Activistas y organizaciones por los derechos de las mujeres marcharon la semana pasada en la ciudad de Río de Janeiro pidiendo justicia para Marielle Franco, una política negra, gay y feminista cuyo asesinato se ha transformado en un grito de guerra en la mitad de una nación de manera profunda polarizada. (Credit María Magdalena Arrellaga para The New York Times)
Activistas y organizaciones por los derechos de las mujeres marcharon la semana pasada en la ciudad de Río de Janeiro pidiendo justicia para Marielle Franco, una política negra, gay y feminista cuyo asesinato se ha transformado en un grito de guerra en la mitad de una nación de forma profunda polarizada. (Credit María Magdalena Arrellaga para The New York Times)

RÍO DE JANEIRO — El interrogante se cierne sobre esta ciudad: “¿Quién mató a Marielle Franco?”. Es una duda que se manifiesta como grafiti en casi todos los vecindarios y aparece en camisetas y pancartas que se muestran en grandes manifestaciones.

Esta semana, a dos días del primer aniversario de su muerte, los fiscales dieron una contestación parcial y acusaron a 2 expolicías de cometer el homicidio . Las primordiales preguntas del caso, incluyendo quién ordenó la ejecución y por qué razón, prosiguen sin contestación.

En medio de la profunda polarización de Brasil, los pedidos de justicia en el caso de Franco, una concejal negra, gay y feminista del concejo municipal de la ciudad de Río de Janeiro, se han transformado en un grito de guerra para quienes se sintieron representados por sus ideas.

Su nombre y también imagen se transformaron en la antítesis de las fuerzas políticas dominantes en Brasil desde el momento en que el presente presidente de derecha, Jair Bolsonaro, aceptó el cargo.

Bolsonaro, un militar retirado que es conocido por hacer comentarios ofensivos sobre las mujeres, las personas de raza negra y la comunidad LGBTI, centró su campaña electoral en la promesa de prosperar la seguridad con medidas que incluyen flexibilizar la obtención de armas y dejar que la policía mate a los sospechosos.

El sargento de la Policía Militar Ronnie Lessa está acusado de ser el creador material del asesinato.
El sargento de la Policía Militar Ronnie Lessa está acusado de ser el creador material del asesinato.

Pero los críticos se temen que sus políticas puedan empeorar ciertos aspectos de la epidemia de violencia en Brasil caracterizada por un número pasmoso de personas asesinadas por la policía, una tasa de asesinatos de mujeres considerada por los especialistas como un fenómeno preocupante y un ataque sistemático contra personas gais y transexuales.

El asesinato de Franco, quien representó a muchos de los conjuntos que ahora se sienten en riesgo, convulsionó y dividió a esta nación fatigada de la violencia. Mas asimismo impulsa un sentido de emergencia en los movimientos que abogan por los derechos que defendió.

También asistió a impulsar las carreras políticas de las mujeres negras, incluyendo las 3 que ahora son parte del concejo donde Franco fue la única mujer que representó a la comunidad afrobrasileña hasta su muerte.

“Marielle prosigue representando, si bien solo sea su memoria, una amenaza para el estado de cosas”, afirmó Renata da Silva Souza, su exjefa de personal, una de las mujeres negras que resultaron escogidas para el concejo el año pasado. “Ella encarnó a quienes pueden ser asesinadas” en Brasil con impunidad, aseveró Souza.

“Durante años vendimos una imagen de postal del paraíso, el país del carnaval, de personas felices y cordiales”, afirmó Mônica Benício, pareja de Franco. “La ejecución de Marielle y la elección del presidente actual le descubrieron al planeta que somos racistas, que somos sexistas, misóginos y que le tenemos fobia a la comunidad LGTBI”. (Credit María Magdalena Arrellaga para The New York Times)
“Durante años vendimos una imagen de postal del paraíso, el país del carnaval, de personas felices y cordiales”, afirmó Mônica Benício, pareja de Franco. “La ejecución de Marielle y la elección del presidente actual le descubrieron al planeta que somos racistas, que somos sexistas, misóginos y que le tenemos fobia a la comunidad LGTBI”. (Credit María Magdalena Arrellaga para The New York Times)

Franco murió el año pasado en la tarde del uno de marzo en el centro de la ciudad de Río de Janeiro, en el momento en que un hombre armado disparó múltiples veces al auto en el que viajaba después de salir de un acontecimiento de trabajo. Ella y su chofer Anderson Gomes murieron al momento.

A los poquitos días, Franco, de tres años y una estrella en ascenso en un movimiento socialista poco conocido fuera de los círculos políticos de su urbe natal, se transformó en un símbolo global de resistencia frente a la marea conservadora. Lo que hizo que el homicidio fuera particularmente chocante para muchos brasileiros era la historia misma de Franco.

Nacida y criada en la favela de Maré, un distrito de clases populares al norte de la ciudad de Río de Janeiro, Franco se transformó en una enorme crítica de la bestialidad policial y el desatiendo del gobierno en las áreas pobres de su urbe, mientras que cursaba una maestría en políticas públicas.

Luego trabajó a lo largo de una década como empleada de un miembro del concejo local, ayudándolo a investigar las milicias, conjuntos paramilitares con fuerza armados compuestos por personal militar y policial, ya antes de efectuar una campaña triunfante y conseguir su cargo en dos mil dieciseis.

El concejo se llenó de banderas del orgullo gay y chillidos de alegría cuando Franco pronunció su alegato inaugural en una audiencia del municipio en el mes de febrero de dos mil diecisiete. Se le veía brillante y un tanto sorprendida por toda la atención que recibió.

Marielle Franco, la estrella política de un partido socialista, se transformó en un icono global a los poquitos días de su asesinato. Su figura se ha transformado en un símbolo de resistencia frente a la creciente marea conservadora que se impuso en Brasil y en otros países. (Credit María Magdalena Arrellaga para The New York Times)
Marielle Franco, la estrella política de un partido socialista, se transformó en un icono global a los poquitos días de su asesinato. Su figura se ha transformado en un símbolo de resistencia frente a la creciente marea conservadora que se impuso en Brasil y en otros países. (Credit María Magdalena Arrellaga para The New York Times)

Ser negra, sostener fuertes nudos con la favela donde medró y ser franca sobre su sexualidad fueron peculiaridades de Franco que la transformaron en una líder única en la política brasileira, y un modelo a proseguir para las personas que no se ven representadas en un sistema dominado por los hombres blancos.

“Ella fue una inspiración”, afirmó Dani Monteiro, otra política afrobrasileña que fue escogida al concejo tras la muerte de Franco. “De pronto ya no eres invisible en un espacio donde siempre y en todo momento hemos sido invisibles”.

Monteiro afirmó que, durante su vida, se sentía rodeada por personas blancas y de piel clara que instintivamente postergaban a un segundo plano a las personas como .

“Los negros son útiles para servir café o bien adecentar el piso”, afirmó, describiendo el sentido de exclusión que fue una incesante en su vida. “Si no lo hacen, son delincuentes”.

Durante su tiempo en el concejo, Franco condenó la resolución del gobierno federal de poner a los militares al cargo de la seguridad en el estado, y luchó contra la bestialidad policial y la presencia de las milicias en Río.

Pero colegas y compañeros activistas afirman que no vieron ninguna señal de que su trabajo político la pusiese en un peligro inminente. Conforme pasaba la convulsión por el homicidio , los estudiosos y aliados de Franco empezaron a sospechar que el crimen había sido cometido por miembros de la milicia.

“En la ciudad de Río de Janeiro, las milicias forman una esencial estructura con tentáculos en diferentes esferas de poder”, afirmó Pedro Strozenberg, el defensor del pueblo en la ciudad de Río de Janeiro.

Después del asesinato de Franco, Bolsonaro y sus hijos, que asimismo son políticos, guardaron un sorprendente silencio sobre el crimen, considerado como el homicidio político más sorprendente sucedido en años. Mônica Benício, la pareja de Franco, afirmó que eso era alarmante, mas no sorprendente.

“Marielle prosigue representando, si bien solo sea su memoria, una amenaza para el statu quo”, afirmó Renata da Silva Souza, al centro, quien fue la exjefa de personal de Franco y es una de las mujeres negras que el año pasado resultaron elegidas para el concejo. Junto a ella se hallan Dani Monteiro y Mônica Francisco, las otras políticas afrobrasileñas que asimismo tienen cargos en el concejo. (Credit María Magdalena Arrellaga para The New York Times)
“Marielle prosigue representando, si bien solo sea su memoria, una amenaza para el statu quo”, afirmó Renata da Silva Souza, al centro, quien fue la exjefa de personal de Franco y es una de las mujeres negras que el año pasado resultaron escogidas para el concejo. Junto a ella se hallan Dani Monteiro y Mônica Francisco, las otras políticas afrobrasileñas que asimismo tienen cargos en el concejo. (Credit María Magdalena Arrellaga para The New York Times)

Su silencio, afirmó, es parte integrante de un proceso de reconocimiento que es preciso en Brasil, si bien sea doloroso.

“A lo largo de años vendimos una imagen de postal del paraíso, el país del carnaval, de personas felices y cordiales”, afirmó Benício. “La ejecución de Marielle y la elección del presidente actual le descubrieron al planeta que somos racistas, que somos sexistas, misóginos y que le tenemos fobia a la comunidad LGTBI”.

“Debemos comenzar a lidiar con eso”, afirmó. “Precisamos empezar a deconstruir un sistema político que siempre y en toda circunstancia ha estado dominado por hombres blancos”.

Bolsonaro y sus hijos han sido objeto de investigaciones sobre sus posibles vínculos con las milicias. Anteriormente, el presente presidente ha protegido a las milicias como una forma de imponer un gobierno paralelo mas fiero. Aun el año pasado afirmó en una entrevista radial que las áreas controladas por esos conjuntos paramilitares “no tienen violencia”.

Uno de los hijos del presidente, Flávio Bolsonaro, empleó hasta el año pasado a la esposa y madre de un exoficial de policía sospechoso de ser un miembro de la milicia.

Y esta semana, cuando los 2 sospechosos del asesinato de Franco fueron detenidos, los Bolsonaro pudieron ver de qué forma sus vínculos con esos hombres quedaron expuestos, lo que aumentó la inquietud que muchos críticos sienten con el gobierno.

Uno de los sospechosos, Ronnie Lessa, vivía en un condominio al lado del mar en la ciudad de Río de Janeiro donde Bolsonaro tiene una casa.

El otro, Elcio Vieira de Queiroz, publicó en Fb una fotografía en la que aparece abrazado con Bolsonaro. Los oficiales de policía asimismo descubrieron que la hija de uno de los 2 sospechosos había salido con uno de los hijos de Bolsonaro.

El líder afirmó que no conocía a los hombres, y la policía declaró que sus vínculos con la familia Bolsonaro no eran relevantes para la investigación del asesinato de Franco.

Frente a un nuevo gobierno que consideran hostil a los derechos de las minorías, los activistas de los conjuntos en los que participó Franco se han vuelto más valientes y más desafiantes.

Las mujeres negras que se postularon para un cargo en la ciudad de Río de Janeiro tras el asesinato tenían presente los peligros que corrían, afirmó Mônica Francisco, otra de las líderes negras que ganó un escaño en el concejo. Mas habría sido más peligroso retirarse con temor, afirmó.

“Marielle comprendió que para sostenerse viva es preciso ocupar esferas de poder”, afirmó. “Es irónico, mas cierto”.

*Mariana Simões cooperó con este documental desde São Paulo.

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