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Los republicanos buscan de qué forma colocar coto a Ankara

Una vez que en la madrugada de Ayer las primeras bombas turcas cayeron en Siria, los republicanos en Washington se dieron cuenta de que ya no tenían nada que hacer. Donald Trump había jubilado su apoyo militar a los kurdos sin consultar o avisarles, proclamando que su fin es extraer a USA de «todas las guerras inútiles e interminables». «Este país jamás tendría que haber entrado en Oriente Próximo», exclamó el presidenta el miércoles por la noche en la Casa Blanca, cambiando de un plumazo medio siglo de política exterior norteamericana. Ahora los republicanos en el Senado, desconcertados, buscan una hoja de ruta para ponerle coto a Turquía sin que parezca que están desautorizando a un presidente que A su vez está asediado por el proceso de «impeachment». El único recurso que tienen es imitar las sanciones a Arabia Saudí aprobadas Después de el homicidio del periodista disidente Jamal Khashoggi hace un año. El problema es que, Así tal y como ya hizo con respecto a Arabia Saudí, Trump puede vetar esas sanciones. No pueden permitirse los conservadores otra controversia intestina en el Capitolio por una temeraria Decisión de Trump. Por si acaso, esos republicanos han comenzado a hacerle señales a Trump por los canales que consideran más efectivos: Twitter y entrevistas en Fox News. Uno de ellos, Lindsay Graham, informó Ayer en el programa matutino de esa cadena conservadora que el primer magistrado «ha cometido el error más grave de toda su presidencia». «Nunca es sabio abandonar a un aliado que se ha sacrificado por nosotros», afirmó, con la clara intención de que el mensaje llegara a la Casa Blanca. Trump no dio su brazo a torcer. Es más, respondió con sus propios argumentos, por extravagantes que estos puedan parecer. Según manifestó el primer magistrado a los medios reunidos en la Casa Blanca, los kurdos no ayudaron a EE.UU. en la II Guerra Mundial. «No estuvieron para ayudarnos En medio el desembarco de Normandía. Están luchando por su propia tierra», avisó el presidente. Acto seguido agregó una razón personal: está a su vez harto de percibir ataúdes soldados norteamericanos que han dado su vida en países extranjeros en los que su sacrificio ni siquiera es apreciado.