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Brexit en tiempos de pandemia

en medio de la emergencia del coronavirus, el gobierno de Boris Johnson tiene De la misma forma que negociar con la Unión Europea un pacto económico y comercial definitivo. El período transitorio por el que se siguen aplicando las normas comunitarias acaba en diciembre de 2020 y los tories ha convertido en un principio sagrado su negativa a solicitar la prórroga y proseguir siendo lo que llaman un «Estado vasallo». El primer ministro, con su desenvoltura típico, dice que si Bruselas no le facilita las cosas está dispuesto a saltar al precipicio del «no acuerdo» y cortar por lo sano con el mercado europeo. No obstante el club negociador de Michel Barnier no tiene prisa y se remite a lo establecido para la salida del Reino Unido en enero, en esencial las garantías de que no va a haber competencia infiel una vez fuese de la Unión y la regulación de la ocación futura de Irlanda del Norte. Este territorio se mantendrá en la unión aduanera y, a cambio, va a haber que establecer controles aduaneros en el Mar de Irlanda, un pacto del que ahora reniegan muchos conservadores en Londres. Brexit ya era un mal negocio Ya antes del coronavirus. Con la economía en depresión y un gobierno fuertemente criticado por su reacción tardía ante al virus, tiene todavía menos sentido el aislamiento británico y la desconexión de sus mejores aliados. Un buen ejemplo es la solicitud que han hecho de participar en el Sistema de Alerta y Respuesta Europeo frente las pandemias, Tras haber ocasionado baja en exactamente el mismo. En teoría, la salida de la UE permitía al UK jugar con más libertad en la globalización. Sin embargo ese planeta de mercados abiertos y reglas multilaterales ha entrado en decadencia acelerada. Las tensiones entre Estados Unidos y República Popular China ilustran el auge del nacionalismo. Uno de los mejores antídotos continua siendo la integración europea. La respuesta económica en ante de la crisis, puesta en marcha A partir de las instituciones de la UE y alentada por Angela Merkel y Emmanuel Macron, desmiente una vez más las cansinas profecías anglosajonas acerca de el definitivo inminente del sueño europeo.