Vigilamos entre nosotras: mujeres desplazadas por el terremoto en Colombia se organizan contra la violencia
El sismo del 10 de agosto agravó los riesgos de violencia sexual para mujeres y niñas en Chocó. Con apoyo del UNFPA, lideresas locales crean redes de cuidado mutuo en medio del desplazamiento.
Un terremoto de magnitud importante sacudió el 10 de agosto el departamento de Chocó, en el noroeste de Colombia, y dejó a miles de personas desplazadas. Para las mujeres y las niñas, el desastre no solo significó la pérdida de viviendas y pertenencias: agravó riesgos que ya eran graves antes del sismo, como la violencia sexual y el acceso limitado a servicios de salud sexual y reproductiva.
Para ubicarse: Chocó es una región del Pacífico colombiano caracterizada por su alta biodiversidad, pero también por índices elevados de pobreza y conflictividad. El sismo del 10 de agosto generó nuevos desplazamientos internos y obligó a muchas familias a refugiarse en albergues improvisados donde la falta de privacidad y de iluminación aumenta la vulnerabilidad.
Ante esta situación, las mujeres locales se organizaron bajo la consigna “Vigilamos entre nosotras”. Se trata de redes comunitarias integradas por lideresas, parteras tradicionales y otras mujeres de la zona que, con el respaldo del Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA), implementan estrategias de prevención y respuesta inmediata.
Estas redes incluyen rondas de vigilancia nocturna, talleres de autocuidado y protocolos para identificar y derivar casos de violencia sexual. También facilitan el acceso a kits de higiene menstrual, anticonceptivos de emergencia y atención psicológica en los puntos de atención temporal.
Según el UNFPA, la emergencia ha multiplicado las dificultades preexistentes. Muchas mujeres ya enfrentaban altos niveles de violencia basada en género en un contexto de conflicto armado y abandono estatal. El desplazamiento forzado por el terremoto las dejó aún más expuestas, sin redes familiares ni espacios seguros.
Las parteras y lideresas comunitarias actúan como primeras respondedoras. Conocen la realidad local, hablan los mismos idiomas y generan confianza en una población que muchas veces desconfía de las instituciones. El UNFPA les proporciona capacitación, insumos y acompañamiento técnico para que puedan sostener estas iniciativas mientras dure la emergencia.
“Vigilamos entre nosotras” no es solo una frase: es una práctica concreta. En los albergues, las mujeres se turnan para acompañar a las más jóvenes cuando deben ir al baño o buscar agua. También documentan incidentes y alertan a las autoridades cuando es necesario, aunque en muchos casos prefieren resolverlo dentro de la comunidad para evitar revictimización.
El Fondo de Población de las Naciones Unidas destaca que este tipo de organización comunitaria es clave en contextos de desastre. No solo protege a las mujeres y niñas en el corto plazo, sino que fortalece la resiliencia de las comunidades para futuras crisis.
A casi tres semanas del sismo, el número de desplazados sigue siendo alto y las réplicas continúan generando temor. Las lideresas locales piden que la ayuda internacional no se limite a alimentos y techos, sino que incorpore de manera prioritaria la protección contra la violencia de género y el acceso a salud sexual y reproductiva.
Fuente: Noticias ONU