Economía

Cómo la tecnología y la industria cambiaron el mercado laboral: la explicación de Daza comparando con Estados

El funcionario desglosó el impacto de las fuerzas económicas y tecnológicas en el empleo de EE.UU. y lo relacionó con la realidad argentina. Qué significa para los trabajadores locales.

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Dos ofertas laborales en una balanza con dinero de un lado y reloj, transporte y comida del otro
(CC BY 4.0 — libre difusión con atribución a Q Company)

El mercado laboral argentino enfrenta desafíos que muchos asocian con la inflación y los costos, pero hay una capa más profunda ligada a los cambios tecnológicos y productivos. Así lo planteó el funcionario Daza al explicar la transformación que vivió Estados Unidos y cómo eso se traslada al caso local.

En números, la industria estadounidense perdió millones de puestos de trabajo en las últimas décadas, pero no solo por la globalización. La automatización y el avance tecnológico explican gran parte de esa caída. Según los datos que repasó Daza, sectores como la manufactura redujeron su participación en el empleo mientras la productividad por trabajador se multiplicó.

Traducido al lenguaje de todos los días: las máquinas y el software hacen hoy el trabajo que antes hacían tres o cuatro personas. Eso genera más riqueza en términos agregados, pero deja a muchos trabajadores con habilidades que ya no son demandadas en la misma cantidad.

Daza llevó la discusión al plano argentino. Acá el problema se combina con inflación crónica, inestabilidad cambiaria y costos laborales que complican la contratación formal. El comerciante de Once que tiene que remarcar precios cada semana lo siente en carne propia: cuando los márgenes se achican, la primera variable que ajusta es el personal.

¿Qué significa esto para tu bolsillo? Si sos un trabajador con calificación media o baja, el riesgo de que tu puesto sea reemplazado por tecnología es cada vez más concreto. Al mismo tiempo, crecen los empleos en servicios, tecnología y logística, pero exigen habilidades distintas: manejo de datos, idiomas o adaptación rápida.

El funcionario remarcó que no se trata de una receta mágica. En Estados Unidos, la transición generó ganadores y perdedores: ciudades enteras quedaron atrás mientras otras se reconvirtieron alrededor de la innovación. En Argentina, el desafío es mayor porque la base industrial es más chica y la informalidad ya ronda el 40% del empleo.

Para ponerlo en contexto, la tasa de desempleo oficial se mantiene en niveles moderados, pero eso esconde subempleo y empleos de baja calidad. Los analistas coinciden en que sin una política activa de reconversión laboral y formación continua, el gap entre oferta y demanda de trabajo calificado va a seguir creciendo.

Daza insistió en que la discusión debe ir más allá de los salarios y las indemnizaciones. Hay que mirar cómo se prepara a la fuerza laboral para los empleos del futuro: desde programación básica hasta manejo de herramientas de inteligencia artificial adaptadas a la industria local.

Si la tendencia global se mantiene, los próximos años van a demandar menos operarios de línea tradicional y más técnicos capaces de supervisar procesos automatizados. Para el bolsillo del trabajador medio, eso implica invertir en capacitación ya, porque esperar a que el Estado resuelva todo puede significar perder terreno.

En resumen, la explicación de Daza sirve para entender que el problema del empleo en Argentina no es solo macroeconómico. Hay un componente estructural ligado a cómo evolucionan la industria y la tecnología, tal como ocurrió en Estados Unidos. Ignorarlo solo posterga soluciones que los trabajadores necesitan hoy.

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