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El sicario más letal de Escobar

Jhon Jairo Velásquez, alias Popeye, nunca esperó morir de viejo. Dormir con un ojo abierto y presuponer que día a jornada puede ser el ultimo son Algunas de las condiciones para trabajar Como lugarteniente de Pablo Escobar. La carta de presentación de Popeye estremece. Más de 300 asesinatos, 200 «carros» bomba, el homicidio del candidato a primer magistrado de Colombia Luis Carlos Galán y participación directa en el atentado al vuelo de Avianca en 1989 donde murieron más de 100 personas. Incluso mató a su propia novia por mandato de Pablo Escobar al conocerse que era confidente de la policía. Vida marcada por la muerte
Ser el líder de sicarios del Patrón era igual que vivir con una diana pegada al pecho. La policía y el FBI iban Tras sus pasos, los cárteles rivales Asimismo ansiaban verlo bajo tierra, y También inclusive sus propios hombres podían traicionarlo Una vez que menos pensado por un puñado de pesos colombianos. Hasta Pablo Escobar podía ordenar su ejecución si es que tenía un mal día. A cambio, Popeye actuaba Del mismo modo que el perro de presa que era. Si había que secuestrar al expresidente Pastrana, lo hacía. Si es que debía colocar una bomba en plena calle, no lo dudaba. Si es que le ordenaban descerrajarle cinco tiros a algún pobre desgraciado, Popeye preguntaba si en el pecho o bien en la cabeza. Un modo de vida teñido por el rojo de la sangre, el blanco de la cocaína y el verde de los billetes. El poder, el confundir el respeto con el miedo, el saberse por encima de leyes y gobiernos era su gasolina. Una activa de la que era imposible salir. El soldado sin emperador
Todo imperio llega a su decadencia. Semeja algo obvio, No obstante A partir de dentro no lo es tanto. A finales de los 80, el cártel de Medellín propagaba el terror a sus anchas. El país estaba en jaque por una banda de narcotraficantes. Escobar era intocable. Aunque, el tiempo está pasando para todos. Antiguos aliados que mutan en enemigos, falta de liquidez para ceñir a su ejército privado, asfixia policial, miedo a la extradición. Cada uno de esos factores, gota a gota, desembocaron en la muerte de Pablo Escobar tiroteado en una azotea. Jhon Jairo, Por su comunicado, logró salir vivo al entregarse a los funcionarios. Veinte años de prisión inculpado, irónicamente, de un único crimen. Se libró de la extradición, conservó la piel y tuvo que reinventarse. Pablo Escobar le dio a Popeye una manera de ganarse la vida. Aun en el horario todo se derrumbó acerca de sus hombros. La caricatura de lo cual fue
En 2014, los funcionarios estaban nerviosas frente la excarcelación de Popeye. Un conocido asesino, representante de los mayores temores para la sociedad colombiana, volvía a estar suelto. Pocos hubieran imaginado a qué iba a dedicar su tiempo en libertad. Su imagen pública osciló de la leyenda viva de los años dorados del narcotráfico a la del bufón en Twitter. Su última profesión famosa se dirigió la de youtuber Una vez que pasaba de los 50. Empezó una actividad empresarial basada en vender su vida en documentales y entrevistas, aparte de comercializar surrealistas objetos de merchandising. Desde sus redes sociales, Siempre y en toda circunstancia y en toda circunstancia muy activo, desafiaba a todo aquel que le llevara la contraria, rememoraba los años pasados junto a Escobar y lanzaba toda clase de consignas y amenazas a los políticos colombianos. El Patrón seguía llenando sus bolsillos en seguida de muerto. Plata o plomo
La alegre vida de Popeye De esta manera como famoso de la prensa sensacionalista alcanzó a su fin en 2018, en el horario reingresó en la cárcel culpado de extorsión. Cuesta ignorar la denominada del dinero fácil si es lo que has hecho A lo largo de toda tu vida. A alguien se le Sucedió que Jhon Jairo Velásquez sería un buen cobrador de deudas. El Sólo pronunciar su nombre ya asustaba, tenerlo hacia a cara hacía que muchos dieran su brazo a torcer. Bajo amenaza, algunos cambiaron sus propiedades y las pusieron a nombre de Popeye. Una de sus víctimas abandonó de contestarle al teléfono, por lo que Popeye localizó a su madre y se reunió con ella para explicarle las condiciones. Pero algo pasó. Asustar a una anciana debería ser sencilla, No obstante la mujer lo denunció. Los funcionarios lo tenían vigilado de cerquita y Sólo necesitaron ese pequeño empujón para devolverlo nuevamente a una prisión de máxima seguridad. La última bala
Sin duda, Popeye nunca aguardó morir de viejo. Es probable que tampoco imaginara sus últimos días agonizando en una cama de hospital. Él había mirado a los ojos a muchas de sus damnificados, escuchado sus súplicas, incluso había llegado a torturar sin ningún remordimiento. En sus entrevistas Siempre suponía que, Antes o bien a continuación, le tocaría estar al otro lado del revólver. Había evitado a la parca A lo largo de muchos años y al final se le anunció en forma de enfermedad terminal. Una bala que no ha podido esquivar.