Pagar no da derecho a hacer lo que uno quiere: Juan Gil Navarro y el uso de celulares en teatro
El actor, que coprotagoniza Misery junto a Julia Calvo, pidió al público apagar los teléfonos al finalizar una función. Su mensaje generó repercusiones sobre el respeto en las salas.
El actor Juan Gil Navarro, quien actualmente coprotagoniza la obra Misery junto a Julia Calvo, se dirigió al público al finalizar una función para pedir que apaguen los celulares durante la representación.
“Pagar no da derecho a hacer lo que uno quiere”, dijo con firmeza el intérprete, visiblemente molesto por las interrupciones que generan los dispositivos móviles en medio del espectáculo. Su reclamo, que se viralizó rápidamente, pone el foco en un problema cada vez más frecuente en las salas de teatro porteñas.
La obra, basada en la novela de Stephen King y adaptada para las tablas, exige concentración tanto de los actores como de los espectadores. Según relató el propio Gil Navarro, los sonidos de notificaciones, vibraciones y, en algunos casos, luces de pantallas encendidas rompen la inmersión que la puesta busca generar.
“Es una falta de respeto no solo hacia los artistas que estamos arriba del escenario, sino también hacia el resto del público que pagó para disfrutar la función completa”, agregó. El mensaje del actor resuena con una discusión que viene creciendo en los últimos años en el mundo de las artes escénicas.
En Buenos Aires, muchas salas ya incluyen recordatorios previos al inicio de la obra, pero la realidad muestra que no siempre son suficientes. Durante la pandemia, el hábito de estar permanentemente conectados se acentuó, y ahora se traslada también a espacios que tradicionalmente pedían desconexión.
El caso de Misery no es aislado. Otros actores y directores han expresado su hartazgo en las redes y en entrevistas. La irrupción de un celular puede arruinar un momento clave de la trama, una emoción construida durante minutos o incluso poner en riesgo la continuidad de la escena si un actor se distrae.
Desde la perspectiva del público, algunos defienden que “pagaron la entrada” y que un vistazo rápido al teléfono no afecta. Sin embargo, la mayoría coincide en que el teatro requiere un pacto de atención mutua. Apagar el celular no es solo una cuestión técnica: es parte del ritual de entrar a otro mundo durante dos horas.
Juan Gil Navarro, con una trayectoria sólida en televisión, cine y teatro, eligió el momento posterior a la función para hablar sin filtro. Su intervención, lejos de ser un capricho de artista, refleja una preocupación compartida por muchos colegas que ven cómo la tecnología invade incluso los espacios pensados para desconectarse.
La producción de Misery no hizo declaraciones formales, pero en el ambiente teatral se espera que este tipo de pedidos se multipliquen. Algunos teatros ya evalúan medidas más estrictas, como dejar los teléfonos en lockers o recordatorios más enérgicos antes de comenzar.
Mientras tanto, el mensaje del actor queda como recordatorio: ir al teatro implica un compromiso. Pagar la entrada da derecho a disfrutar el espectáculo, pero no a interrumpirlo.