Sociedad

De médico a paciente: la lección de vida de Ezequiel Ferreira tras superar un linfoma

Radicado en Barcelona, el profesional enfrentó un linfoma de Hodgkin en estadio IV, transitó 12 sesiones de quimioterapia y hoy comparte su experiencia para acompañar a otros que atraviesan enfermedades graves.

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Consultorio médico genérico con camilla y elementos de revisación
(CC BY 4.0 — libre difusión con atribución a Q Company)

Ezequiel Ferreira es médico y, como muchos profesionales de la salud, estaba acostumbrado a ver la enfermedad desde el otro lado del consultorio. Todo cambió cuando un diagnóstico lo colocó en el rol de paciente: un linfoma de Hodgkin en estadio IV.

Residente en Barcelona junto a su familia, Ferreira recibió la noticia que le alteró por completo la vida cotidiana. El estadio IV indicaba que la enfermedad se había diseminado, lo que implicaba un tratamiento largo y exigente. Le esperaban 12 ciclos de quimioterapia, un camino que él mismo comparó con correr una maratón: exigente, paso a paso y con momentos de gran fatiga.

La transición de médico a paciente le permitió ver el sistema de salud y la relación con la enfermedad desde una perspectiva completamente distinta. "Te saca la coraza", resume Ferreira sobre lo que aprendió en el proceso. Esa vulnerabilidad obligada lo ayudó a conectar de manera más profunda con el sufrimiento ajeno y a entender el valor de la contención emocional.

Durante el tratamiento, el apoyo de su familia fue fundamental. En un país extranjero, lejos de su Argentina natal, el entorno cercano se convirtió en pilar para sobrellevar cada sesión, los efectos secundarios y la incertidumbre que acompaña a una enfermedad oncológica avanzada.

Hoy, ya recuperado, Ferreira decidió transformar su experiencia personal en una herramienta de ayuda para otros. Comparte su historia con el objetivo de acompañar a pacientes que atraviesan situaciones similares, transmitiendo que es posible salir adelante y que la enfermedad, más allá del dolor físico, también puede dejar enseñanzas valiosas sobre la vida, la fragilidad y la resiliencia.

Su relato se suma a tantos testimonios que buscan humanizar el abordaje de las patologías graves y recuerdan la importancia de no perder la esperanza incluso en los diagnósticos más complejos. Ferreira insiste en que el proceso lo cambió para siempre y que ahora, desde el lugar de quien vivió en carne propia el tratamiento, puede ofrecer una mirada más empática y realista a quienes lo necesitan.

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