Carlos Sorín a los 82: el regreso al cine con dos smartphones y un dron en la Patagonia
A 40 años de La película del rey, el director argentino vuelve a filmar en su Patagonia natal. En charla exclusiva cuenta cómo es rodar con tecnología mínima, su vida en el campo y el encuentro con los grandes del cine.
A los 82 años, Carlos Sorín vuelve al set. Y lo hace de la forma más Sorín posible: con dos smartphones, un dron y la Patagonia como protagonista. Cuarenta años después de La película del rey, su ópera prima que deslumbró en Cannes, el director santafesino radicado en el sur argentino encara un nuevo largometraje que promete ser tan austero como poético.
Desde su casa en el campo, a pocos kilómetros de El Calafate, Sorín atiende la videollamada con la tranquilidad de quien ya no corre detrás de los estrenos ni de los festivales. “Vivo acá porque es mi lugar en el mundo”, dice. “La luz, el silencio, los animales… todo eso termina metiéndose en las películas aunque uno no quiera.”
El regreso que nadie esperaba
La nueva película, cuyo título aún guarda en reserva, retoma el espíritu de sus obras más personales: observación minuciosa de personajes comunes, humor seco y una mirada que nunca fuerza el drama. Según cuenta, el rodaje se hizo casi en secreto durante el último verano patagónico. Un equipo mínimo —básicamente él, un asistente y dos actores locales— filmó con iPhones y un dron DJI para capturar las inmensidades del paisaje.
“La tecnología actual permite cosas que antes eran impensadas”, explica. “Un smartphone de gama alta graba en 4K con una calidad que en los 80 nos hubiera parecido ciencia ficción. El dron te da tomas aéreas que antes requerían helicóptero y un presupuesto imposible. Eso democratiza el cine de autor.”
Sorín no extraña las grandes producciones. Al contrario. Después de películas como Historias mínimas, El perro, La ventana y Días de pesca, siente que volver a lo esencial es volver a lo genuino. “Cuando filmás con muy poco, cada decisión tiene peso. No hay margen para lo superfluo.”
Encuentros que marcaron una carrera
A lo largo de la charla recuerda sus cruces con los grandes. Trabajó con Ulises Dumont, con quien compartió una amistad profunda, y dirigió a actores como Antonio Larreta, Norma Aleandro y Juan Manuel Navarro, entre otros. Pero también menciona con cariño a los no actores, esos rostros anónimos de la Patagonia que terminaron siendo el corazón de varias de sus películas.
“El cine argentino de los 80 y 90 tenía una energía increíble. Había discusión, había riesgo. Hoy todo es más complicado, más caro, más burocrático. Por eso me fui al sur: para recuperar esa libertad.”
La vida en el campo como guion
Lejos de las luces de Buenos Aires, Sorín lleva una vida casi de labriego ilustrado. Cría ovejas, cultiva un pequeño huerto y pasa horas observando el comportamiento de los animales. Esa observación paciente se nota en su cine: los planos largos, los silencios, la forma en que el paisaje termina siendo un personaje más.
“La Patagonia te enseña paciencia. El viento, las distancias, el clima que cambia en minutos… todo eso te obliga a adaptar el plan original. En el cine pasa lo mismo: por más que armes un guion perfecto, la realidad siempre termina imponiendo sus reglas.”
Qué esperar de la nueva película
Sin revelar demasiado, anticipa que la historia gira en torno a un hombre mayor que, como él, decide volver a hacer lo que ama después de años de pausa. “No es autobiográfica, pero sí hay mucho de lo que vengo pensando estos años. Sobre el paso del tiempo, sobre qué queda cuando ya no sos joven, sobre la necesidad de crear aunque sea con medios mínimos.”
El estreno todavía no tiene fecha confirmada, pero fuentes cercanas al proyecto indican que podría presentarse en algún festival internacional de cine de autor durante 2025. Mientras tanto, Sorín sigue editando en su casa, con la misma computadora con la que armó sus últimos trabajos.
“El cine cambió mucho, pero las preguntas siguen siendo las mismas: cómo contar una historia que valga la pena, cómo mirar el mundo sin prejuicios, cómo encontrar belleza en lo cotidiano. Eso no lo cambia ni el smartphone más caro ni el dron más sofisticado.”
A sus 82 años, Carlos Sorín demuestra que no se necesita un gran presupuesto para hacer gran cine. Solo mirada, paciencia y un lugar en el mundo al que volver siempre.