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A 25 años de Nueve Reinas: la película que cambió el cine argentino para siempre

Un cuarto de siglo después de su estreno, Nueve Reinas sigue siendo el punto de inflexión del cine nacional. La historia de dos estafadores en una Buenos Aires caótica marcó un antes y un después en cómo se contaban las historias locales.

Publicado el 10 de julio de 2026, 11:15 hs

Hace exactamente 25 años, el 31 de agosto de 2000, llegaba a las salas Nueve Reinas, la ópera prima de Fabián Bielinsky que terminó convirtiéndose en mucho más que una película. Se convirtió en el título que le mostró al mundo que el cine argentino podía ser inteligente, tenso y universal sin renunciar a su acento porteño.

La trama es simple en apariencia: dos estafadores, Marcos (Ricardo Darín) y Juan (Gastón Pauls), se cruzan en una estafa menor y terminan metidos en un golpe mayor que involucra una serie de sellos filatélicos falsos llamados “Nueve Reinas”. Lo que sigue es un laberinto de engaños, traiciones y giros que se sostienen hasta el último minuto.

Lo que nadie contaba en ese momento es que esa historia de timadores iba a terminar timando a toda la industria. Nueve Reinas recaudó más de cuatro millones de dólares en la Argentina de la crisis, se vendió a más de 40 países y ganó decenas de premios internacionales. Fue, en palabras de muchos, el filme que abrió la puerta al “nuevo cine argentino” sin pertenecer del todo a esa ola.

Bielinsky, que falleció en 2006, tenía una obsesión por los detalles. Contaba que había escrito el guion inspirado en las estafas que veía a diario en las calles de los 90. “Quería hacer una película sobre la estafa como metáfora de la Argentina”, dijo alguna vez. Y lo logró. La película no habla de la crisis con carteles, pero la respira en cada plano: la desconfianza, la necesidad de sacar ventaja, la sensación de que todo puede ser un engaño.

Darín, que ya era conocido pero todavía no era el Darín de hoy, entrega una actuación magistral. Marcos es cínico, calculador y, sobre todo, creíble. Pauls, en uno de sus últimos roles antes de su muerte en 2015, aporta la cuota de ingenuidad y frescura que hace que el dúo funcione a la perfección. El resto del elenco —incluyendo a un inolvidable Tomás Fonzi y a un breve pero impactante papel de Alejandro Awada— completa un reparto que parece elegido con lupa.

Hay algo de esos thrillers americanos de los 70 en Nueve Reinas, pero con un sabor local inconfundible. Las locaciones son puro Buenos Aires pre-crisis: cafés con mozos de corbata, calles sucias, edificios que parecen a punto de caerse. La banda de sonido, casi ausente, le da todavía más peso al silencio y a las conversaciones.

Veinticinco años después, la película no envejece. Se sigue enseñando en escuelas de cine, se proyecta en ciclos y sigue generando debates. ¿Marcos era el malo desde el principio? ¿El final era previsible o nos estafó a todos? Preguntas que cada nueva generación responde de forma distinta.

Lo que nadie cuenta es que Bielinsky casi no puede estrenarla. La productora Patagonik apostó fuerte en un director desconocido y un guion que parecía demasiado “argentino” para viajar. El tiempo se encargó de demostrar que era exactamente lo contrario: era tan argentino que resultaba universal.

Hoy, con el cine local otra vez en crisis, mirar Nueve Reinas es como volver a un momento en el que todo parecía posible. Cuando una película hecha con poco dinero, mucho ingenio y actores en estado de gracia podía cambiar las reglas del juego.

Y quizás esa sea la mayor estafa de todas: hacernos creer que ese cine ya no es posible. Pero la película sigue ahí, recordándonos que, como en la mejor de las timbas, siempre hay una última carta por jugar.

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