Facundo Pivetti. Analista Internacional.

“Todo fluye, todo cambia, nada permanece” dijo Heráclito de Éfeso. Eso mismo podemos decir de la política europea y de la reconfiguración que sufrió tras el proceso electoral ocurrido el último fin de semana.

La política europea sufrió un terremoto que empezó a gestarse incluso antes del Brexit, donde ya se venían aconteciendo protestas y descontentos sociales que reclamaban un cambio en el status quo. Esas voces se multiplicaron, los movimientos euroescépticos, tanto moderados como más extremos, empezaron a ganar terreno en la arena electoral haciéndose cada vez más poderosos: en el más pequeño pueblo, hasta la mas grande ciudad.

Las elecciones del pasado domingo no quedan afuera de esa dinámica, sino que son parte del mismo proceso de cambio. Las posiciones más euroescépticas se han visto más fortalecidas que nunca, tal es el caso de Francia donde Le Pen, profundamente critica del status europeo actual le ganó al deslegitimado Emmanuel Macron y a su coalición política En Marche!Aunque el caso más emblemático es sin dudas el del Reino Unido. Allí se hizo con las elecciones el partido del Brexit, un partido nuevo, liderado por la antigua cabeza del partido UKIP Nigel Farage, un conservador nacionalista y uno de los responsables de que el “Leave” ganara el referéndum sobre la permanencia en la Unión Europea.

El triunfo del partido del Brexit no es casual, se da un contexto donde el actual parlamento no pudo negociar la consolidación de un acuerdo de salida de la Unión Europea, lo que le costó la renuncia a Theresa May, y donde el Partido Conservador se ha visto profundamente deslegitimado en mayor medida por la incapacidad de haber generado políticas que representen las demandas del pueblo. Sin embargo, dejar en este punto el análisis sobre lo que pasó en el Reino Unido sería incompleto. No se pueden dejar de mencionar dos cuestiones importantes, la primera es que los partidos tradicionales sufrieron una gran derrota. Ni los laboristas ni los conservadores pudieron alzarse con el segundo lugar. La medalla plateada la ganó el partido de los Liberales Democráticos, un partido contrario al Brexit, de raíces socioliberales y moderado. La contienda Pro-Brexit vs Anti-Brexit parece haber salido del binomio tradicional británico. En este sentido, para dar un ejemplo análogo con la política argentina, las elecciones europeas giran en torno a una dinámica pro vs anti, como en el 2015 sucedió entre el anti Kirchnerismo y el Kirchernismo, y que le dio la victoria al actual presidente Mauricio Macri, en un contexto de polarización extrema, y una diferencia mínima en el resultado final del ballotage.

La segunda cuestión es la constante postura de los escoceses. Allí nuevamente el Scottish National Party, de corte europeísta ganó las elecciones, confirmando su deseo de permanecer en la Unión Europea. Detrás de esa victoria del SNP se encuentran los independentistas escoceses amenazando, nuevamente, en independizarse si el Reino Unido termina saliendo de la Unión Europea.Las posturas euroescépticas no solo ganaron en Francia y el Reino Unido. En Italia la Lega, actual oficialismo también se alzó con la victoria, quedando en segundo lugar un partido europeísta, el Partido Democrático.


Aunque no todo es tan gris para los europeístas, a pesar de las grandes victorias del euroescepticismo en países que le aportan al parlamento la mayor cantidad de escaños las estimaciones dan mayorias al Partido Popular Europeo, a los Socialistas y Democraticos en segundo lugar y a los Liberales Democráticos en tercer lugar. Todos ellos de tendencia europeísta. A pesar de estos resultados, conseguir conformar comisión será difícil ya que para tal fin se precisan 376 bancas y ningún partido alcanza tal número. Ello significa la necesidad de negociar entre los diferentes bloques, de ceder y de lograr acuerdos que fortalezcan la institucionalidad en la Unión Europea, tomando nota y cartas en el asunto sobre las grandes demandas insatisfechas de las poblaciones. Emmanuel Macron parece haber entendido, y se adelantó en proponer una “reforma total” del Acuerdo Schengen. Detrás de ello se encuentran, como ya hemos dicho, demandas insatisfechas, y una de ellas es aquella que genera la cuestión de la política migratoria en Europa, con seguidores y detractores; logra generar una grieta en las sociedades europeas que en muchos casos terminan expresándose en políticas euroescépticas y de salidas de la Unión Europea.

Por último, no puede quedar fuera de este análisis la gran performance de los partidos verdes, que se consolidaron como cuarta fuerza en Europa y que intentarán en caso que ellos formen parte de una coalición de la comisión poner en agenda parte de sus propuestas.
Todo está por verse, todo está fluyendo en una nueva dinámica y todo está cambiando.