El día que una turba mató y se comió a su Primer Ministro en los Países Bajos
En 1672, en plena invasión extranjera y crisis económica, Johan de Witt, Gran Pensionario de Holanda, fue linchado por una multitud enfurecida junto a su hermano Cornelis. Los cuerpos fueron descuartizados y, según testimonios históricos, partes fueron vendidas y consumidas.
En agosto de 1672, en plena crisis que los neerlandeses llaman todavía hoy “El Año Desastroso”, una turba enfurecida asesinó, colgó, descuartizó y, según múltiples registros de la época, comió partes del cuerpo del hombre que había sido el líder político más importante de la República de los Siete Países Bajos.
Johan de Witt tenía apenas 28 años cuando, en 1653, fue nombrado Gran Pensionario de la provincia de Holanda, cargo equivalente al de primer ministro. Durante casi dos décadas dirigió con éxito la política exterior y comercial de una potencia naval que en ese momento dominaba los mares. Fortaleció las finanzas del Estado, firmó tratados ventajosos y mantuvo el poder en manos de la élite regente, limitando la influencia de la Casa de Orange.
Pero en 1672 todo se derrumbó. Francia de Luis XIV, Inglaterra de Carlos II y los obispados de Münster y Colonia atacaron simultáneamente por tierra y mar. La República quedó rodeada. Al mismo tiempo, la población sufría hambre por el aumento de precios y la escasez de alimentos. Necesitaba un culpable.
Ese culpable fue De Witt. Lo acusaron de haber descuidado el ejército y de traicionar al país. En julio, su hermano Cornelis fue arrestado bajo la acusación de planear el asesinato de Guillermo III de Orange. Johan renunció al cargo el 4 de agosto. El 20 de ese mes, mientras visitaba a Cornelis en la prisión de Gevangenpoort en La Haya, una multitud se congregó frente al edificio.
La milicia que debía protegerlos se unió a los manifestantes. Sacaron a rastras a los dos hermanos, los lincharon y colgaron sus cuerpos del cadalso conocido como Groene Zoodje. Luego los descuartizaron. Testimonios de la época, recogidos en archivos como el Nationaal Archief, indican que partes de los cuerpos fueron vendidas como “recuerdos” en el mercado y que algunas fueron consumidas por los más exaltados.
Para ubicarse en el contexto: la República de los Países Bajos era en ese momento una confederación de provincias independientes que había logrado su libertad de España décadas antes. Johan de Witt pertenecía al Partido de los Estados, que defendía el poder de las élites urbanas frente al partido orangista, que quería un estatúder fuerte, cargo que finalmente asumió Guillermo III en medio de la guerra.
La violencia de ese 20 de agosto de 1672 marcó el final del Primer Período sin Estatúderes y el comienzo de una nueva etapa política en los Países Bajos. El episodio sigue siendo uno de los más brutales y controvertidos de la historia neerlandesa, recordado como símbolo de hasta dónde puede llegar la ira popular cuando se combina crisis económica, guerra y propaganda.
Hoy, más de 350 años después, los Países Bajos siguen debatiendo el legado de Johan de Witt: un estadista brillante para unos, un chivo expiatorio para otros. Su muerte caníbal sigue siendo un recordatorio extremo de lo que ocurre cuando una sociedad en crisis decide que alguien debe pagar por todos sus males.