Entre los príncipes no hay intercambios de miradas y mucho menos de las gracietas habituadas (Foto: AFP)
Entre los príncipes no hay intercambios de miradas y mucho menos de las gracietas habituadas (Foto: AFP)

Cuando se está por cumplir un año de su desembarco en la realeza británica, la figura de Meghan Markle aparece incómoda: despierta suspicacias en la familia real, produce más odios y pasiones en la población que el mismísimo Brexit y obsesiona a la prensa al nivel que alguna vez lo hizo la Princesa Diana. 

Lo cierto, de momento, es que la presencia de esta actriz estadounidense de tres años, ex- estrella de la serie Suits, divorciada, feminista y mitad afroamericana, ya ha sacudido a la familia real, y lo más probable es que prosiga haciéndolo. Si bien es posible que a un costo demasiado alto. 

Mientras sus sacrificios por encajar aparecen como deficientes, los pocos ademanes en los que ha mostrado su personalidad han sido cuestionados, magnificados y transformados en escándalo.

Los duques de Sussex (The Grosby Group)
Los duques de Sussex (The Grosby Group)

“Va a ser condenada si hace, y va a ser condenada si no hace”. Con esta oración que aplica a prácticamente todas sus acciones durante los últimos meses, el cronista especializado David Jenkins resume el fenómeno que se desarrolla tras la Duquesa, en un artículo publicado en Tatler y titulado “Un año de Meghanomanía”.

Markle contrajo matrimonio en mayo de dos mil dieciocho, prácticamente 6 meses tras anunciar su compromiso, y tras un par de años de relación con el príncipe Harry. La danza que admitió danzar al compás de la partitura real la acabó en el mes de octubre pasado, al anunciar su primer embarazo.

Las cuñadas fueron sin sus maridos al torneo de Wimbledon (AP Photo/Tim Ireland)
Las cuñadas fueron sin sus maridos al torneo de Wimbledon (AP Photo/Tim Ireland)

Pero no se trata solo de cumplir con el protocolo. La duquesa asimismo  cumplió con las exigentes labores que vienen con su título nobiliario: más de 100 actos de la agenda oficial, la obediencia frente a los pedidos de la reina Isabel II -entre ellos el reciente viaje de la pareja a Marruecos-, sus usuales colaboraciones beneficiosas, patronazgos reales y, con un embarazo prácticamente a término, la realización de apariciones no agendadas -si bien siempre y en todo momento bien valoradas- en acontecimientos juntos a los más desfavorecidos.

En la balanza de la monarquía británica, no obstante, ninguna de esas acciones semeja lograr. Ciertos errados -que van desde cruzar las piernas en un acto oficial, vocalizar palabras incorrectas, hasta tocarse ‘demasiado’ la panza de encinta (¿cuántas veces serían quizás las convenientes?)- le han valido ademanes desaprobatorios y susurros maliciosos. 

Meghan Markle en su aparición el ocho de marzo, por el Día Internacional de la Mujer (AFP)
Meghan Markle en su aparición el ocho de marzo, por el Día Internacional de la Mujer (AFP)

A eso se ha sumado la gran dedicación de la prensa en su supuesta rivalidad con su concuñada, Kate Middleton, a la aparente desaprobación de la reina Isabel II, al supuesto odio de la esposa del Príncipe Carlos, Camila Parker Bowles… Y la lista de los cotilleos sigue con apodos, comentarios sobre su mal carácter, sus ambiciones, y su despilfarro.

Gastos desmedidos, deserciones en el personal y enfrentamientos familiares

Uno de los capítulos que ha salpicado en forma de escándalo a la ex- actriz ha sido el viaje de cinco días que efectuó en el mes de febrero a la urbe de la ciudad de Nueva York, donde un conjunto de amigas organizó un ‘Baby Shower’. De pacto con los medios británicos, los cinco días en la Gran Manzana habrían costado nada menos que USD quinientos. 

La suma incluiría el vuelo hacia bordo de un jet privado, la estancia en un penthouse suite del hotel The Mark, en el Upper East Side, y la contratación de la exclusiva arpista Erin Hill, quien habría deleitado a los asistentes con su música. Sin embargo, la corona británica salió a proteger a Markle y aclaró que fue un viaje “financiado de forma privada”.

Meghan Markle a lo largo de su viaje a N. York, donde festejó su Baby Shower con amigas (Grosby)
Meghan Markle a lo largo de su viaje a N. York, donde festejó su Baby Shower con amigas (Grosby)

Unas uno personas asistieron al exclusivo evento, todas y cada una del círculo íntimo de la duquesa, quien tal vez apenas procuraba compartir el singular instante de su embarazo con sus seres queridos. Sus íntimas amigas, la tenista Sosiega Williams y la letrada Amal Clooney estuvieron allá, aparte de la estilista Jessica Mulroney; la diseñadora Misha Nonoo; la comunicadora Gayle King; Abigail Spencer, la actriz y compañera de Meghan en Suits, y el maquillador Daniel Martin.

Antes de eso, la Duquesa de Sussex había sido tapa de los tabloides británicos debido a la renuncia de Samantha Cohen, de cinco años, miembro clave del personal que habría rechazado proseguir en su puesto tras el nacimiento del primer hijo de los duques, previsto para fines de abril.

La nueva, que en otro contexto podría parecer trivial, ha alimentado los cotilleos de que no es nada simple trabajar para Markle, y refieren a su supuesto mal carácter y sus actitudes despóticas.

Puede que sea uno de los motivos por el que, conforme filtraciones a la prensa recientes, en los pasillos del Palacio de Buckingham se comenta que la llaman “Me-Gain”, que por medio de un juego con las palabras con su nombre se traduce al de España como “Yo gano”.

El aluvión de ataques mediáticos y comentarios negativos en las redes sociales fue más fuerte, no obstante, desde el momento en que se habla de la supuesta enemistad de Meghan Markle con su concuñada, Kate Middleton. 

La reina Isabel y Meghan Markle en su primer viaje juntas
La reina Isabel y Meghan Markle en su primer viaje juntas

Una mudanza que distanció a las parejas de los príncipes, un aniversario al que Markle no fue convidada, múltiples meses en las que no se las vio juntas y supuestos ‘duelos de estilos’ entre las dos. Todo ha alimentado el en ocasiones morboso deseo de un enfrentamiento entre las 2 preciosas y jóvenes mujeres, que además de esto comparten su origen plebeyo. 

En el último tiempo, con todo, las dos han vuelto a hacer apariciones públicamente, en las que se han mostrado sonrientes y simpáticas, probando lo que habían adelantado múltiples personas de su círculo íntimo: que la presunta distancia entre Middleton y Markle quizá solo fuera un inconveniente de agendas ajustadas. 

La familia real británica (AP)
La familia real británica (AP)

Todo lo precedente sugiere que probablemente “el choque cultural” haya sido el primordial detonante de determinadas tensiones -o bien quizá sea más apropiado charlar de roces- con la nueva miembro de la familia real. La mentalidad estadounidense, más extraña a la busca por guardar las apariencias, puede resultar incompatible con una familia sosten a estrictas tradiciones, al paso que la estructurada vida que plantea la monarquía naturalmente podría desorientar a una mujer de tres años.

Pero las contrariedades para la adaptación no han sido extrañas a nadie: cuando había trascurrido exactamente la misma cantidad de tiempo desde el matrimonio de la princesa Diana con Carlos, la madre de Harry le confió al escritor y biógrafo Andrew Morton que se sentía “exhausta”. Habrá que dar una nueva ocasión a Markle y a la familia real para al fin habituarse a lidiar con sus diferencias.

Meghan Markle y el príncipe Harry
Meghan Markle y el príncipe Harry

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