De peinar a famosos a vender en una favela: la historia de Rubén Orlando
El peluquero que atendió a estrellas de Hollywood y la realeza terminó vendiendo en las calles de una favela brasileña tras perder 6 millones de dólares. Su caída, contada en primera persona.
Rubén Orlando fue durante años el peluquero de referencia para celebridades de todo el mundo. Atendió a Madonna, a miembros de la familia real británica y a figuras del jet set internacional. Hoy, con 70 años, recorre las calles empinadas de una favela en Brasil vendiendo productos de limpieza y cosmética de puerta en puerta.
“Perdí 6 millones de dólares”, dice sin vueltas cuando le preguntan qué pasó. La frase resume una historia que mezcla glamour, malas decisiones y la dureza de volver a empezar desde cero. Nacido en Argentina, Orlando armó su primer salón en los años 80 y rápidamente se convirtió en el estilista elegido por modelos, actores y empresarios.
En los 90 y 2000 su agenda era un quién es quién de la farándula. Viajaba a Miami, Nueva York y Londres para peinar a clientas que pagaban fortunas por una cita. “En un solo año facturé más de un millón de dólares”, recuerda. Pero el dinero fácil trajo también inversiones fallidas: un restaurante que no funcionó, un hotel que se derrumbó con la crisis y apuestas que terminaron mal.
La gota que rebalsó el vaso llegó cuando decidió radicarse definitivamente en Brasil. Confió en un socio local que prometía multiplicar su dinero en el rubro inmobiliario. El socio desapareció con todo. En pocos meses, Orlando pasó de tener propiedades y una cuenta abultada a no poder pagar el alquiler. Terminó viviendo en una favela de Río de Janeiro, donde hoy sobrevive como vendedor ambulante.
“Al principio fue durísimo. La gente me reconocía y no entendía qué hacía ahí. Yo tampoco”, cuenta. Con el tiempo armó una rutina: sale temprano con su mochila llena de productos, sube y baja las laderas de la favela y vende lo que puede. Dice que el ejercicio físico lo mantiene vivo y que los vecinos, con el tiempo, se convirtieron en su nueva clientela.
La historia de Orlando se volvió viral después de que un periodista brasileño lo encontrara por casualidad y publicara su testimonio. Desde entonces recibió ofertas de ayuda, propuestas para volver a la peluquería y hasta llamados de algunos famosos que atendió en su época dorada. Él, por ahora, prefiere seguir en la favela.
“Aprendí que la vida no depende de cuánto tenés en el banco. Acá tengo paz, aunque sea vendiendo jabón”, dice. Su caso se convirtió en ejemplo de cómo la fama y el dinero pueden evaporarse en cuestión de meses cuando las decisiones no acompañan.
Vecinos de la favela cuentan que Orlando es respetado. Muchos saben su historia y lo saludan con cariño. Algunos le piden que les corte el pelo como en los viejos tiempos. Él lo hace gratis, entre una venta y otra, porque dice que todavía le gusta el oficio.
La caída de Rubén Orlando no es solo una anécdota de la farándula. Habla de cómo el éxito puede ser efímero y de la resiliencia que hace falta para reconstruirse cuando todo se derrumba. A los 70 años, con las rodillas gastadas de subir cuestas, sigue caminando las calles de la favela con una mochila al hombro y una sonrisa que, según él, nunca perdió.