Tomás Olivieri: “Lo que le da sentido a la vida es que existe la muerte”
El coach ontológico especializado en crisis vitales y duelos explica cómo la conciencia de la finitud revela lo que el ritmo cotidiano oculta y ayuda a repensar prioridades.
La frase suena fuerte, pero para Tomás Olivieri es la clave de todo: lo que le da sentido a la vida es que existe la muerte. El coach ontológico, que acompaña a personas en crisis vitales, duelos y momentos de quiebre, sostiene que la finitud tiene una cualidad extraordinaria: nos obliga a ver lo que el apuro diario nos tapa.
Según Olivieri, la mayoría de las personas vive como si el tiempo fuera infinito. Se postergan conversaciones, se aceptan trabajos que no convencen del todo y se dejan de lado sueños porque “hay tiempo”. La muerte, al recordarnos que no lo hay, funciona como un despertador que revela prioridades auténticas.
“La finitud revela aquello que el ritmo cotidiano oculta”, explica el especialista. Esa idea es central en su trabajo con pacientes que atraviesan pérdidas, separaciones o diagnósticos graves. En esos momentos, dice, la gente suele replantearse todo: qué relaciones valen la pena, qué actividades realmente importan y cómo quiere gastar el tiempo que le queda.
Olivieri no habla de muerte desde un lugar oscuro. Al contrario, la presenta como una aliada que permite vivir con más presencia y menos distracciones. “Cuando uno se conecta con la idea de que todo tiene un final, empieza a valorar el presente de otra manera”, afirma.
En sus consultas, acompaña procesos donde las personas aprenden a despedirse de lo que ya no sirve: hábitos, creencias o vínculos que ya cumplieron su ciclo. Según el coach, aceptar la finitud no genera angustia permanente, sino una especie de libertad. Se deja de vivir para el futuro y se empieza a vivir para lo que realmente tiene valor ahora.
El especialista también advierte que la sociedad actual hace todo lo posible por esconder la muerte. Se medicaliza, se evita hablar de ella y se la trata como un fracaso en lugar de como parte natural del ciclo. Esa negación, dice, es la que genera más sufrimiento cuando finalmente llega.
Para Olivieri, integrar la conciencia de la muerte no significa volverse morboso. Significa preguntarse con honestidad qué estamos haciendo con nuestra vida mientras todavía estamos vivos. Y actuar en consecuencia.
El coach ontológico lleva años trabajando con personas que, después de un duelo o una crisis, terminan rearmando su existencia de forma más alineada con lo que verdaderamente les importa. “La muerte no es el enemigo. El verdadero enemigo es vivir dormidos”, resume.
En un mundo que premia la productividad constante y el “no parar nunca”, su mensaje invita a frenar y mirar de frente algo que todos sabemos pero preferimos olvidar: el tiempo es limitado. Y justamente por eso vale la pena usarlo bien.