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«Il capitano sconfitto»

En la categoría de placeres muy culpables habría que reservar un sector destacado el atracón visual que ofrece Matteo Salvini en Instagram. Gracias a su sobreexposición en redes sociales, se entiende porqué el nacional-populismo engorda tanto, y no simplemente al resentimiento. En virtud de este exhibicionismo digital, sabemos que il capitano gusta de untarse Nutella en la tostada del desayuno. Se reconforta con un buen plato de pasta Barilla y una copa de vino Barolo. Atiende a la sabiduría contenida en los envoltorios de los bombones Perugina Bacio. Y se quita la sed con cerveza Moretti. Este descarado catálogo de productos de alimentación italianos no es resultado ni de publicidad encubierta, ni de una obsesión comidista, ni tan siquiera del nacionalismo culinario que podría esperarse de un jefe Del mismo modo que Salvini. Resulta que manera comunicado de una premeditada estrategia por la que il capitano aspira a presentarse Además que la quintaesencia del hombre común, de gustos sencillos, enfrentado a las élites que consumen productos muchísimo más cotizados. Solo le falta a Salvini repetir aquello que aseveraba Sancho Panza en la 2da comunicado de «El Quijote»: «La mejor salsa del mundo es el hambre, y Al idéntico que ésta no falta a los pobres, Siempre y en toda circunstancia comen con gusto». Sin embargo el enorme problema alimenticio de il capitano no semeja ser su dieta hipercalórica Sino más bien que su paladar tan poco sofisticado. La ideología cerril, en la fecha carece de estrategia, no produce más que entripados políticos. Salvini ya sufrió una primera indigestión veraniega al dimitir Del mismo modo que vicepresidente y ministro del interior con la esperanza de forzar elecciones anticipadas en Italia. Si bien, el Partido Demócrata y el M5E aparcaron su feroz rivalidad para frenar a la derechita al dente. En menos de seis meses, el 2do tropiezo de Salvini ha tenido lugar en las regionales de Emilia Romaña, convertidas en plebiscito acerca de su corpulenta figura y la legitimidad del Gobierno en La Ciudad Eterna. Con este menú de fracasos recalentados, lo más visceral de il capitano va a resultar su insatisfecha hambre de poder.