El Cabernet Sauvignon argentino iguala a los franceses pero cada vez es más escaso
Hoy se celebra el Día Internacional de Cabernet Sauvignon, la cepa emblemática de Burdeos. En Argentina crece en calidad pero pierde superficie plantada, convirtiéndose en un varietal cada vez más exclusivo.
Hoy, 3 de septiembre, se celebra el Día Internacional del Cabernet Sauvignon, la variedad que define muchos de los grandes tintos del mundo y que en Argentina ha logrado un lugar de privilegio.
Para ubicarse: originario de la región de Burdeos, en Francia, este varietal se convirtió en sinónimo de elegancia y estructura. En nuestro país, los enólogos lo trabajan desde hace décadas y hoy produce vinos que compiten de igual a igual con los clásicos franceses, especialmente en las regiones de Mendoza, Salta y Patagonia.
Sin embargo, hay una paradoja: mientras la calidad no para de subir, la superficie plantada con Cabernet Sauvignon en Argentina disminuye año tras año. Según datos del sector, en la última década se redujo notablemente la cantidad de hectáreas dedicadas a esta cepa, desplazada en parte por el Malbec, que se volvió la estrella comercial del vino argentino.
"Es el rey de las tintas", coinciden los especialistas. Su estructura tánica, sus aromas a cassis, pimiento verde y, cuando está bien maduro, a cedro y tabaco, lo hacen ideal para vinos de guarda. En catas a ciegas internacionales, cada vez más etiquetas argentinas de Cabernet Sauvignon se equiparan o superan a referencias de Burdeos.
Para entender la caída en superficie: el Malbec ocupa hoy el lugar protagónico en exportaciones y consumo local, lo que llevó a muchos productores a reconvertir viñedos. Aun así, los Cabernet de altura mendocinos y los de regiones más frías como el Valle de Uco o Luján de Cuyo mantienen una reputación impecable.
¿Por qué importa? Porque el Cabernet Sauvignon argentino representa lo mejor de nuestra vitivinicultura: capacidad de competir con los grandes del mundo sin perder identidad. Y, al ser cada vez más escaso, sus mejores exponentes se transforman en verdaderas joyas para coleccionistas y amantes del vino.
Desde viñedos centenarios hasta proyectos boutique, los productores que siguen apostando por esta variedad destacan su versatilidad y potencial de envejecimiento. Muchos coinciden en que, con el cambio climático y las nuevas técnicas, los Cabernet locales tienen un futuro prometedor a pesar de la menor superficie.