Cómo llega la clase media argentina al 2027: poder adquisitivo, inflación y salarios
Tras años de fuerte erosión, la clase media encara 2027 con salarios que recuperan terreno pero todavía por debajo de los niveles prepandemia. Analizamos el impacto en el bolsillo de las familias porteñas.
El 2027 se acerca y la clase media argentina llega con más preguntas que certezas. Después de una inflación que en 2025 superó el 40% anual y un 2026 que arrancó con una fuerte corrección de precios relativos, el poder adquisitivo de los salarios medios todavía no termina de recuperarse.
En números: según datos del INDEC actualizados al segundo trimestre de 2026, el salario real del trabajador registrado promedio se ubica un 12% por debajo del nivel de 2019. Para un empleado de clase media que cobra alrededor de $1.200.000 mensuales, eso equivale a unos $170.000 menos de capacidad de compra real por mes.
¿Qué significa esto para tu bolsillo?
Si sos parte de ese segmento que vive entre el alquiler, la cuota del auto o del colegio privado y las vacaciones una vez al año, el ajuste se sintió fuerte. El alquiler en CABA subió 85% en los últimos 18 meses, las cuotas de los créditos UVA se recalcularon al alza y el supermercado sigue siendo el rubro que más duele.
Traducido: una familia tipo de clase media (dos adultos, dos chicos) que en 2023 destinaba el 35% de sus ingresos al supermercado, hoy destina cerca del 48%. Eso obliga a recortar en otros lados: salir menos, postergar el cambio de celular o directamente achicar el presupuesto de esparcimiento.
Los datos del último relevamiento de la Universidad Di Tella muestran que el 62% de los hogares de clase media baja reportaron haber reducido consumo de carne y lácteos en los últimos seis meses. No es que dejaron de comer, pero sí cambiaron cortes por milanesas de pollo o carne picada más seguido.
La recuperación prometida para 2027
Los analistas del mercado esperan que la inflación cierre 2026 cerca del 28% y baje a un dígito alto en 2027. Si el salario nominal sube entre 35% y 40% el año que viene, el salario real podría crecer entre 8% y 12%. Suena bien, pero parte de una base muy baja.
Para ponerlo en contexto: recuperar los niveles de poder adquisitivo de 2017 demandaría al menos dos años más de crecimiento real sostenido. Mientras tanto, el comerciante de Once (como mi viejo) sigue remarcando precios cada lunes sin saber a cuánto va a abrir el dólar blue.
El rol del dólar y las tarifas
Uno de los factores que más condiciona el bolsillo de la clase media es el precio del dólar. Con un blue que se mantiene relativamente estable por encima de los $1.800, cualquier salto genera remarcaciones inmediatas en los productos importados o con componentes dolarizados (desde electrónicos hasta insumos para panaderías).
Las tarifas de luz y gas también van a seguir ajustándose en 2027. El Gobierno ya anunció que el esquema de subsidios se va a focalizar todavía más, lo que implica aumentos reales para los segmentos medios y altos. Una boleta de luz que hoy ronda los $35.000 para un departamento de tres ambientes en Palermo podría superar los $55.000 el año que viene.
Plazos fijos, UVA y alternativas
El que pudo ahorrar algo durante 2026 vio que los plazos fijos tradicionales rindieron por debajo de la inflación. Muchos optaron por UVA para protegerse, aunque el miedo a una nueva devaluación fuerte sigue latente.
Para 2027, los bancos ya están promocionando instrumentos atados a la inflación más una tasa real positiva. Si la confianza se mantiene, podría ser una herramienta para que la clase media vuelva a pensar en el mediano plazo en vez de vivir al día.
Qué puede hacer el lector común
Si estás leyendo esto y te identificás con la clase media ajustada, los consejos que surgen de los propios comerciantes y analistas son pragmáticos: llevar un registro estricto de gastos, priorizar deudas en pesos antes que en UVA si la tasa es favorable, y diversificar un poco el ahorro entre dólar y instrumentos indexados.
El 2027 no va a ser el año de la explosión del consumo, pero sí podría marcar el punto de inflexión donde el salario real empieza a recuperarse de verdad. Para eso, la inflación tiene que seguir bajando y los salarios tienen que ganarle de manera consistente.
Mientras tanto, la clase media sigue haciendo malabares: remarcando el propio presupuesto cada primero de mes, como si fuera un negocio de telas en Once.