Economía

Crisis en la industria textil: la actividad cayó 20% en 2026 y los fabricantes expresan su indignación

El desplome del consumo interno y la competencia del comercio exterior llevaron a la producción nacional a sus niveles más bajos en tres años. Fabricantes de Once y alrededores alertan sobre el impacto en empleos y márgenes.

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Crisis en la industria textil: la actividad cayó 20% en 2026 y los fabricantes expresan su indignación
Economía / Bolsillo — Noticias Argentinas (3/7)

La industria textil argentina atraviesa uno de sus peores momentos en los últimos años. Según datos del sector, la actividad cayó un 20% en 2026, ubicándose en los niveles más bajos de los últimos tres años. El dato no sorprende a quienes viven del rubro: en Once, donde se concentra buena parte de la producción y comercialización mayorista, los comercios y talleres muestran una parálisis que se siente en la caja día a día.

El consumo interno se derrumbó. Las familias ajustaron el gasto en ropa y calzado ante la pérdida de poder adquisitivo, y eso se tradujo directamente en menos pedidos a los fabricantes. Un fabricante de telas que opera en el barrio desde hace más de 25 años contó que en los últimos meses tuvo que reducir turnos y postergar compras de insumos porque simplemente no hay demanda.

A eso se suma la presión del comercio exterior. Las importaciones de prendas y tejidos, muchas veces más baratas, compiten en precios con la producción local, que carga con costos impositivos, energéticos y laborales más altos. El resultado es una combinación tóxica: menos ventas adentro y más competencia afuera.

En números, la caída del 20% representa una contracción significativa para un sector que históricamente fue generador de empleo. Según estimaciones del sector, miles de puestos de trabajo están en riesgo si la tendencia no se revierte en los próximos meses. Los márgenes ya están bajo presión: muchos fabricantes remarcan poco porque el cliente final no tolera más aumentos, pero los costos (luz, alquileres, insumos importados) no paran de subir.

"Es indignante", expresaron varios empresarios consultados. No solo por la caída en sí, sino porque sienten que no hay una política clara que acompañe al sector. La falta de previsibilidad en el dólar, las tasas de interés altas que encarecen el financiamiento de stocks y la presión impositiva terminan siendo una combinación que ahoga a las pymes textiles.

Para ponerlo en contexto, hace tres años la industria operaba con niveles de utilización de capacidad instalada que hoy parecen un recuerdo. La recuperación post pandemia fue efímera y la actual crisis de consumo terminó de golpear un sector que ya venía golpeado.

¿Qué significa esto para el bolsillo de la gente común? Por un lado, precios de ropa que, aunque parezcan altos, no compensan los costos de los productores. Por el otro, riesgo de cierre de talleres y comercios que durante décadas fueron fuente de trabajo en barrios como Once, Flores y Barracas.

Los fabricantes piden medidas concretas: alivio impositivo, control efectivo del ingreso de mercadería que compite deslealmente y algún tipo de financiamiento a tasas razonables para poder sostener la producción. Mientras tanto, muchos optan por reducir stocks al mínimo y operar solo con pedidos concretos, una estrategia de supervivencia que no genera crecimiento.

Si la tendencia se mantiene, los analistas del sector advierten que la caída podría profundizarse hacia fin de año. Para el comerciante de telas que tiene que pagar alquileres en dólares y sueldos en pesos, el panorama es de incertidumbre total. La pregunta que se hacen todos en el rubro es cuánto más pueden resistir antes de que la parálisis se transforme en algo irreversible.

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