Los humedales son un regulador esencial para acontecimientos meteorológicos extremos, son esponjas que absorben agua y evitan anegamientos y también inundaciones y aportan tanto oxígeno como los parques en entornos urbanos. Aunque en la Argentina el Congreso no discute una ley para resguardar estos ecosistemas, avanza el inventario que dejará conocerlos con más detalle.

Por el instante, el conjunto de especialistas que trabaja en el reporte acabó el primer nivel de la investigación y determinó que el país cuenta con uno zonas de humedales. El estudio, que se hace como el registro de los glaciares, emplea imágenes satelitales que, entonces, han de ser verificadas en el terreno.

“Pese a su relevancia, en nuestros días la existencia de los humedales se encuentra con seriedad comprometida en diferentes unas partes de nuestro planeta. A nivel mundial se calcula que su humillación y pérdida ocurre más velozmente que la de otros ecosistemas. El incremento de la población y el creciente desarrollo de la economía han sido los primordiales generadores indirectos de la humillación y pérdida de humedales ribereños y continentales.”, mantiene el reporte científico.

En este contexto, los humedales urbanos juegan un rol central para las ciudades, como Buenos Aires. “El servicio ecosistémico más esencial es la atenuación de las inundaciones por el hecho de que son como esponjas. Cuando se generan las lluvias extremas, reciben el agua que sobra en otros lugares. De ahí que que es esencial contar con estos espacios y resguardarlos. El día de hoy el agua en las urbes desagota por caños, no hay superficies de absorción y después ocurren cosas como lo que ocurre en la cuenca del Luján”, explicó Nadia Boscarol. especialista de la Fundación Humedales.

“Aunque Buenos Aires es una de las urbes más grandes del planeta, podemos hallar inmersos abundantes humedales. Esto no es casualidad, puesto que la zona donde se halla emplazada se caracterizaba -ya antes de la urbanización- por sus suelos inundables en torno a los riachuelos que la atraviesan: Medrano, Vega, Maldonado y Matanza – Arroyo y por su gran frente de costa costera”, señalaron a Infobae en el Ministerio de Entorno y Espacio Público porteño.

En la dependencia señalaron que ciertos de esos sitios, de creciente reconocimiento y valoración son el Parque Natural Lago Lugano (treinta y seis ha), la Reserva Ecológica Costanera Norte (uno ha) y la Reserva Ecológica Costanera Sur (trescientos cincuenta ha). En ellos se prioriza, conforme lo señala la ley, la conservación de los entornos que reinaron en estas latitudes pertenecientes a las ecoregiones pampa, delta y también islas del Paraná y espinal.

Reserva ecológica de Costanera Sur
Reserva ecológica de Costanera Sur

“Los humedales tienen un valor intrínseco, mas asimismo cumplen un esencial rol en el ecosistema donde vivimos. Son perfectos reservorios de agua dulce; amortiguan el impacto de las fuertes lluvias, eludiendo la humillación de las costas y suelos; la flora habitual absorbe enormes cantidades de dióxido de carbono, y retiene metales pesados disueltos en el agua conocido como fitorremediación”, señaló Eduardo Macchiavelli, ministro del área.

Ensayos de fitorremediación se efectúan en el lago Lugano, que es parte integrante de la cuenca Matanza-Arroyo, por servirnos de un ejemplo. Adri Magnetti, estudiante de Ciencias Biológicas y responsable de la reserva de Urbe Universitaria, resaltó la funcionalidad de los humedales naturales. “La Urbe está en la zona llamada Pampa Húmeda. En sentido riguroso es continente. En la metrópolis prácticamente no quedan humedales naturales por el hecho de que la mayor parte de los riachuelos corre entubado y sus desembocaduras fueron perturbadas por la rectificación del Arroyo. No obstante, los que quedan tienen un valor esencial. El riachuelo Raggio es el único humedal con activas naturales (no se ha rellenado ahí), como en la reserva de la Costanera Norte. Y todas y cada una de las desembocaduras del Ugarteche, el Medrano y el Cildáñez a cielo abierto, pese a estar rectificados, el enorme valor es que sostengan las riberas con flora pues ahí es donde absorbe y filtra el agua”, explicó y lo distinguió de la Costanera Sur o bien del Lago Lugano en donde intervino la mano del hombre.

Magnetti recordó que los humedales eran el paisaje natural de la ciudad de Buenos Aires hasta 1830: “Había ríos y riachuelos con sus bañados y juncales. Las crónicas cuentan que las aves de los humedales formaban bandadas como armando nubes. En el Bajo Flores, por servirnos de un ejemplo, todo cuanto está desde Dellepiane hasta las barrancas de La Boca, se anegaba con todas y cada una de las sudestadas. Lugano, Soldati, Mataderos, con el Cildáñez o bien Villa Luro y Liniers eran zonas totalmente inundables. el cambio de fisonomía debe ver con que se quería edificar en esos lugares. Eso no quiere decir que el día de hoy vayas a tener un carpincho, un coipo o bien un lobato de río en una acequia, por servirnos de un ejemplo, mas tendrás un flujo de nutrientes en el suelo, va a renovarse el agua y esos cuerpos de agua van a tener asimismo un repuesto. Es como un efecto de cadena de favores que cambia mucho la activa”, afirmó.

Humedal en los Esteros del Iberá
Humedal en los Esteros del Iberá

Los humedales urbanos y periurbanos se hallan en las urbes y sus suburbios y en los aledaños. Incluyen ríos y llanuras de inundación, lagos y pantanos, como marismas de agua salobre, manglares y arrecifes de coral. Conforme señala la Convención internacional Ramsar, que los resguarda, el sesenta y cuatro por ciento de los humedales del planeta se ha perdido desde principios del siglo veinte. Se prevé que para el año dos mil treinta la cantidad de megaciudades va a aumentar de treinta y uno a cuarenta y tres. Y las urbes producen el ochenta por ciento de la producción económica mundial.