Nuestras sociedades occidentales atraviesan tiempos turbulentos. Bueno, quizás no. Tenemos cierta tendencia no sólo a idealizar tiempos pasados, sino a ver peores los tiempos actuales. Pero si tomamos en cuenta el largo plazo, si estamos en momentos de profundos cambios sociales. Vivimos una revolución en las comunicaciones similar en sus dimensiones al invento de la imprenta, el papel, la música o la escritura alfabética. Aunque lo cierto es que esos cambios son tan lentos que sólo podemos verlos de forma generacional. A nivel sociedad es increiblemente rápido. Pero a nivel individuo los cambios se ven en el lapso de una vida.

El cambio clave son las tecnologías de la información. La conectividad entre los individuos ha sido y es completamente revolucionaria, a nivel humano y a nivel productividad. Pero desde que esa revolución ha comenzado, las cosas han dejado de ser tan revolucionarias. Sólo tres empresas manejan la opinión pública de las redes: Facebook, Google y muy por detrás Twitter. Después casi la irrelevancia.

La primera necesidad de estas plataformas es organizar el contenido que suben los usuarios en virtud de la relevancia. No es lo mismo cualquier contenido. Si uno ingresa a ver si TL, página de inicio o -como prefieran llamarla- no podría visualizar todo el contenido subido. Ni siquiera si dedicara todo el día a ello. Por eso las plataformas deben encontrar una forma de organizarlo de la forma que más nos interese a nosotros, usuarios. Esto se hace a través de un algortimo. Que no es más que una serie de instrucciones que tiene el sistema para mostrar primero una publicación a otra.

Si la publicación es más nueva, va más arriba. Si muchos usuarios interactuan con ella, va más arriba. Si determinados usuarios interactuan más con nosotros, va más arriba para ellos. Si posee algún tipo de acción, un me gusta, un rt, va más arriba. Bueno, sé que no les estoy diciendo nada nuevo. Pero pensemos un poco en grande. ¿Qué tipo de publicaciones pueden llegar a premiar estar reglas?

Esto es a lo que yo llamo la democracia del algoritmo. La opinión pública algoritimizada (sic) premia siempre los extremismos políticos. Porque las personas dedican la mayor cantidad de su tiempo a prestar su atención a su vínculo más cercano, “la primera baldosa” y para que algo “interrumpa” su primera baldosa debe hacer mucho más ruido que lo habitual. Y eso hace precisamente el extremismo. Pero la dinámica a partir de ahí continua. Quien haya dicho declaraciones extremistas recibe muchas interacciones, lo cual suele interpretalo como un respaldo -su momento Warhol-; aunque en la realidad el porcentaje de interacción sea el mismo o inferior, tan sólo ha llegado a más personas.

Pero esta nueva conformación de la opinión pública digital tiene una dinámica aún más terrible. Cuando una de estas personas, o personajes, decide continuar o exacerbar esas actitudes y publicaciones; empieza a generar un “club de fans” que tienden a imitarlo. Con menos éxito que el inicial, pero aún con mucho éxito; estas personas tienden a la radicalización, porque el algoritmo sigue premiando esto. Aquí la dinámica se torna más compleja. Ya que todo el material que esa persona recibe por cualquiera de sus redes responde a este tipo de publicaciones. Porque en definitiva es aquello que la persona quiere leer.

Si tiene “éxito”, es decir que tiene muchas interacciones, queda atrapado en su personaje. Llegando a ser en la calle un perfecto desconocido, pero dentro de su subcultura una estrella. Salir de ese confort social es complicado, porque renunciar a esto es renunciar a la adicción que genera el aplauso; y por lo tanto renunciar a una parte de sus “logros”. ¿Pero esto no sucedía antes? Bueno sí. Las radicalizaciones son comunes en la historia; aquello que no lo fue, es la atomización de las radicalización. Cada vez hay más personas extremistas y políticamente incorrectos, pero son más sectarios, cada uno cuida su quintita. Los jóvenes -y ya no tanto-, en este contexto votan más por la negativa que por la positiva, por que su candidato ideal es el que no puede postularse porque no tiene apoyo por fuera de su subcultura.

Estamos frente a una opinión pública mucho más representativa que antes. Pero ¿Es suficiente lo representativo para la constitución de una comunidad ordenada? ¿Tienen en mente algún personaje así?