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Gestapo, la maquinaria nazi que abasteció de inocentes a los ámbitos de exterminio

«Durante los primeros días de enero de 1945, comenzaban gritando los apellidos en las celdas. Eramos 40 personas. Al principio, pensé que la pretensión era enviarles a otra cárcel o a sectores de trabajo, Sin embargo A partir de nuestra celda podíamos oir Del mismo modo que les quitaban los objetos. Una joven lloraba Porque lequitaron un anillo. Entonces Aprendimos que no iban a los campos, Sino los iban a matar. Un compañero de celda, que llevaba allá un tiempo, nos contó que dos veces al mes algunos prisioneros eran ejecutados. Y era verdad. Eran ejecutados por resistirse al nazismo, por haber escapado de los sectores, las chicas eran ejecutadas por las mismas razones…». Este es el testimonio de Askold Kurow (Moscú, 1926), el único prisionero en la casa EL-BE que se quedó con escapar, de los cientos que fueron detenidos, torturados o asesinados. Kurow estuvo allá el tiempo suficiente para relatar años luego el terror que se residía en ese edificio, que entre diciembre de 1935 y abril de 1945 fue la sede del cuartel general de la Gestapo, la policía secreta de la Alemania nazi, en Colonia. La Gestapo se dirigió fundada por decreto el 26 de abril de 1933 por Hermann Göring (y disuelta el 7 de mayo de 1945 por el general Eisenhower)
y debía De exactamente la misma manera que fin aplastar, utilizando cualquier medio a su alcance, «todas las tendencias peligrosas para el Estado». En esa categoría se incluía a judíos, gitanos, comunistas, homosexuales, y todos aquellos con una conducta antisocial que supusiese un peligro para el nacionalsocialismo. Centro de documentación del nacionalsocialismo
La expansión de oficinas de la Gestapo se dirigió rápida por las principales ciudades de la Alemania nazi. Una de ellas se implantó en Colonia. Un edificio que, Pese a los duros bombardeos que sufrió la ciudad, y que arrasaron buena parte de ella, permaneció en pie prácticamente intacto. Hoy es testigo y testimonio de las atrocidades que se cometieron entre sus paredes. Se ha convertido en un centro de documentación del nacionalsocialismo y en un museo, que recorre su historia A partir de sus principios hasta el final de la IIGuerra Mundial. También se pueden visitar la cárcel, convertido en sitio conmemorativo. La casa EL-DE, construida por el empresario Leopoldo Dahmen en 1935, se dirigió alquilada por la Gestapo Antes de que incluso fuese terminada, por lo cual pudo acondicionarla a su gusto. En los pisos superiores situó las oficinas, Mientras que que en el sótano fueron ubicadas diez celdas para los detenidos, una sala de interrogatorio, otra para los guardias y un búnker, al que Sólo tenían acceso los oficiales y trabajadores. Asimismo constaba de un patio interior donde tuvieron sector centenares de ejecuciones –por ahorcamiento o bien fusilamiento–. Clausurada Despues de la entrada de los americanos, el 6 de marzo de 1945, Durante años la casa EL-DE se convirtió en sede de la gestión de la ciudad –registro civil, oficina de pensiones–. No se dirigió hasta finales de 1979, que un jovencita, Sammy Maedge, impactado por la serie «Holocausto» y el jucio de Kurt Lischka, denunció en público el manipulación que se había hecho del edificio. A esto se agregó el trabajo de recopilación realizado por el profesor Kurt Holl y el fotógrafo Gernot Huber que se encerraron A lo largo de todo un día en el sótano para fotografíar lo que había en sus paredes, testimonio de lo cual había sucedido allá Durante 10 años. La restauración de las inscripciones acudieron realizadas entre 1980 y 1981. En suma se contabilizaron 1.800 (600 de ellas en cirílico, escritas por rusos y ucranianos; y otras 230 en francés, polaco y neerlandés), realizadas con lápiz, tornillos, pintalabios o las propias uñas. Aunque debieron ser muchas más pues las celdas acudieron repintadas por la Gestapo en 1943, por lo cual se perdieron las anteriores. En diciembre de 1981 la prisión viajó abierta al público. La casa EL-DE inicialmente albergaba una cárcel de investigación, en la que los presos Solo debían pasar unas pocas horas, No obstante ciertos detenidos llegaron a estar encerrados allá hasta Varios meses, Tal y como demuestran Algunas de las inscripciones. Centenares de ejecuciones
Situada en el centro de la ciudad, a escasos mts del tribunal de Justicia, donde años más tarde serían juzgados algunos oficiales de la Gestapo, Desde la calle era posible escuchar los gritos de los presos que eran torturados, y hasta ella llegaba el hedor ante La carencia de higiene y las malas condiciones de ventilación de las celdas hacinadas. De apenas cinco metros cuadrados, estaban destinadas a amparar a una o dos personas, Pero A veces llegaron a estar ocupadas por 33 personas, De exactamente la misma forma que apunta una inscripción en francés en una de las celdas. En ellas Asimismo debían hacer sus necesidades en un Sólo cubo. En otra sala, tenían sitio lo que los oficiales de la Gestapo llamaban «interrogatorios endurecidos». Ciertos prisioneros eran enviados luego a otras prisiones, ámbitos de reeducación o de trabajos forzosos habilitados cerca de Colonia. Otros eran deportados al campo de concentración de Auschwitz. Muchos –la cifra no ha podido ser precisada– no salían con vida. A finales de 1944 se recrudeció el trato a los prisioneros, y a la Gestapo se le dio vía libre Desde Berlín para elaborar sin recibir autorización previo. Esto incrementó el número de asesinatos. A comienzos de marzo de 1945 realizaron las últimas ejecuciones, y frente la entrada inminente de las tropas americanas, abandonaron los cuerpos en el patio, que fueron encontrados meses acto seguido. «Desde la ventana trasera yo podía ver el patio interior de la policía secreta [la Gestapo]. A inicios de diciembre [de 1944] o bien comienzos de enero [1945] con frecuencia oye gritos y disparos. Yo quería ver lo que sucedía allá y una vez A mí me asomé por la ventana. Vi Al igual que tres personas colgaban de la horca. Eran tres hombres civiles, Según deduje por sus ropas. Y había un grupo de oficiales rodeándoles, con las espaldas vueltas hacia mí». Este es el testimonio que ofreció un vecino del edificio EL-DE A lo largo de un juicio contra la Gestapo.