Notas

Sara Curruchich: de la discriminación en Guatemala a escenarios internacionales con su canto maya

La cantante kaqchikel convirtió su historia de discriminación en un mensaje de orgullo cultural que hoy recorre el mundo. Nació en una familia campesina y hoy lleva la lengua y la música maya a los principales festivales.

Publicado el

Sara Curruchich: de la discriminación en Guatemala a escenarios internacionales con su canto maya
La Nacion

Sara Curruchich nació en una familia campesina en las tierras altas de Guatemala y creció escuchando el kaqchikel, la lengua de sus abuelos. Hoy, esa misma lengua que le valió burlas y discriminación en su infancia resuena en escenarios de Europa, Estados Unidos y América Latina.

Su historia comienza en el municipio de San Juan Sacatepéquez, donde sus padres se dedicaban al cultivo de la tierra. Desde chica sintió la mirada diferente por ser indígena: en la escuela la castigaban por hablar su idioma materno y en la ciudad la trataban de “indita”. Esa experiencia, lejos de silenciarla, se transformó en el motor de su música.

A los 17 años empezó a componer sus primeras canciones en kaqchikel. “Quería que mi gente se viera reflejada”, cuenta. Mezcla ritmos tradicionales mayas con folk, pop y toques de jazz, siempre con letras que hablan de identidad, resistencia y el rol de la mujer en las comunidades originarias.

Su primer disco, Somos, salió en 2015 y rápidamente llamó la atención más allá de Guatemala. Desde entonces editó varios trabajos y participó en festivales como el WOMAD, el Festival de Glastonbury y eventos de la ONU. En 2022 se presentó en el Kennedy Center de Washington y en 2024 actuó en el Museo del Louvre, en París.

Curruchich no solo canta: también es activista. Usa su plataforma para visibilizar la situación de las comunidades mayas, la defensa del territorio y la violencia contra las mujeres indígenas. En cada entrevista repite que la música es una herramienta para sanar y para que las nuevas generaciones no tengan que avergonzarse de sus raíces.

En los últimos meses recorrió varias ciudades de Estados Unidos y Europa con su banda, integrada por músicos de distintas comunidades guatemaltecas. En cada show proyecta imágenes de su tierra y explica el significado de las palabras en kaqchikel antes de cantarlas. El público, que muchas veces no entiende la letra, conecta con la emoción y el ritmo.

Su camino no fue fácil. Tuvo que enfrentar el machismo dentro de la propia comunidad y el racismo estructural del país. Aun así, nunca dejó de vestir su huipil tradicional ni de hablar en su idioma en las entrevistas. “Cuando canto en kaqchikel siento que llevo a mis abuelos conmigo”, dice.

Hoy, a sus 32 años, Sara Curruchich es una de las voces más potentes de la música indígena latinoamericana. Su historia muestra cómo transformar el dolor en arte y cómo la cultura que alguna vez fue motivo de vergüenza puede convertirse en orgullo y en puente hacia el mundo.

← Volver a Notas