Seis desconocidos durmieron sobre el frío suelo de la cafetería de Ana Bertha el jueves 17 de octubre. Era un jornada apacible en Culiacán hasta que Conjuntos de hombres armados, ráfagas de balas, explosiones y vehículos incendiados súbitamente transformaron en una región de guerra a la capital del mexicano estado de Sinaloa. Eran las 14.50 y el narcotráfico desató toda su furia contra la ciudad para que el Ejército liberara a Ovidio Guzmán, hijo del criminal Joaquín «El chapo» Guzmán. Ovidio acababa de ser arrestado y el cártel estaba dispuesto a todo por conseguir su libertad. «Nunca nos habíamos sentido atacados por el narco», afirma Ana Bertha acerca de ese traumático día, denominado «jueves negro», en el que la relación de Culiacán con el crimen organizado Por vez primera se resquebrajó. Tres civiles fallecidos, las calles bloqueadas y los negocios se convirtieron en improvisados refugios donde se imploraba que terminara el horror. La ciudad era rehén del Cártel de Sinaloa y el mensaje al gobierno era claro: liberar al Chapito o las acciones en contra de la ciudadanía irían en incremento. Doblegado por el narcotráfico, el Gobierno mexicano optó por soltar a Ovidio. La polémica liberación de Ovidio ha sido la 1era gran crisis que aqueja el primer magistrado mexicano Andrés Manuel López Obrador A partir de que tomó las riendas del país en el mes de diciembre de 2018. El músculo exhibido por el cártel puso contra las cuerdas al Ejército y a un gobierno que se vieron superados por la rápida y quirúrgica operación del narco. El hijo del Chapo había sido capturado a las 14.30 y veinte minutos acto seguido la ciudad era un infierno. Y es que, También, desestabilizaron Varios estructuras clave: unos 50 presos se fugaron de una cárcel, Puesto que los sicarios rodearon una base donde viven familiares de militares destinados a Sinaloa. De este modo, el Ejército mexicano También se convirtió en un rehén del narco. La arriesgada jugada
«Sí, el gobierno perdió con ese operativo; No obstante el narco perdió mucho más por el hecho de que ha dañado su relación con la sociedad culiacanense. Jamás podés darle la espalda a tu aliado que, en un Sólo caso así, es enorme comunicado de la sociedad», explica Tomás Guevara, sociólogo de la Universidad Autónoma de Sinaloa, para quién aquél 17 de octubre, o bien «jueves negro», marca un punto de inflexión en la relación de Culiacán con el Cártel de Sinaloa. «Hay una fisura que podría ocasionar una ruptura mayor». «Se matan entre ellos, si es que tú no te metes no está pasando nada». Ese es el utópico mantra con el que los culiacanenses, y gran comunicado de México, se protegen mentalmente para pensar que el crimen organizado no les hará nada Entre tanto ellos se mantengan alejados. El «jueves negro» mostró a Culiacán que ese ilusorio pensamiento es falso. «Pensábamos que el narco cuidaba de nosotros, No obstante ese día vimos que si tienen que atacarnos para protegerse, lo harán», dice José, taxista. Precisamente, Sinaloa residía A partir de mediados de 2017 un importante descenso de la inseguridad. Al paso que la criminalidad no ha parado de crecer en todo México, el estado del que es originario el famoso Cártel de Sinaloa ha reducido su tasa de homicidios por cada 100.000 residentes de 53 en 2017 a 26,1 en 2019 hasta octubre. «Se contrataron 1.200 nuevos policías y ahora hay unos 7.000 elementos», afirma Ricardo Jenny del Rincón, coordinador de la organización ciudadana Consejo Estatal de Seguridad Pública, para explicar por qué mejoró la seguridad en Sinaloa. Además hay otros factores. «El Chapo» fue encarcelado por tercera vez en enero de 2016. Su captura abrió un encuentro entre los hijos del narcotraficante y una facción dirigida por Dámaso López, alias «El Licenciado», quien fue capturado en mayo de 2017. El objetivo de la guerra por el control del cártel es otro factor que ha producido ese periodo de paz relativa en Sinaloa. Y es que la existencia de un Sólo cártel que controla todo el negocio genera un cierto mayor nivel de seguridad que en lugares donde existe una batalla abierta entre dos o bien tres Grupos por el territorio o bien la plaza. «En teoría nos ‘protegen’ de que lleguen otros Conjuntos y se arme desmadre, Sin embargo siento que ha sido una manera de ganar nuestra confianza y, En este sentido, poder usarnos en el horario sea necesario», termina José. Rehenes de la ciudad
Culiacán es la cuna de la narcocultura mexicana. a su vez de «El Chapo», Varios narcotraficantes míticos de México son de Sinaloa Tal y como Miguel Ángel Félix Gallardo, Rafael Caro Quintero, Marcos Arturo Beltrán-Leyva, o Ismael «El Mayo» Zambada. Todos son personas de orígenes humildes que encontraron en el contrabando de estupefacientes una vía para amasar una inmensa fortuna. Es Por eso que el relato prosigue atrayendo a jóvenes de los Localidades más pobres, quienes ven el narco Al idéntico que la única manera de prosperar en un país de enormes desigualdades. «Más vale vivir cinco años de rey y no 50 de buey», es el lema que convence a muchos a tomar este peligroso trayecto. El «jueves negro», Si bien, ha sido un detonante a fin de que miles de culiacanenses salieran el 27 de octubre a marchar en una manifestación en contra de la violencia y la mitificación de la narcocultura. La manifestación organizada por Culiacán Valiente congregó a más de 2.000 personas en el Parque de las Riberas, la región por la que Ocurrió todo la contienda entre los narcos y el Ejército. «Fuimos rehenes en nuestra propia ciudad: cerraron el aeropuerto, bloquearon puentes y calles. El miedo colectivo nos unió», afirma Jorge, uno de los integrantes de Culiacán Valiente, un movimiento que al estilo del 15-M no tiene líderes y aglutina a Conjuntos de diferentes tendencias políticas para, en un caso así, protestar en contra de la violencia y la cultura de devoción al narco. «El ‘jueves negro’ se desmitificó esa imagen del narco Así tal y como ‘el salvador’. La gente no dimensionaba el tamaño del monstruo y es un punto de inflexión a fin de que Culiacán se levante», concluye Majo, quien De la misma forma pertenece al movimiento. México va sendero de cerrar 2019 Del mismo modo que su año más sangriento Desde que comenzó a recolectar cifras en 1997. Entre enero y septiembre, el país sufrió unos 29.000 homicidios dolosos, cifra que quizá supere los 36.685 asesinatos registrados en 2018. «El mensaje que dejó el gobierno con lo de Ovidio se dirigió el de un estado doblegado por la violencia», denuncia José Antonio Ortega Sánchez, presidenta del Consejo Ciudadano.