Una primera señal de alerta fiscal y los nuevos desafíos para el segundo semestre
El superávit primario de los primeros meses del año muestra los primeros signos de agotamiento. Economistas advierten que el segundo semestre traerá mayores presiones fiscales y menor holgura para el Gobierno.
El superávit fiscal primario acumulado en los primeros cinco meses del año comienza a mostrar fisuras. Según datos oficiales, el resultado positivo se redujo en mayo respecto a los meses previos, marcando la primera señal clara de que el ajuste podría estar llegando a su límite.
Este cambio se da en un contexto de caída de la actividad económica, menor recaudación por IVA y Ganancias, y mayores gastos en jubilaciones y subsidios energéticos. Economistas consultados coinciden en que el segundo semestre será más exigente para las cuentas públicas.
"El superávit de los primeros meses fue impulsado por el fuerte ajuste inicial, pero ahora enfrenta vientos en contra", explica un analista del sector privado. La licuación de jubilaciones y salarios ya no genera el mismo alivio y los ingresos tributarios muestran signos de agotamiento.
Uno de los puntos más sensibles es el gasto en jubilaciones. Con la nueva fórmula de movilidad, los haberes aumentarán por encima de la inflación en los próximos meses, lo que implicará un mayor desembolso para el Tesoro. Además, el pago de aguinaldos en junio y diciembre agrega presión adicional.
En materia de subsidios energéticos, el Gobierno ya anunció que no habrá más recortes significativos. Las tarifas seguirán aumentando pero a un ritmo más moderado, lo que significa que el Estado deberá absorber parte del costo.
La recaudación también preocupa. La recesión impacta directamente en el consumo y, por ende, en el IVA. Las exportaciones agrícolas, que suelen aportar fuerte en el segundo semestre, llegan con precios internacionales más bajos que en 2023.
Frente a este panorama, el Ejecutivo deberá definir cómo financiará el rojo que se acumule en la segunda mitad del año. Las opciones pasan por mayor emisión, nueva deuda o un ajuste más profundo en el gasto.
Desde el mercado ya se habla de la necesidad de un "plan B" fiscal. Algunos analistas sugieren que el Gobierno podría buscar un acuerdo con el FMI que incluya metas más realistas para 2025, aunque por ahora la postura oficial es mantener el superávit.
El desafío no es menor. Mantener el equilibrio fiscal es clave para la estabilidad cambiaria y para avanzar en la salida del cepo. Sin embargo, si la economía no repunta, el costo social y político del ajuste podría volverse insostenible.
Los próximos meses serán clave para ver si el superávit fiscal fue solo un fenómeno de los primeros meses o si el Gobierno logra sostenerlo en un contexto más adverso. Por ahora, la primera señal de alerta ya está encendida.