De la ruta 2 al boarding pass: por qué los viajes en auto ahora eligen aviones
El boom de los vuelos internacionales impulsó el consumo en Aeroparque, donde la cadena Atalaya rompió récords de ventas de medialunas y café. Ahora la empresa busca replicar el éxito en Ezeiza con un nuevo local.
El cambio de hábitos de los argentinos a la hora de viajar se nota hasta en el mostrador de una panadería. Lo que antes era la medialuna y el café antes de salir por la ruta 2 hacia la costa, hoy se consume cada vez más en los aeropuertos antes de pasar por el control de seguridad.
Aeroparque Jorge Newbery se convirtió en el local de mejor desempeño de la cadena Atalaya en todo el país. El crecimiento sostenido del tráfico internacional y la recuperación del turismo explican esta tendencia que, lejos de ser solo un dato de consumo, refleja un cambio profundo en cómo los porteños y turistas eligen moverse.
"El pasajero que viaja al exterior llega con más tiempo de anticipación, consume más y busca productos de calidad", explica el responsable de la cadena. Las medialunas de manteca y hojaldre, el café en todas sus versiones y los sánguches gourmet se venden a un ritmo que supera ampliamente a las tradicionales paradas en ruta.
Según datos del Ministerio de Turismo, el tráfico aéreo internacional creció más de 35% en los últimos dos años. Ese aumento de pasajeros se traduce directamente en las cajas registradoras de los locales gastronómicos de los aeropuertos. En Aeroparque, Atalaya superó sus propias proyecciones y se posicionó como el punto de venta más fuerte de la marca.
Ahora la empresa busca replicar ese modelo en el Aeropuerto Internacional de Ezeiza. El nuevo local, que abrirá en las próximas semanas, estará enfocado en el pasajero internacional que viaja con más presupuesto y mayor predisposición al consumo. La propuesta incluirá un sector de "grab and go" para quienes van apurados y un espacio más relajado con mesas para quienes tienen escalas largas.
El fenómeno no es exclusivo de Argentina. En varios aeropuertos del mundo, las ventas de comida y bebida por pasajero han aumentado notablemente después de la pandemia. Los viajeros buscan experiencias que hagan más agradable la espera y los aeropuertos se transformaron en verdaderos centros comerciales con oferta gastronómica variada.
Desde la perspectiva de Atalaya, el aeropuerto ofrece una ventaja clara: flujo constante de clientes durante todo el día. A diferencia de una sucursal en la ciudad, donde el pico de ventas se concentra en el desayuno y la merienda, en Aeroparque el movimiento es continuo desde las 5 de la mañana hasta pasada la medianoche.
"El pasajero que viaja en avión suele estar más relajado y dispuesto a gastar", aseguran desde la cadena. Esa combinación de tiempo disponible, ánimo positivo y poder adquisitivo explica por qué el "viaje en auto" clásico, con parada en alguna rotisería de la ruta, perdió terreno frente al ritual del café antes de embarcar.
El nuevo local de Ezeiza no solo ampliará la presencia de Atalaya en aeropuertos sino que servirá como prueba para evaluar la expansión a otros destinos con alto tráfico internacional. La empresa ya evalúa posibles aperturas en aeropuertos del interior del país donde el turismo receptivo muestra signos de recuperación.
Mientras tanto, en las rutas que llevan a la costa atlántica, los clásicos puestos de comida siguen funcionando pero con un público que cada vez prefiere volar. El cambio de hábitos es claro: muchos argentinos cambiaron la ruta 2 por el boarding pass, y las medialunas de Atalaya los acompañan en esa nueva forma de viajar.