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De las bombas de Siria a las de Gaza

Más de 500.000 fallecidos, al menos 6,6 millones de desplazados internos y 5,6 millones de refugiados. Esta es la fotografía en números de la guerra que sufre Siria A partir de 2011, un conflicto que ha provocado «la crisis humanitaria más devastadora del siglo XXI», Según Naciones Unidas. Un conflicto que no ha terminado. Las fuerzas leales a Bashar Al Assad, con el firme apoyo de Rusia y De la misma forma Irán, han logrado retomar el control de a mayoría de un país que tiene amplias regiones arrasadas y al que muchos refugiados no desean volver por temor a la temida mujabarat, los servicios de seguridad, que vuelven a estar plenamente operativos, o bien a poseer que cumplir el servicio militar obligatorio. Desde el estallido de la guerra un sirio sabe cuándo se alista, Pero no en qué instante va a poder colgar el uniforme En tanto que el Ejército Necesita muchos hombres para preservar todos los frentes abiertos. Los sirios emigraron a todo el mundo, en Turquía hay 3,6 millones, en Jordania son 654.000, en Líbano prácticamente un millón, a Europa llegaron más de un millón en la oleada que se provocó en el verano de 2015… y esa búsqueda de un sector seguro empujó a ciertos a pasar de una guerra a otra y terminar, incluso, en sitios Al idéntico que Gaza. «Éramos 24, Pero ya Solo quedamos ocho sirios sirios, hay Además otros sirios palestinos que llegaron A partir de 2011 y que tienen parientes acá. En Gaza la vida es más segura que en nuestro país, Pero el bloqueo hace que todo sea complicado, te sientes ahogado», confiesa Anas Abou Ajineh Desde una de las dos habitaciones que alquila en Beit Lahia, al norte de la Franja. Este adolescente de 25 años, natural de Damasco, asegura que constituyen un conjunto diferente al de los refugiados palestinos expulsados en 1948 de Israel, que buscaron refugio en Siria y que 70 años a continuación se convierten en refugiados por segunda vez, Sin embargo En esa situación en la Franja. El Comité para los Palestinos de Siria en Gaza eleva a 360 familias, unas 1.200 personas, las que forman comunicado de estos refugiados por partida doble. Refugiados que llegaron a una Franja en la que un 70 por cien de sus dos millones de residentes lo constituyen Además palestinos que, De La misma manera que ellos, fueron expulsados de sus tierras por Israel en 1948. Los palestinos quieren retornar a sus raíces, donde Hoy se levanta el Estado judío, y recuerdan que la Decisión 194 de la ONU defiende su derecho al regreso. Los sirios, en cambio, no desean volver a Siria En tanto siga Bashar Al Assad en el poder y apuntan a Europa, U.S.A. o bien Canadá. Anas guarda su pasaporte, ya caducado, que contiene los sellos de Líbano y Egipto, Ambos países que pisó Ya antes de llegar a la Franja. Un documento sin vigencia, No obstante guardado con mimo y que no presenta una sola doblez. «La guerra no alcanzó a mi barrio, yo vivo a las faldas del monte Qasium, Pero Me negaba a ir al servicio militar y escapé con la excusa de que quería estudiar en Egipto. Eran los últimos días de Mohamed Mursi De este modo como presidenta, no A mí me gustaba nada la ocación en El Cairo, Me comentaron la opción de venir acá y lo hice. Llegué en 2013 y A partir de luego no he podido salir. Llevo dos años en la lista de espera de Acnur (agencia de la ONU para los refugiados), la única forma que tenemos para poder dejar la Franja», cuenta este adolescente de sonrisa risueña, que habla con tono calmado A partir de una habitación tan pequeña y humilde, Del mismo modo que limpia y ordenada. Mursi fue un paréntesis en la historia reciente de Egipto, el 1er primer magistrado elegido de manera democrática en el país pertenecía a los Hermanos Musulmanes y debía muy buena relación con Hamás, grupo islamista que También ganó las comicios, gobierna en Gaza A partir de 2007 y que es el brazo palestino de la cofradía. El golpe militar de Abdel Fatah Al Sisi, puso fin a la buena relación entre El Cairo y Gaza y retornó el férreo bloqueo en la línea que marca Israel. Lo más duro para Anas es no poder toparse con su familia, que continúa en Damasco. «Nos vemos gracias al Skype, sabemos que es imposible reunirnos por el hecho de que estoy encerrado por Israel y Egipto, Pero es mejor que estar muerto, ¿no? Era muy arriesgado ir al Ejército en esos instantes. Algún jornada va a poder salir y Desde mi país de acogida será más sencilla organizar un encuentro», comenta Anas, quien sabe que «no podré retornar a pisar Damasco con este régimen pues al haber estado tantos años en Gaza Me considerarán terrorista, no sería prudente». Resignación y realismo. Cocinero cotizado
La soledad de Anas en su piso de soltero del norte de la Franja contrasta con la vida social de Warif Qassem. Alcanzó en 2012 a Gaza ahora de abandonar Alepo, cruzar a Turquía y de allí volar a Egipto. «Mi plan inicial era alcanzar Polonia y Además inclusive presenté todos y cada uno de los papeles necesarios para pedir un visado, Pero Me salió la ocasión de un buen trabajo en un Solo restaurante de la Franja. Primero vine unos días de visita y Me gustó por el hecho de que tiene un aire a la costa siria, a Tartús, por lo que acepté el trabajo y regresé», recuerda con una amplia sonrisa en la cocina del Cedar, el restaurante en el que trabaja. «Los palestinos son mucho más cercanos a nosotros que los egipcios», incluye al paso que repasa la lista de los primeros encargos que tiene para la noche. De la misma forma de pizzas y pasta, ha establecido un espacio especial en la cocina en el que elabora recetas tradicionales que preparaba en el Café de Alepo y que son muy solicitadas por el público. Warif entró a Gaza por un túnel, el problema es que Tras la caída de Mursi Al Sisi estableció dinamitar todos los túneles de contrabando por los cuales mercancía de todo tipo, armas incluidas, y personas cruzaban de forma ilegal a Gaza. Con cada detonación se cerraba una puerta de salida para Warif. Pese a todo, este cocinero se siente «afortunado pues tengo un buen contrato y A mí me he casado aquí tengo una hija». Su problema es exactamente el mismo que el de su compatriota Anas, «la sensación de vivir cercado es asfixiante y De ahí que busco una salida y espero la llamada de Acnur». A la espera de esa llamada, continua con su frenético cada jornada en el que su trabajo se ha convertido en una escuela para los aspirantes a chef que le rodean y que, por culpa del bloqueo, no pueden ni soñar con salir de Gaza para perfeccionar sus recetas. El cerco asfixia, No obstante a Warif la Franja le semeja un sector más seguro que una Siria en la que ya no le queda familia. «Estamos repartidos en Dinamarca, Alemania y Turquía… todos fuese. Absolutamente nadie se plantea regresar por el hecho de que lo cual vivimos allí se dirigió brutal y el régimen continúa en el poder», asegura. La vida le ha puesto bajo las bombas en su Alepo natal y en el sitio que eligió para refugiarse, «pero no se puede comparar el tipo de bombardeo, allá nos lanzaban barriles explosivos que pueden caer en cualquier comunicado. Acá los ataques tienen mucha más precisión. Son dos maneras diferentes de comprender la guerra, Sin embargo ya escapé de una en mi país y en seguida tengo que hacerlo de otra».