Sociedad

Isabel Cristina Gámez: de las telecomunicaciones a la economía circular para transformar residuos

La ingeniera electrónica dejó su carrera como empresaria en telecomunicaciones para fundar una compañía que busca mejorar la infraestructura de comunidades mediante el uso de residuos contaminantes. Reivindica que la economía circular es una práctica ancestral de las poblaciones indígenas.

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Ryan, el chico de 13 años que se hizo millonario reciclando latas para ayudar a los más vulnerables
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Isabel Cristina Gámez es ingeniera electrónica y hoy lidera un proyecto que busca cerrar el círculo entre los residuos que contaminan y la necesidad de infraestructura en comunidades vulnerables.

Tras una exitosa carrera como empresaria en el sector de las telecomunicaciones, decidió dar un giro y crear una compañía dedicada a transformar materiales problemáticos en soluciones concretas para mejorar la calidad de vida de las personas.

En una entrevista, Gámez explicó que la economía circular no es un concepto nuevo. “La economía circular existe hace muchos años: las poblaciones indígenas tenían un gran respeto por la naturaleza”, señaló. Esta mirada rescata prácticas ancestrales de aprovechamiento total de los recursos y mínimo desperdicio, algo que hoy se intenta recuperar con herramientas tecnológicas y de ingeniería.

Su compañía se enfoca en procesar residuos que generan contaminación en diferentes entornos, principalmente plásticos y otros materiales difíciles de degradar, para convertirlos en elementos útiles para la construcción de infraestructura básica. El objetivo es doble: reducir el impacto ambiental y generar desarrollo en zonas que carecen de servicios esenciales.

El paso de las telecomunicaciones a este nuevo rubro no fue casual. Gámez vio en la ingeniería electrónica la posibilidad de aplicar conocimiento técnico a problemas concretos de sostenibilidad. En lugar de solo conectar personas a través de redes, ahora busca conectar comunidades con un modelo económico que respete los límites del planeta.

Según su visión, el verdadero desafío está en escalar estas soluciones para que dejen de ser proyectos aislados y se conviertan en una forma sistemática de gestionar los residuos en todo el país. Para eso, es clave generar alianzas con gobiernos locales, empresas y organizaciones de la sociedad civil.

En un contexto donde la gestión de residuos sigue siendo un problema estructural en muchas provincias, iniciativas como la de Gámez aportan una mirada práctica que combina innovación tecnológica con respeto por las prácticas ancestrales. Su mensaje es claro: no se trata solo de reciclar, sino de repensar completamente cómo usamos los recursos.

El proyecto avanza con pruebas piloto en distintas localidades, donde se busca demostrar que es posible transformar lo que hoy es un problema ambiental en materia prima para mejorar caminos, viviendas o instalaciones comunitarias. Los resultados iniciales generan expectativa tanto en el sector privado como en organismos ambientales.

Para Isabel Cristina Gámez, el futuro pasa por integrar cada vez más la economía circular en las decisiones cotidianas de empresas, gobiernos y ciudadanos. Y para eso, recuperar la sabiduría de las poblaciones originarias puede ser tan importante como los avances tecnológicos más modernos.

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