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El sexo, el intenso placer que lleva millones de años comandando al ser humano

El biólogo Richard O. Prum, ornitólogo y experto en evolución de la Universidad de Yale (EE.UU.), está fascinado por la belleza de las aves. Le interesan especialmente los hermosos y coloridos rituales que algunos pájaros llevan a cabo para escoger pareja. En realidad son complejos y refinados. Un buen ejemplo es el del argos real (Argusianus grayi), un robusto faisán de Sumatra y Borneo cuyos machos hacen palidecer a los pavos reales. Éstos despejan parcelas del bosque, picotean el suelo y desfilan delante de las hembras. En un Sólo instante cumbre, el animal se convierte en una suerte de paraguas vencido por el viento y envuelve a la hembra con unas plumas de un metro de largo en una deslumbrante danza de colores e ilusiones ópticas, bajo la atenta mirada del macho (como si fuera se puede valorar en este vídeo, a la izquierda de la pantalla).<iframe width=”100%” height=”349″ src=”https://www.youtube.com/embed/in1xuvOCYUg” frameborder=”0″ allow=”accelerometer; autoplay; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture” allowfullscreen></iframe> La explicación evolutiva más extendido para esta clase de comportamientos es que son Al parecido que una marca que señala lo buenos que son los genes de estas aves. No obstante Prum tiene otra cosa en mente. Basándose en una teoría poco famosa de Charles Darwin, que publicó en su libro «El origen del hombre y la selección en relación al sexo», este científico sugiere que estos animales Sencillamente aprecian la belleza. Las hembras del argos disfrutan de ese despliegue y, Mediante miles de años, han ido escogiendo a los machos que mejor lo hacían. Por eso, hay hermosas aves que danzan juntas para seducir a las hembras u otras que decoran pulcramente sus parcelas con hongos, hojas, cascarones de insectos o bien frutos de diversos colores. Entre las aves, las hembras han tenido el poder. El poder de la belleza en los humanos Richard O. Prum defiende estas ideas en su libro «La evolución de la belleza» (editorial Ático de los Libros). Y no Sólo las aplica a las aves. El cantautor las extiende a un simio lampiño cuya forma de buscar pareja difiere notablemente de las de sus congéneres: el humano. Prum mantiene que el placer y el disfrute sexuales que la persona experimenta Antes y A lo largo de la cópula ha permitido que las preferencias de las hembras hayan moldeado el cuerpo masculino, Sin embargo que, simultáneos, las preferencias de ellos hayan cambiado el femenino. Todo esto ha convertido el sexo en un ceremonia placentero, complejo y alejado de la mera reproducción, con orgasmos muy intensos y una atracción muy moldeada por la cultura y la personalidad. Al platicar de todo esto, Prum semeja derribar ciertos mitos: que el orgasmo de ellas tiene alguna función oculta, más allí del placer, o bien que ellos no son selectivos a la hora de buscar pareja. La clave de estas ideas se basan en una concepción defendida por Darwin al terminante de su vida: la de que los ornamentos sexuales son arbitrarios y no necesariamente están vinculados con una ventaja adaptativa, en otros términos, que dejan abandonar más descendientes. De manera fácil, ciertos de los rasgos son hermosos o bien deseables para el otro sexo, generan una respuesta sensorial concreta, y eso ya tiene valor en sí mismo. Puede que en algún punto haya una relación entre lo bello y lo adaptativo, Sin embargo Richard O BIEN. Prum recuerda la necesidad de demostrarlo y no darlo por sentado. El simio humano Los humanos son simios africanos, una estirpe de primates del antiguo planeta, entre los que están los gibones, los orangutanes, los gorilas y los chimpancés. Cada uno de sus cuñados tienen un comportamiento sexual diferente: por ejemplo, los gorilas viven en Conjuntos de varias hembras dominados por un único macho de «espalda plateada» y Solo tienen sexo Una vez que la hembra está en celo. Si es que bien, los bonobos practican sexo con muchos individuos de su grupo, sin necesidad de que haya celo, incluso con congéneres del mismo sexo. Al margen de la reproducción, el acto sexual es una herramienta con la que los bonobos resuelven enfrentamientos sociales. Los humanos Además tienen sexo al margen de la fertilidad de la esposa Pero, a diferencia de los bonobos, son muy exigentes con las personas con las que mantienen relaciones y «la sexualidad humana se hace especialmente complicada», escribe Richard O BIEN. Prum. Una de las cosas que lo explican es que, junto a la evolución biológica que permanece ocurriendo Hoy en jornada, entre los humanos vivos, ocurre otra evolución cultural en todas y cada una de las poblaciones del mundo. Una y otra van ocurriendo en parte por medio de las preferencias sexuales que poseen hombres y mujeres. Esta elección de pareja mutua moldea el aspecto y el comportamiento que Los dos tienen. Por tanto, aparecen unos rasgos distintivos que el intérprete y escritor va desgranando En medio su libro. Las mujeres son selectivas… los hombres también
En primer lugar, Richard O. Prum cuestiona la idea sostenida por la psicología evolutiva Según la cual, dado que el esperma es barato de producir y los óvulos son caros, «los hombres son sexualmente despilfarradores y las mujeres sexualmente tímidas». Conforme dice, este estereotipo refleja muy pobremente el comportamiento humano: ni hombres y mujeres tienen un número tan diferente de parejas sexuales en su vida, ni unos ni otros sostienen encuentros sexuales al azar. Los dos son selectivos. Para los hombres, esto tiene que ver con el hecho de que «los machos humanos efectúan notables inversiones reproductivas, o sea, dedican recursos, tiempo y energía para resguardar, resguardar, alimentar y socializar a sus vástagos», escribe el causante en «La evolución de la belleza». Por consiguiente, «es de esperar que los machos evolucionen para ser más selectivos acerca de con quién desean reproducirse». Esto les diferenciaría, por ende, de machos de aves que no invierten tiempo ni energía en sus crías. Pechos grandes y caderas anchas
Estas preferencias masculinas tienen consecuencias acerca de las mujeres. «El resultado ha sido la coevolución de rasgos sexuales femeninos concretos, Del mismo modo que pechos permanentes y una forma corporal concreta, que no están presentes en ninguno de los demás simios», escribe el autor. Es cierto que están relacionados con la necesidad de dar a luz o bien con la capacidad eficiente de almacenar grasa, No obstante Además han evolucionado a causa de la elección de pareja masculina. Tanto Del mismo modo que para ir mucho más allá de lo que es necesario para la supervivencia o bien la reproducción, Al igual que las largas y hermosas plumas del argos real. Para empezar, al tiempo que las mamas de los mamíferos aumentan su tamaño Durante la ovulación y la lactancia, «las hembras humanas desarrollan pechos más grandes En el momento en que se empieza su madurez sexual y conservan el tejido mamario ampliado A lo largo de sus vidas». Este crecimiento de mamas permanentes, un rasgo exclusivo de los seres humanos, «no es preciso para la reproducción en sí y no tiene ninguna ventaja selectiva natural», incide Prum. «Más bien, la existencia de pechos en las mujeres es quizá un rasgo estético que ha evolucionado Gracias a la elección de pareja por parte del hombre». Asimismo, en las mujeres la grasa de las nalgas acentúa la manera de reloj de arena que crean los pechos, la cintura y las caderas. Según Prum, no hay pruebas de que esta distribución de grasa tan concreta esté relacionado con la calidad genética de la esposa o bien su salud. Rostros no muy masculinos Pese a la escasez de estudios que lo analizan, ellas Además eligen. Conforme el cantautor, «hay pruebas consistentes de que las hembras no prefieren las facciones más “masculinas”, caracterizadas por una mandíbula cuadrada y prominente, una frente amplia y despejada, unas cejas espesas y unas mejillas y unos labios delgados». Hay numerosos estudios que «han demostrado que las mujeres prefieren los rasgos faciales intermedios o bien incluso los que ciertos estudiosos describen Tal como “femeninos”». Del mismo modo, semejan preferir barbas de dos días Antes que barbas más pobladas y aparentemente masculinas. Además, un puñado de estudios muestran que ellas «suelen preferir cuerpos masculinos con músculos No obstante delgados, con hombros anchos y torsos en forma de V, y, en cambio, no acostumbran a gustarles tanto los hombres más musculosos». Un pene grande
Richard O BIEN. Prum mantiene que el pene humano es otro rasgo que ha sido seleccionado de forma arbitraria por las mujeres, sin que sus atributos actuales sean adaptativos. «Varios aspectos de la morfología del pene humano están más allí de lo cual es necesario para alcanzar la cópula y la fertilización». Al paso que el pene de un gorila mide tres centímetros o bien el del chimpancé siete, «el pene humano es más largo (de media unos quince centímetros en erección) y es más ancho que el pene de los demás simios». a su vez, en contraste a los otros, se caracteriza por «un glande bulboso y una cresta en la corona». Por si fuese poco, en comparación con los demás primates, a excepción del mono araña, el humano tiene un pene que carece de un hueso en su interior, que recibe La denominación de baculum o bien hueso peneano. ¿Por qué evolucionaría el pene humano De este modo? Prum sostiene que no hay ninguna ventaja adaptativa concreta para este exótico pene y sugiere que han sido las preferencias estéticas de las mujeres por esas morfologías las que le han dado su forma. ¿El motivo? El placer sexual. El tamaño importa, No obstante no tanto
Los primates no humanos tienen un pene que desaparece En el momento en que no está erecto. No obstante, el pene humano cuelga y Lo efectúa visiblemente, «puesto que evolucionó para ser más grande y más largo que el de cualquier otro primate». Según el cantautor, esto sugiere que posiblemente a las mujeres «les gustaba De La misma manera que rasgo de exhibición». Para Prum, es probable que el resto de sus rasgos (el grosor, el glande, etc) hayan «evolucionado Desde preferencias femeninas por órganos de copulación masculinos que producen un mayor placer». Este no Sólo estaría vinculado con la observación, Sino más bien más bien que Además con la experiencia sensorial y táctil de las interacciones sexuales y la cópula. Esto llevaría a una preferencia por penes más grandes, en comparación con los otros primates, No obstante no necesariamente en comparación con los demás penes humanos. «Las respuestas de las mujeres a la pregunta de si “el tamaño importa” son muy variables. Y, lo que También es muy interesante, el tamaño del pene del hombre Además es muy variable», explica el estudioso. «¿Es posible que ambas variaciones estén relacionadas?», se pregunta. Del mismo modo que ocurre con otros rasgos, De La misma manera que los pechos femeninos, «si el tamaño del pene es un rasgo estético arbitrario (…) podría ser altamente variable y contestar a una multiplicidad de gustos, y eso es lo cual sucede. Para gustos, colores (o bien tamaños)». Todos pueden encontrar la felicidad con otro
Lógicamente, no se puede olvidar el papel de las interacciones sociales: «Son un elemento vital en cómo experimentamos atracción sexual, con quién vamos a tener sexo y de qué manera nos vamos a enamorar», escribe el científico. En consecuencia, «Nuestras percepciones sobre el atractivo sexual cambian a medida que conocemos más a la otra persona». Por último, «las percepciones sociales subjetivas tienen un peso más grande en lo cual hallan atractivo que la apariencia física», Conforme Prum. Esto lleva a una interesante circunstancia, De forma tal escriben los investigadores Paul Eastwick y Lucy Hunt: «Esta idiosincrasia se revelará afortunada, Porque permite que prácticamente todo el planeta tenga la opción de establecer relaciones en donde ambas partes ven al otro También que un ser deseable de manera única». Esto es algo maravilloso, tal De exactamente la misma manera que plantea el autor: «Es una idea feliz pensar que la gente, En general, está diseñada para descubrir la felicidad social y sexual con otro, Pese a las variaciones del atractivo físico. El “valor de pareja” no es una medida objetiva y universal: es una experiencia relacional y subjetiva». Elegir pareja A lo largo del sexo repetido
El biólogo incide en la importancia de la cópula para la selección de pareja en los humanos. «El sexo ofrece a los individuos un amplio y rico abanico de estímulos sensoriales que pueden evaluarse». Dado que los encuentros sexuales humanos tienen una probabilidad baja de llevar al fertilización, y la ovulación (el celo en los animales) de las mujeres es oculta, para Richard O BIEN. Prum conviene pensar «que los humanos tienen preferencias de reapareamiento». Hombres y mujeres seleccionan a sus parejas A lo largo de encuentros sexuales repetidos. La propia experiencia de la elección de pareja es, en sí misma, placentera, como si fuera incluso Darwin planteó. Los encuentros sexuales repetidos, la evaluación estética de las experiencias cognitivas, sensoriales y fisiológicas del propio acto sexual, transformaron el comportamiento de apareamiento de hombres y mujeres, lo que llevó a que el sexo se convirtiera en una experiencia intensa, compleja y satisfactoria. Además explicaría la riqueza de las posturas A lo largo de el ceremonia sexual. «La propuesta estética es que el placer sexual y el orgasmo femenino han evolucionado pues las mujeres prefieren aparearse, y volver a aparearse, con hombres que estimulen su propio placer», termina el estudioso. No obstante el hombre no se queda atrás. Aunque su propio placer tiene una función muy relacionada con la eyaculación, ellos Asimismo disfrutan de orgasmos muy placenteros, más de lo estrictamente preciso. Prueba de ello es, Conforme el investigador, que la cópula y el orgasmo masculino humano dura más que el de los chimpancés o gorilas. a su vez, ellos no aceptan cualquier oportunidad para copular, «al eludir Ciertas oportunidades sexuales en favor de otras que le apetecen más; en otras palabras, Mediante la elección de pareja». Sexualidad y cultura
La complejidad se multiplica pues, De la misma forma de supuestos ornamentos Al igual que los pechos o el pene, la cultura humana desempeña un enorme papel en la elección de pareja: «No hay sexualidad humana sin cultura», sentencia el autor. Para Richard O. Prum es probable que estas preferencias culturales arbitrarias hayan modulado no Sólo el comportamiento (Al igual que el cortejo) Sino más bien También «nuestros propios cuerpos». En este punto, recuerda que «Lo que una cultura considera sexy puede ser objeto de censura en otra». Esto explicaría que la belleza femenina de las estatuas clásicas no se considere atractiva en el planeta occidental vigente, o bien que para los jóvenes mauritanos resulten excitantes las estrías en la piel de las mujeres debido de su rápido aumento de peso. Por todo esto, Según concluye el autor, «Hombres y mujeres estamos juntos en esto» y, quizás, «la elección de pareja mutua (…) ha llevado al refinamiento del orgasmo en Los dos sexos». Muchas de estas ideas, que el propio cantautor reconoce especulativas, podrían explicar por qué la belleza y el placer han evolucionado Del mismo modo que lo han hecho Durante millones de años, en criaturas tan distintas Del mismo modo que las aves o los primates. Y También son una interesante explicación para el complejo y rico comportamiento sexual de los humanos.