De qué forma le explicas a tus familiares que vas a terapia por tu salud mental, no por el hecho de que estás desquiciado


(Istock)
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Dime si algo de esto te suena conocido: “Los pequeños no lloran”, “La ropa sucia se lava en casa”, “Debes ser fuerte”, “Pídele a Dios”.

Todas estas oraciones (que he escuchado en cuando menos una ocasión, ciertas en el último mes) son contestaciones usuales ante retos frecuentes relacionados con la salud mental en muchas comunidades latinas. Ir a terapia sicológica o bien lidiar con una enfermedad mental puede ser considerado como una señal de debilidad o bien de que estás “ido”. Combina esto con un acceso dispar a los servicios de salud mental y seguro médico de calidad y no sorprenderá a absolutamente nadie que los latinos, quienes tienen exactamente las mismas probabilidades de sufrir una enfermedad mental que los blancos, van a tener la mitad de la probabilidad de buscar tratamiento.

Cuando Adriana Alejandre, una terapeuta que vive en el val de San Fernando de la ciudad de Los Ángeles, en California, empezó a ejercer su profesión en dos mil diecisiete, trató de buscar información alcanzable para sus pacientes, en su mayor parte latinos: el género de recursos que pudiesen aplicar en su vida directamente. “Me frustré mucho por el hecho de que no conseguía hallar ningún recurso que fuera relevante para mis clientes del servicio, que estuviese actualizado y que no estuviese infestado de jerga médica”, aseveró.

Así que en dos mil dieciocho empezó un pódcast para charlar sobre el tema y asistir a los pacientes latinos a que consideraran a los terapeutas como “más próximos”. Inmediatamente recibió decenas y decenas de contestaciones solicitando más información y, esencialmente, contenidos en castellano. Alejandre empezó a grabar los capítulos tanto en inglés como en castellano y desde ese momento Latinx Therapy se ha transformado en una plataforma hecha y derecha con un directorio de terapeutas y pruebas de diagnóstico gratis para advertir depresión, trastornos alimentarios y otras enfermedades mentales comunes.

Alejandre comentó que, en entrevistas orales, las personas prosiguen diciendo cosas como “No estoy desquiciado” o bien “Eso no es para nosotros, para nuestra familia. Nuestros inconvenientes los solucionamos en privado”. Explicó que las comunidades latinas tienden a ser colectivistas, lo que quiere decir que valoramos al conjunto sobre el individuo y a veces en menoscabo de uno mismo. En otras palabras, si los miembros de la familia se resisten a tomar terapia o bien a charlar de problemas médicos mental, “resulta realmente difícil romper esa barrera”, afirmó Alejandre. “El inconveniente es que la gente padece en silencio”.

Dior Vargas, de treinta y uno años, una activista a favor de la salud mental, era una de esas personas. “No charlaba de ello con mi familia para nada”, comentó sobre sus primeros inconvenientes con la ansiedad y la depresión. “Todo llegó a su límite cuando a los dieciocho años procuré terminar con mi vida. Esa fue una experiencia reveladora para mi familia”.

“Todos nos vimos implicados en esta experiencia realmente traumática”, añadió. Su familia pasó de no tener ni la más remota idea a tener un conocimiento bastante extenso.

Uno de los inconvenientes era que a Vargas le costaba trabajo entender que sus experiencias eran válidas. Medró escuchando de qué manera ciertos miembros de su familia medraron en Ecuador en la mitad de la pobreza, incluyendo a su abuelo, quien emigró a USA solamente con el tercer año de primaria concluido.

“Padeció muchos traumas que no superó y de los que no charló”, afirmó. Conforme Vargas, al percibir esas historias se preguntaba: “¿Quién soy yo para charlar de depresión? Absolutamente nadie tiene tiempo para eso”.

Alejandre aseveró que el trauma intergeneracional es una razón esencial a fin de que los latinos asistan a terapia. No hacerlo deja que el ciclo prosiga, sin importar un mínimo si se trata de un trauma, depresión, ansiedad o bien violencia familiar, afirmó.

Ella sugiere explicar a los miembros de la familia lo que es la terapia de la próxima manera: “Cuando tenemos tos, tomamos jarabe para la tos para sentirnos mejor. Cuando nuestra psique está enferma, vamos a terapia”. Asimismo comentó que es esencial aclarar que la terapia no solo marcha para solventar instantes de crisis. “La terapia es un espacio en el que puedes aprender a desarrollar habilidades, así sea sociables, de autoconocimiento o bien para establecer límites”.

Para mí, establecer límites significó esconderle a mi familia a lo largo de más de un año que estuve yendo a terapia. El hecho de que fuera algo solo mío fue de ayuda, como no tener que contestar preguntas de absolutamente nadie ni que me cuestionaran qué me pasó. El enfoque de Vargas consistió en compartir temas muy generales de tal modo que sintiesen que eran una parte de eso, mas no al grado de saber demasiado a este respecto. “Puesto que el tiempo entre mi terapeuta y es solo mío”, mentó.

Alejandre afirmó: “Es realmente difícil cuando tu familia te considera desagradecida por tener conductas saludables como establecer límites, mas el sistema no cambiará si absolutamente nadie empieza el cambio”.

Agregó que las primeras conversaciones sobre la terapia son afines al acto de sembrar semillas en nuestras comunidades. Esas semillas medrarán hasta transformarse en comprensión “cuando estén listas”.

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Concepción de León trabaja en la cobertura de noticias literarias y culturales para la sección de Libros del NYT. Además de esto, lanzó El Espace para la sección Styles, una columna semanal en la que escribe sobre las noticias y la cultura para la audiencia latina. Puedes leerlo en castellano acá. Ya antes trabajó para la gaceta Glamur.

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