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Un hincha irreductible llamado Juanito

La imagen es icónica para todos y cada uno de los madridistas. El 22 de mayo de 1985 conquistaba el la capital española su 1er título europeo en prácticamente veinte años. La Copa de la UEFA, que en aquella temporada era como una Champions de ahora al disputarla el 2do, tercero y cuarto de las grandes ligas del continente, era levantada por el club entrenado por Luis Molowny en un Bernabéu abarrotado.

Cierto que el contrincante no era de gran alcurnia, el Videoton húngaro, Pero hasta la final llegaron los magiares Después de eliminar, entre otros muchos, al Partizán (subcampeón de Europa en 1966) y al mismísimo Manchester United. Pero el 0-3 de la ida en campo húngaro hacía presagiar una goleada que no llegó. A los seis minutos falló Jorge Valdano un penalti (lo detuvo el barbudo Peter Disztl) y el Videoton llegó a marcar en los últimos minutos (Majer, 86′), dejando un sabor agridulce en la celebración…

hasta el instante en que apareció Juanito. siempre y en toda circunstancia y en todo momento y en toda circunstancia genio y figura. El de Fuengirola compartía con muchos de sus compañeros el sabor amargo de la final de la Copa de Europa perdida en la ciudad de París ante al Liverpool (1981) o bien la semifinal con el Hamburgo un año ya Ya antes, que impidió jugar en Chamartín la final de la Copa de Europa. Juanito debía esas frustraciones en su cabeza y entendió que pese al 0-1 lo esencial era el hecho en sí. El la capital española había borrado en esa Copa de la UEFA al Anderlecht (con una remontada épica Después de el 0-3 de Bruselas, al ganar 6-1 a los de Enzo Scifo), al Tottenham y al Inter de Milán, al que levantó el 2-0 de San Siro con un 3-0 imperial.

El mérito fue eliminar a esos grandísimos equipos europeos y de ahí que Juanito lo celebró acerca de el césped por todo lo alto. De un aficionado cogió la gorra del ‘Madrí’ y una bufanda del club de sus amores. De esa forma salía el Juanito aficionado, ese que mantuvo un día que «con 15 años hubiese sido ultrasur si no hubiese sido futbolista». Juan debía alma de hincha. Padecía las derrotas como un seguidor más y celebraba los triunfos sin remilgos, sin complejos, con la euforia lógica de quien es feliz y hace feliz a los demás. Esa imagen de Juanito con gorra y bufanda nos identificó a muchos madridistas de mi generación (yo debía 20 años recién cumplidos). Juanito se saltaba simbólicamente la valla y se convertía en un merengue más. Eso le acercó a la tribuna para siempre y en toda circunstancia y en todo momento y en toda circunstancia. Todo ello, unido a su terrible accidente mortal de tráfico en 1992, lo elevó al grado de leyenda blanca para los restos. ¡Illa, illa, illa, Juanito Maravilla!

Fuente: periódico As

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