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La NASA halló un planeta formado por cenizas de una estrella muerta

Investigadores detectaron un cuerpo celeste único que se formó a partir del material expulsado por una enana blanca, lo que lo convierte en un "planeta de segunda generación".

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La NASA halló un planeta formado por cenizas de una estrella muerta
La Nacion

Un equipo de astrónomos de la NASA identificó un planeta que se formó con los restos de una estrella ya extinguida. Este hallazgo, publicado en los últimos días, representa un caso excepcional en la exploración espacial y abre nuevas preguntas sobre cómo se crean mundos después de la muerte estelar.

El objeto orbita una enana blanca, el núcleo denso y caliente que queda tras el colapso de una estrella similar al Sol. Según los datos recolectados, el planeta surgió del material expulsado durante ese proceso final de agonía estelar, lo que lo convierte en un "planeta de segunda generación".

Para ubicarse: una enana blanca es lo que queda después de que una estrella agota su combustible nuclear. En su fase final, expulsa sus capas exteriores en forma de nebulosa, dejando un núcleo extremadamente denso. El nuevo planeta se habría condensado a partir de esos restos dispersos.

El descubrimiento fue posible gracias a observaciones precisas del Telescopio Espacial James Webb y otros instrumentos que permitieron analizar la composición y órbita del cuerpo celeste. Los investigadores detectaron que su atmósfera y estructura contienen elementos pesados típicos de material estelar procesado, algo que no se ve en planetas formados junto a estrellas jóvenes.

¿Por qué importa? Este tipo de hallazgos ayuda a entender el ciclo completo de la materia en el universo: desde la formación de estrellas hasta su muerte y la posible creación de nuevos mundos a partir de sus cenizas. En Argentina, donde hay un fuerte interés en astronomía y observatorios como el de La Plata o el CASLEO, este tipo de noticias genera siempre gran atención.

Los científicos estiman que el planeta tiene un tamaño comparable al de la Tierra o ligeramente mayor, aunque su composición es radicalmente distinta a la de nuestro mundo. Se trata de un cuerpo rico en oxígeno, silicio y otros elementos que antes formaban parte del núcleo de su estrella progenitora.

Lo que se sabe hasta ahora es que este no sería un caso aislado. Los modelos teóricos ya predecían que, en torno a enanas blancas, podrían formarse planetas a partir de discos de escombros estelares, pero esta es una de las primeras detecciones directas y confirmadas.

Las réplicas y análisis continúan. Los astrónomos planean seguir estudiando este sistema para determinar su edad exacta, su estabilidad orbital y si podría albergar algún tipo de condiciones extremas que, aunque improbables, permitan pensar en formas de vida adaptadas a entornos tan hostiles.

El hallazgo refuerza la idea de que el universo es un lugar dinámico donde la muerte de una estrella puede dar origen a nueva materia organizada, incluso a planetas enteros. Un recordatorio de que, en el cosmos, nada se pierde del todo.

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