Terror en el espacio: 50 años del «Houston, tenemos un problema»

En la primavera de 1970 la apatía se extendía por el olvidadizo público estadounidense. Neil Armstrong había dado su enorme paso para la humanidad el 20 de julio del año previo, Así que, en el instante otro cohete Saturno V se lanzó a los cielos en el mes de abril, con la tripulación de la misión Apolo XIII a bordo, la expectación generada se dirigió una triste sombra de glorias pasadas. Los viajes a la Luna eran ya casi rutinarios para el respetable, Si bien es cierto que seguían siendo tremendamente arriesgados para los astronautas. En noviembre del 69 alunizó la tripulación del Apolo XII y, en vista de la ocación y los costos estratosféricos generados, el Poder legislativo ya le estaba recortando alas al programa y había cancelado la misión Apolo XX. En tanto tanto, la NASA se esforzaba por rizar el rizo y buscaba nuevas formas de demostrar el poderío técnico del país. Ahora de haber logrado hacer alunizajes de precisión, para la misión Apolo XIII se decidió dar formación a los tripulantes para recoger valiosas muestras lunares provistos de unos sofisticados instrumentos. De ahí el lema de la misión: «
Ex luna, scientia
» (de la Luna, conocimiento). Que se sepa, la recogida de muestras geológicas nunca despertó la Furor de las masas. Pero un hecho imprevisto convirtió a la misión Apolo XIII en la segunda misión más popular del programa, por detrás de la comandada por Neil Armstrong. A las 19:13:00 UTC del 11 de abril de 1970, los cinco motores F1 del gigantesco cohete Saturno se pusieron a plena potencia en la plataforma 39A de Cabo Cañaveral, en Florida, generando un empuje de 3,4 millones de kilogramos y consumiendo 13.000 litros de hidrógeno y oxígeno líquidos por 2do. A bordo viajaban el comandante, Jim Lovell, Jack Swigert, piloto del módulo de comando (bautizado En este sentido tal y como Odissey) y Fred Haise, piloto del módulo lunar (de nombre Aquarius). Error en uno de los motores
Cinco minutos y medio acto seguido, Lovell, Swigert y Haise sintieron una niña conmoción. En plena coreografía de órbitas y empujes, uno de los cinco motores de la 2da etapa se apagó dos minutos Ya antes de lo previsto, con lo que los otros cuatro estuvieron funcionando 34 segundos más para poner a la nave a la altura y velocidad adecuadas. Unas dos horas acto seguido, arrancó la maniobra de inyección en la órbita translunar (TLI). Solamente hacía presagiar, aún, que el 13 iba a ser el número de la mala suerte para el programa Apolo. La misión continuó Del mismo modo que estaba previsto ahora de ejecutar con victoria la compleja maniobra de ensamblaje entre el módulo lunar y el de comando. De esta forma, el pequeño «tren» de naves quedaba preparado a fin de que el módulo de comando se quedase en la órbita lunar Entre tanto el lunar descendía a parte superficial. a su vez, la maniobra ya permitía que la tripulación pasara de uno a otro. En el tercer día de misión, el 14 de abril, la tripulación filmó el interior de Ambos módulos, Pero ninguna televisión quiso retransmitirlo. Aun En este sentido, el comandante cumplió con su deber y Además hizo de maestro de ceremonias. «La tripulación del Apolo XIII les desea buenas noches a todos, estamos a punto de terminar nuestra inspección del Aquarius y regresar a pasar una agradable noche en el Odissey. Buenas noches», afirmó Lovell, para una audiencia que no se encontraba ahí. La nave estaba a unos 330.000 kilómetros de la Tierra y a punto de sufrir un grave accidente. «Houston, tenemos un problema»
Seis minutos y medio Tras la retransmisión, Sy Liebergot, responsable de monitorizar en Tierra los sistemas eléctricos del módulo de comando, pidió a la tripulación que activase unos ventiladores del tanque de oxígeno del módulo de servicio, que se encontraba anclado al módulo de comando, para comprobar unas anomalías en la presión. Swigert accionó el mando. Todo siguió en calma. Pero, 59 segundos después, llegó la detonación: «una explosión bastante grande», Según narraron los astronautas. El suministro eléctrico de la nave osciló A lo largo de unos instantes y el ordenador de abordo accionó los propulsores de altitud, para estabilizarla. Las comunicaciones se perdieron A lo largo de prácticamente dos segundos. 26 segundos Despues de ese «bang», la voz de Jack Swigert resonó en los altavoces del centro de control: «
Ok, Houston, we´ve had a problem here
» (De acuerdo, Houston, tenemos un problema). Al cabo de Varios segundos el comandante, Jim Lovell, lo reafirmó: «Houston, we’ve had a problem. We’ve had a Main B Bus undervolt». (Acá puedes escuchar la conocida comunicación). Aquellas palabras significaban que los astronautas habían detectado una caída en el flujo de energía Desde las baterías del módulo de servicio hasta el módulo de comando, la propia nave en sí, lo cual significaba, básicamente, que el suministro eléctrico fuerte estaba cayendo. Al rato, pudieron comprobar que dos de las tres células de combustible, de las que la nave obtenía electricidad, habían dejado de funcionar. Los incidentes no dejaron de acumularse. Las lecturas en los niveles de oxígeno de los tanques, precisos para alimentar la células de combustible, Empezaron a caer en uno de los tanques y se desplomaron en el otro. «Estamos expulsando (…) algún tipo de gas»
Trece minutos Más tarde de la detonación, Lovell se asomó por la ventana a la izquierda del módulo y vio algo que heló la sangre de los controladores: «Estamos expulsando algo a… al espacio». Jack Lousma, Capcom en Houston, contestó: «Roger, recibimos que estáis expulsando algo». A lo que Lovell dijo: «Es algún tipo de gas». Para ser más exactos, la nave estaba expulsando su precioso oxígeno. Lo cual acababa de suceder es que había estallado el tanque de oxígeno número 2 y la explosión había dañado al número 1, que en seguida tenía una fuga. Eso significaba que la única célula que suministraba electricidad al módulo de comando se iba a apagar en cuestión de minutos, en el horario se agotase el oxígeno. Sin duda, El propósito primordial de la misión era traer de vuelta a los astronautas. En la fecha Solo quedaban unos 15 minutos de energía en el módulo de comando, los controladores le pidieron a los tripulantes que pasaran al módulo lunar para emplearlo De exactamente la misma forma que salvavidas. Allá tenían provisiones y oxígeno y un motor, el propulsor de descenso. Podían emplearlo para empujar a la nave Tras rodear la Luna y tratar de insertarla en una órbita de amerizaje en la Tierra. Una vez en las cercanías, pasarían al módulo de comando, liberarían el módulo de servicio y atravesarían la atmosfera con su escudo protector. Rumbo a la Tierra
La clave era a continuación calcular de qué manera y en qué momento había que activar el motor de descenso. Posiblemente no habría una 2da oportunidad. Los ordenadores y los matemáticos se pusieron manos a la obra. La constelación de restos generados por la detonación que acompañaba a la nave dificultó los cálculos: todo dependía de conocer con precisión la orientación y velocidad del Apolo XIII, cosa que se solía hacer con la posición de las estrellas, No obstante los residuos brillaban y creaban confusión. Conque Lovell tuvo que recurrir a la única estrella que no estaba tapada por los restos: el Sol. Orientaron la nave adecuadamente, centrando el espectacuar disco blanco de la Luna en la ventana del comandante, y se activó el motor de descenso, que estuvo quemando combustible A lo largo de unos 4 minutos y 23 segundos cruciales. En la fecha se apagó, la nave ya estaba predestinada a entrar en la atmosfera y a amerizar en el Pacífico, donde aguardaba una flota de rescate capitaneada por el navío «USS Iwo Jima». Al menos en teoría. A bordo del Aquarius había oxígeno más que de sobra: tanto en el tanque de descenso, Del mismo modo que en Los dos tanques de los motores de ascenso, De la misma forma que en dos mochilas llenas, que a su vez contaban con oxígeno de urgencia. Nada que no arregle la cinta americana
Pero aun De esta manera, los astronautas corrían el riesgo de asfixiarse a causa de otro gas: el CO2. El módulo lunar contaba con unas latas llenas de pastillas de hidróxido de litio para absorber el dióxido de carbono expulsado por la respiración de los tres tripulantes, No obstante Sólo cubrían 45 horas, en el horario el vuelo iba a durar el doble. En el módulo de mando Odissey había más de estas latas, Pero su manera no era la adecuada y no encajaban con el club del módulo lunar. Los ingenieros se pusieron manos a la obra. En un Solo alarde de ingenio digno de MacGyver, aprovecharon todo lo que había en la nave para aprovechar esas pastillas y eludir la agónica muerte de los astronautas. Lograron disponer resuelto el problema en 1 hora. Empleando fundas de plástico de manuales, cinta americana y un tubo de plástico, lograron crear un «adaptador» y un puente que dejó que los peligrosos niveles de CO2 bajaran en el módulo lunar. El invento recibió El nombre de «buzón». Los astronautas estaban salvados. De instante. Sed y frío
Lo cierto es que enseguida, los tripulantes del Aquarius tuvieron que hacer frente a dos problemas más: la sed y el frío. El agua se producía en el módulo de comando Del mismo modo que subproducto de la generacion eléctrica, No obstante no ocurría De esta forma en el módulo lunar. Por consiguiente, los astronautas tuvieron que racionar el agua a 0,2 litros diarios y por persona, y aprovechar hasta la útlima gota que quedó en el módulo de comando. Por lo tanto, no sorprende que perdieran Múltiples kilogramos en el espacio. Además, tuvieron que restringir al mínimo el consumo de electricidad en el módulo lunar. Por eso, la temperatura se desplomó hasta unos tres grados en un Solo habitáculo pequeño y oscurecido, apenas separado del espacio por unos cuantos milímetros de metal. Pese a los meticulosos cálculos, la nave se desvió de su trayectoria y al acercarse a la Tierra, los astronautas tuvieron que reajustar su velocidad y posición con el motor de descenso. La constelación de restos continuaba pisándoles los talones, conque tuvieron que orientarse con la línea del terminador, la marca que delimita la jornada y la noche en la Tierra A partir de el espacio, y ajustar la posición de la nave activando los propulsores. Por último, pudieron desenganchar el módulo de servicio y observar los daños: efectivamente, una ruido había hecho saltar por los aires un depósito y un panel entero. Ingenieros para un pequeño cálculo
En este momento, la nave estaba compuesta por el módulo de mando y el módulo lunar una configuración anómala que ponía las cosas difíciles en las proximidades de la Tierra. Ahora Solo faltaba desenganchar el bote salvavidas de manera segura, Sin embargo hacerlo de la manera inadecuada habría puesto en peligro la reentrada. Por eso, todo un grupo de ingenieros de la Universidad de Toronto (Canadá) tuvo que calcular con precisión «astronáutica» la cantidad de aire expulsado para desenganchar ambas partes. Lo lograron y el módulo lunar se desintegró en la atmósfera Entre tanto que el módulo de mando entró de manera adecuada. Finalmente, Jim Lovell, Jack Swigert y Fred Haise reentraron en la atmosfera de la Tierra el 17 de abril, unos seis días Después de su lanzamiento, A continuación de días de tensión, inseguridad… y sed. El módulo cayó a enorme velocidad y la atmosfera inició a frenarlo y a producir una poderosa fricción. En una ocasión normal, la reentrada habría interrumpido las comunicaciones A lo largo de cuatro minutos, No obstante en aquel caso, los astronautas estuvieron ausentes A lo largo de seis. Aquellos dos minutos debieron de ser terribles. ¿Y si es que en seguida de toda aquella odisea los astronautas habían acabado volatilizados? Por suerte, no se dirigió Así, y se pudo recuperar contacto. El módulo de mando estaba flotando mansamente en el Pacífico Sur, con los paracaídas tendidos en el agua. Los tripulantes estaban a salvo. Si nadie había seguido el lanzamiento ni la retransmisión en el espacio, en aquel instante había 40 millones de estadounidenses pegados a las televisiones. Cuatro buques soviéticos se hallaban en la zona para ayudar en el rescate y días Ya antes el Papa Pablo VI había solicitud rezar por los astronautas, frente una multitud de 10.000 personas. La investigación posterior descubrió que el accidente se desencadenó Debido a errores en un Sólo aislante en el depósito de oxígeno número dos, y se llevaron a cabo cambios en consonancia. Tiempo más tarde, se rodó una película y Varios documentales. Y ya en 1995, la adaptación de Ron Howard, protagonizada por Tom Hanks, Kevin Bacon, Bill Paxton y Ed Harris inmortalizó estos dramáticos hechos. Lo llevaron a cabo con bastante precisión, Pero acortaron la famosa frase y la dejaron en un «Houston, tenemos un problema». Con lo que semeja, se dirigió más de uno.