Colegiales se renueva: los nuevos restaurantes y cafés que eligen el barrio de los virreyes
El tradicional barrio porteño vive un boom de aperturas gastronómicas dirigidas a un público joven que busca ambientes tranquilos, productos de calidad y propuestas diferentes a las de Palermo o Belgrano.
El barrio de Colegiales, conocido históricamente como el barrio de los virreyes por su pasado colonial y su aire residencial, vive desde hace dos años un proceso de transformación gastronómica que atrae principalmente a un público joven y profesional.
Lejos del bullicio de Palermo Soho o las multitudes de Belgrano, varios emprendedores han apostado por locales de tamaño mediano, con diseños minimalistas y propuestas que combinan calidad con precios accesibles. Según datos de la Cámara de Comercio de la zona, en los últimos 18 meses se abrieron 14 nuevos espacios entre cafés de especialidad, restaurantes de cocina fusión y bares con carta de vinos naturales.
Uno de los casos más comentados es La Mesa de los Virreyes, un restaurante que abrió sus puertas en la calle Concepción Arenal. Con apenas 28 cubiertos, el lugar propone un menú de temporada que cambia cada quince días. “Buscamos que la gente venga a comer como en casa, pero con un nivel que no siempre se encuentra en barrios más céntricos”, explica su chef y propietario, un joven cocinero formado en el Gato Dumas que prefirió instalarse en Colegiales por los alquileres más razonables y la cercanía con su clientela objetivo.
A pocas cuadras, en la esquina de Virrey Loreto y Federico Lacroze, Café de los Plátanos se consolidó como punto de encuentro para freelancers y estudiantes de diseño. Con WiFi de alta velocidad, tomas en todas las mesas y una carta de cafés de origen que rotan mensualmente, el local funciona desde las 8 de la mañana hasta las 20 horas. Sus dueños, dos amigos que dejaron sus empleos en agencias de publicidad, cuentan que eligieron Colegiales precisamente por su “calma productiva”.
Otro concepto que está ganando adeptos es el de los restaurantes con foco en sostenibilidad. Raíces, ubicado sobre la calle Teodoro García, trabaja casi exclusivamente con productores de menos de 150 kilómetros de la Ciudad. Su carta es 70% vegetal y el resto se reparte entre pescados de río y carnes de pastoreo. El local, con una estética industrial reciclada, se llena todas las noches con grupos de entre 25 y 35 años.
La tendencia también llegó al mundo de la pastelería. Dulce Equilibrio, una pequeña confitería especializada en opciones sin gluten y sin azúcar refinada, abrió en junio en la calle Federico Lacroze. En sus primeras semanas tuvo que ampliar el horario de atención ante la demanda de clientes que buscan opciones saludables sin resignar sabor.
Desde la Asociación de Vecinos de Colegiales celebran el fenómeno pero advierten sobre los posibles efectos. “Nos gusta que el barrio se active, pero no queremos que se convierta en un Palermo chico. El equilibrio entre lo residencial y lo comercial es lo que siempre nos caracterizó”, señala su presidente.
Los nuevos dueños de estos emprendimientos coinciden en que la pandemia aceleró la búsqueda de espacios más tranquilos y con menos aglomeraciones. Muchos de ellos vivían en el barrio y detectaron que faltaban propuestas acordes a su estilo de vida. Esa combinación de conocimiento local y necesidad post-covid parece ser la clave del éxito actual.
La oferta se completa con un wine bar especializado en etiquetas nacionales poco conocidas, un local de brunch que solo abre los fines de semana y un restaurante de cocina coreana fusión que sorprendió a los vecinos por su rápida aceptación.
Fuentes de la Dirección General de Desarrollo Económico del Gobierno de la Ciudad indicaron que Colegiales se encuentra entre los cinco barrios con mayor crecimiento de habilitaciones gastronómicas en los últimos dos años, solo por detrás de Villa Crespo, Chacarita y el propio Palermo.
Mientras tanto, los vecinos más antiguos observan con cautela pero también con curiosidad. Muchos de ellos ya probaron los nuevos lugares y reconocen que la calidad y el servicio han mejorado la oferta del barrio sin alterar todavía su esencia residencial.