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Y el Capitolio se convirtió en cuartel

Al despuntar el alba, Una vez que los primeros diputados, secretarios y periodistas llegaron al Capitolio Tras pasar verjas, barricadas y controles de seguridad, miles de soldados aún dormían en el suelo, en salas y pasillos. No se veía una estampa similar A partir de aquellos aciagos días de la Guerra Civil, en la fecha en 1861 los soldados llegados de todos y cada uno de los rincones de la Unión se acuartelaron en este solemne edificio de mármol a la espera de órdenes del nuevo presidenta, Abraham Lincoln. En seguida, estos soldados, unos 2.000 acuartelados dentro de la sede del simposio, tienen la misión de defender este mismo Capitolio de nuevos saqueos de acá a la toma de un nuevo presidenta, Joe Biden. Ayer al amanecer, dormitaban donde podían, vestidos de uniforme, con sus fusiles y sus petates al lado, aprovisionados de agua y cajas de raciones de comida envasada idéntica a la que se llevan a Irak o bien Afganistán. Amontonados a un lado, habían dejado cientos y cientos de escudos antidisturbios transparentes. GALERÍA Vea la galería completa (20 capturas) A medida que comenzaba el trasiego diario en los recibidores y pasillos del Capitolio, con los primeros asistentes entrando cargados de cafés y carpetas, los soldados se incorporaron, e llevaron a cabo lo cual cualquier visitante está tentado de hacer en tan solemne lugar: se tomaron capturas con las muchas estatuas. Un grupo de cuatro uniformados de raza negra se retrató junto a la estatua de Rosa Parks, activista a favor de los derechos civiles que en 1955 desató toda una revuelta al negarse a levantarse de un asiento reservado para blancos en un Sólo autobús. Horas dramáticas
Poco a poco se acudieron incorporando otros soldados que todavía descansaban, con las bocas cubiertas por máscaras y las botas puestas, acostados junto a otras esculturas reconocidas, De exactamente la misma forma que la réplica en yeso de la estatua de la Libertad (no la de Inédita York, Sino más bien más bien que otra que está acerca de la Cúpula del mismo Capitolio). Pasadas las diez de la mañana, la presidenta de la Cámara de Representantes y líder demócrata, Nancy Pelosi, les llamó a la explanada oriental del edificio para agradecerles en persona su servicio en estas «horas dramáticas para la nación americana». Y no son Solo los soldados los cuales lo custodian. El Capitolio está rodeado de un perímetro de seguridad inaudito. Calles cortadas rodean vallas de metal y barricadas. En total hay desplegados en la capital de EE.UU. más de 15.000 soldados. Otros 5.000 se les sumarán de acá a la toma de posesión de Biden, llegados de seis estados cercanos, en su mayoría reservistas de la Guardia Nacional, que se suele movilizar dentro de las fronteras nacionales en el caso de urgencia o catástrofe natural. Junto a ellos, custodian la sede del poder legislativo la policía del Capitolio y los agentes metropolitanos de Washington, Además del FBI. Las medidas son completamente excepcionales para todos, no Sólo para los visitantes. El Capitolio, la casa del pueblo, no Sólo es una fortaleza por fuese Después de el saqueo del 6 de enero. Lo es Además por dentro. Pelosi, la jefe demócrata, ha hecho instalar arcos detectores de metales para el acceso a la Cámara, e inclusive los legisladores deben pasar ahora por ellos, algo que Ya antes no sucedía. Muchos republicanos protestaron, pues consideraron que era una intromisión en su derecho a la intimidad. En realidad, a muchos de esos republicanos les indignaba que Pelosi enviara el mensaje de que algunos podrían ir armados, en señal de que podrían haber estado de consenso e incluso ayudado la insurrección y el saqueo de la semana pasada. «¡Nos desean desarmar!», gritó Mientras que pasaba por los arcos Lauren Boebert una de las pocas republicanas que quedan completamente fieles a Donald Trump. Sus protestas no sirvieron de nada. De exactamente la misma manera que todos, tuvo que pasar por el arco.