Hasta hace poco, la cuestión de si es que estamos o no solos Dentro del Universo no formaba comunicado de el debate científica. En todo su lugar, filosofías y religiones se encargaban de buscar contestación a esta pregunta, una de las más antiguas y profundas de cuantas se ha formulado la Humanidad. Aunque, la cosa ha cambiado. Y mucho. La Ciencia, dentro de efecto, ha irrumpido fuertemente en un territorio que Antes era Sólo metafísico, y ha demostrado que, armada con el método científico, tiene mucho que decir A este respecto. Ahí están los más de 4.000 planetas descubiertos Hasta el instante fuera del Sistema Solar, algunos de ellos con intrigantes similitudes con la Tierra; o bien el hallazgo de materia orgánica casi por todas partes, incluso dentro de los rincones más insospechados y hostiles del Universo; o bien la búsqueda sistemática y De la misma forma incansable de maneras de vida en lugares De Exactamente la misma manera que Marte, Europa, Encelado… o bien Plutón. La estadística, Además, habla claro. En un Universo que ya tiene billones de galaxias y trillones de estrellas, muchas de ellas con planetas a su alrededor, resulta absurdo pensar que ya la vida Solo haya podido florecer dentro de uno, el nuestro. Y Pero no tenemos Todavía ni idea de de qué manera (ni dónde) la vida se estrenó dentro de primer lugar, muy pocos dudan en la actualidad de que “ahí arriba”, dentro de alguna parte, existen planetas “gemelos” a la Tierra, con Múltiples maneras de vida y quizá, Sólo probablemente, De la misma forma con especies inteligentes. En un brillante artículo recién publicado en la gaceta Cosmos, el físico y escritor británico Paul Davies, director del prestigioso colegio Beyond de la Universidad Estatal de Arizona, cavila sobre la problemática y se pregunta, con la Ciencia en la mano, si es que verdaderamente la inteligencia es una consecuencia inevitable de todo proceso evolutivo. “Durante 50 años -escribe Davies- una banda de astrónomos heróicos ha estado barriendo los cielos con sus radiotelescopios con la esperanza de tropezar con un mensaje emitido por una civilización extraterrestre”. El científico agrega que ya esa empresa “se basa dentro de el presunto de que la inteligencia es un producto aguardado de la evolución biológica. ¿Pero es De esta manera en realidad?” Para tratar de responder esa pregunta, Davies echa un vistazo al pasado de nuestro propio mundo, la única muestra de vida que conocemos, y se fija dentro de de qué forma ha sido la historia de la evolución. “Algunas características, por ejemplo los ojos y las alas, han evolucionado de forma independiente muy frecuentemente, quizá Porque aportan mucho valor a la supervivencia. Por tanto, podríamos aguardar que la vida extraterrestre De la misma forma posea estas peculiaridades. Sin embargo otras, Pero, Al idéntico que ya la trompa del elefante, parecen ser más bien aberraciones barrocas, resultado de raros accidentes evolutivos”. Y llegamos De este modo a la inteligencia humana. ¿Es esta característica semejante a los ojos y las alas, compartidas por muchas especies, o se semeja más a la trompa del elefante? Tener el tiempo suficiente
Los dinosaurios, escribe Davies, dominaron la Tierra A lo largo de 200 millones de años (diez veces más de lo cual llevamos nosotros), Sin embargo nunca construyeron herramientas, levantaron ciudades o bien conquistaron la Luna. Lo que ya lleva a pensar que ya la inteligencia humana es algo raro, y no un producto inevitable de la selección natural. “Y si es que es De esta manera -bromea el físico- eso son malas noticias para SETI”. Para Davies, lo cual aquí está dentro de juego es el propio concepto que tenemos acerca de lo que ya es la evolución. Algunos Piensan que ya existe una dirección en los procesos evolutivos, una “flecha” que comunicado de los organismos más simples y progresa hasta llegar a los más complejos. De esta forma, la persona ocuparía la posición más alta dentro de la escala evolutiva. Demos a la evolución el tiempo suficiente, sostienen los partidarios de esta idea, y nos llevará hasta la inteligencia. La mayoría de los científicos, Aunque, no Piensan que ya la evolución se esté dirigiendo a ningún lugar en especial. “No existe una flecha del tiempo incorporada -dice Davies- no hay un impulso innato cara la complejidad o bien la inteligencia”. Hace apenas unos días, dentro de una entrevista concedida a ABC, el paleoantropólogo Juan Luis Arsuaga Asimismo aseguraba que “mucha gente cree que la vida va progresando, A partir de las bacterias hasta nosotros, Pero no es En este sentido. Yo soy de los que opinan que la única tendencia apreciable de la evolución es la diversificación. Partimos del espacio libre y se aprovechan todas y cada una de las oportunidades. La vida no tiene dirección, No obstante tiene mucha capacidad de adaptación, y va cambiando”. Davies, dentro de su artículo, se muestra dentro de sintonía con esta opinión: “Es cierto que la vida dentro de la Tierra comenzó con microbios simples, Pero el surgimiento de una mayor complejidad se dirigió solamente el producto de una exploración serpenteante dentro de el vasto espacio de posibilidades biológicas, y no una propensión sistemática”. “Todo lo cual – permanece el científico- arroja serias dudas sobre si, aun dentro de un Universo repleto de vida, puede haber civilizaciones alienígenas avanzadas capaces de enviar mensajes de radio”. Queda una esperanza
Sin embargo, y A pesar de todo, nos queda Todavía una esperanza. Y es que la teoría de la evolución no está, ni mucho menos, completa. Y A lo largo de los últimos años algunos biólogos se han atrevido a desafiar el dogma darwinista dominante de que ya la evolución no prosigue una dirección concreta. Dentro de verdad, explica Davies, “se han identificado Múltiples mecanismos Según los cuales las características adquiridas A lo largo de la vida de un organismo semejan transmitirse a su descendencia, dentro de un proceso conocido De Exactamente la misma forma que ya herencia epigenética”. Si es que eso fuera cierto, y resultara que la herencia epigenética juega un papel fuerte dentro de la evolución de los cerebros, luego sería posible imaginar una suerte de “cociente cerebral acelerado”. “El registro fósil -escribe Davies- indica a una tendencia alcista En el cociente de encefalización, una medida del tamaño del cerebro en relación con la masa corporal, entre los homíninos de los últimos millones de años. Y asumiendo que algo De esta forma funcionara De la misma forma en otros planetas, tal vez no estemos tan solos Tras todo”.