Política

El próximo presidente insultará o volveremos a la normalidad

El estilo de comunicación de Javier Milei marcó un quiebre en las formas institucionales y en la liturgia presidencial. A un año de las elecciones, se abre el interrogante sobre qué modelo de investidura prevalecerá después de 2027.

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El Senado aprobó anoche la reforma jubilatoria con 38 votos a favor y 32 en contra, después de una sesión de más de 12 horas. No, ese no es el tema de hoy. El tema es más profundo y tiene que ver con las formas que adopta el poder en la Argentina.

Hasta 1985, a quien ocupaba la presidencia se lo trataba de “excelentísimo señor presidente de la Nación”, fórmula heredada de la tradición colonial española. Raúl Alfonsín firmó el decreto que la eliminó. Con el tiempo, también cayó en desuso la Marcha de Ituzaingó en los actos oficiales, aunque Javier Milei la recuperó en sus apariciones de mayor solemnidad.

El actual presidente combina esa pompa protocolar —escolta de Granaderos, caravana de camionetas negras y motos— con un lenguaje que incluye insultos personales, referencias escatológicas y descalificaciones directas hacia opositores, periodistas y hasta instituciones. En el mismo acto en el que llama “nido de ratas” al Congreso, se dirige a sus miembros como “honorables”.

Según pudo saber este medio, el interrogante que circula en círculos políticos y académicos es qué quedará de ese modelo una vez que Milei deje el cargo, sea en 2027 o en 2031. ¿Sus sucesores mantendrán el tono disruptivo o se volverá a una liturgia más contenida?

Milei ha insistido en que para él ser presidente es “solo un trabajo” y que su misión es ordenar las cuentas públicas para que el sector privado pueda desarrollarse. Al mismo tiempo, se presenta con una misión histórica, invoca figuras del pasado como Roca, Figueroa Alcorta o Menem y recurre a invocaciones religiosas en sus discursos.

La historia argentina no cuenta con un modelo presidencial incuestionado como el de George Washington o Abraham Lincoln en Estados Unidos. Desde Rivadavia hasta la actualidad, cada uno de los 55 presidentes ha tenido defensores y detractores. Varios de ellos fueron disruptivos en su momento: Yrigoyen, Perón, Frondizi, Alfonsín, Menem y los Kirchner impusieron estilos propios que rompieron moldes previos.

Perón, por ejemplo, trajo al centro del poder la estética de la calle y del trabajo, promoviendo la figura del “descamisado”. Menem combinó el cargo con Ferrari, fútbol y farándula. Ninguno, sin embargo, llegó al nivel de personalización y crudeza verbal que caracteriza al actual mandatario.

El interrogante que se abre de cara a la campaña electoral es triple: si Milei buscará la reelección manteniendo su forma de hablar, si sus eventuales rivales intentarán diferenciarse con un tono más moderado y, sobre todo, si el electorado considera que ya se cansó de este modelo de confrontación permanente.

Fuentes del oficialismo consultadas por este medio indicaron que el estilo de comunicación forma parte central de la identidad política del presidente y que no sería modificado en una eventual nueva candidatura. Desde la oposición, en cambio, se señala que el próximo ciclo podría exigir una recomposición de las formas institucionales.

La Argentina legal y la Argentina real conviven desde hace décadas. La pregunta que queda abierta es cuál de los dos modelos de presidencia —el que combina pompa con insulto o el que apuesta a la contención— resultará predominante después de Milei. La respuesta la dará el resultado de las urnas y el comportamiento posterior de quien las gane.

Adaptado de LA NACION

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