más lindo. Y encima en las carreras me iba bien, no resulte ser un mal piloto. Conocía gente nueva, y también me reunía con el grupo de siempre. Viajábamos. Era perfecto eso. Como te decía al coche lo tenía perfecto, lo fui mejorando con el tiempo, le puse tapizado nuevo, después alfombras nuevas, pero el problema fue cuando le agregué el Turbo ¡Imaginate! Era un turbo que parecía de la edad de piedra, lo tuve que mandar a hacer a un tornero. Y el coche iba mil.

-¿Por qué lo vendes el coche?

-Bueno, te tengo que terminar de contar la historia para que me entiendas. El turbo me trajo más de un dolor de cabeza. El problema era que yo no usaba mucho el coche y solo lo terminaba usando en las carreras, entonces si te surgía un problema no es como en la fórmula uno que viene tu grupo de mecánicos y te lo arregla ahí sos vos y tenés que rezar por que no se te incendie. ¡Más difícil que correr un Dakar!

El Show había empezado y toda la gente miraba en dirección al restaurante. Por suerte la música era melódica y no sonaba demasiado fuerte. Era curiosa la escena, nosotros estábamos muy compenetrados en la historia, y la gente en la música , de hecho hasta se paraban personas en los pisos de arriba para ver. De cualquier manera la música no era demasiado buena y el interés de la cantante en cantar tampoco.

-El turbo hacía que el coche volara. Pero para eso también había que reforzar el chasis sino me iba a partir el auto al medio, pero para eso también había que arreglar los frenos, la caja, bueno, un desastre. Y yo lo hice lo mejor que pude. Pero por el camino tuve un par de accidentes menores. Después de una vez que no pude frenar bien y volví con el coche abollado… y la cabeza también… fue para cuando nos separamos con mi ex. Decía que ya no podíamos seguir así. Que no veía a mi hijo, lo cual bueno, en realidad era cierto.

-¿Y ahora vendes el auto?

-Bueno faltó lo último, como te decía, en ese momento yo no laburaba en la imprenta, trabajaba en una oficina en el centro, ganaba bien, y el trabajo me gustaba. Hasta que, y esta fue la última vez, hubo una competencia menor y pedí los días para ir y no me los dieron entonces llamé a la oficina diciendo que estaba enfermo y me fui. Para ese momento tenía mucha confianza ahí y no me mandaron al médico. Entonces fui… pero tuve un problema con la dirección del coche en la carrera y volqué. Me quebré el brazo, el traslado del coche y el hospital… todo me llevó un par de días más de lo planeado; entonces si me mandaron el médico a casa. Después me mandaron el telegrama.

Use parte de la indemnización para pagar el arreglo del auto para poder venderlo y el resto fue para el empujón final para pagarme un departamento. La cosa es que terminé en la imprenta donde no quería laburar, aunque debo admitir que me deja más dinero del que me imagina.

-¿Y tu mujer?

-Bien. La veo sólo los días de visita. Pero ahora estoy saliendo con alguien más, por suerte. No quiero meter la pata otra vez, así que por eso lo vendo al auto.

La banda había terminado antes de que nosotros terminásemos, pero no seguimos mucho más tampoco, ya era tarde. Cuando me fui la historia de Gabriel me había quedado rondando en la cabeza. No sé por que pero de todo, me quede con el tema del turbo, no tenía demasiado idea de que era, bueno si tenia una pero me equivocaba, las malas películas de Hollywood le dan a uno la idea equivocada . Lo busqué en internet, y supe que el turbo es una especie de motorcito que funciona por unos caños de metal que llevan el aire que sale a presión del escape para hacer fuerza para que el aire que entré al carburador entre a presión y más oxigeno es en fin más potencia. Que lo habían popularizado unos ladrones de bancos del Far West americano para escapar de la policía.

 

¡Ah por cierto, el actor  Hollwoodense era James Caviezel!

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