Ir al contenido

¿Por qué algunos relojes tienen batería de cuarzo?

Los dragones son seres fabulosos que permanecen en el imaginario colectivo de todas y cada una de las civilizaciones, formando comunicado de multitud de leyendas. En la Sierra de Guadarrama, al norte de la Comunidad de La villa de Madrid, hay un macizo montañoso que se acuerda el hocico, los ojos y la cresta de un dragón, y que encierra una de las fábulas más increíbles de la zona. Se cuenta que hace muchos siglos un dragón surcaba los cielos en búsqueda de la fuente de la eterna juventud, la única pista que disponía para encontrarla era que el sector estaba señalado con una veta de cuarzo puro. Con las garras de su pata izquierda arañaba sin descanso toda piedra volcánica que se encontraba a su paso, No obstante ni por esas conseguía descubrir su añorada veta. La fuente de la eterna juventud
Un longevo pescador del lago Baofeng, en la lejana Anatolia, le confesó que había oído relatar a sus abuelos una extraña historia, Según la cual la fuente de las aguas mágicas se encontraba en tierras muy lejanas, rodeadas de pinares y dentro de una gruta tallada en granito. Acudieron precisamente estas mimbres las que condujeron definitivamente al dragón hasta el corazón de la sierra madrileña. Allí, entre los accidentados peñascos de Cercedilla, entre pinares y toneladas de granito, el dragón Encontró la fuente que tanto ansiaba. Bebió de sus aguas y alcanzó la inmortalidad… No obstante no De la misma forma que él esperaba, En tanto que súbitamente se fosilizó y allá permanece A partir de luego. Y es que el dragón se metamorfoseó en piedra, en lo cual hasta el siglo décimo tercero se conocía Del mismo modo que la Sierra del Dragón y que actualmente obedece al nombre de macizo de los Siete Picos. Hasta acá la leyenda, Sin embargo ¿y si es que tuviese una base, digamos, científica? Midiendo el tiempo con cuarzo
Tras la Segunda Guerra Mundial los fabricantes de relojes alcanzaron su límite de precisión con los relojes mecánicos, aquellos que dividían un 2do en cinco partes y que tenían un desfase, aproximado, de dos minutos cada mes. Fue en ese instante Cuando entraron en juego los fabricantes de relojes de cuarzo. Su funcionamiento incluía este mineral, simple de lograr y con el que pudieron disminuir la diferencia horaria al dividir los segundos en 32.768 partes. Esta singularidad se debe a un fenómeno físico que poseen los cristales de cuarzo y que había sido descubierto décadas atrás. El efecto piezoeléctrico
Fue en 1927 Cuando el ingeniero Warren Marrison, de Bell Laboratories, Halló el efecto piezoeléctrico de los cristales de cuarzo, formados por átomos de sílice y oxígeno en un Sólo patrón repetitivo. En condiciones normales, el sílice tiene una carga positiva y el oxígeno negativa, Cuando el cristal no está bajo ningún tipo de estrés los átomos se distribuyen uniformemente, Pero En el momento en que el cuarzo se estira o se contrae el mandato de los átomos cambia, las cargas se acumulan en un lado las positivas y en el otro las negativas. En otras palabras una obliga mecánica se convierte en una energía eléctrica. Marrison viajó más allá y observó que si es que se aplica una tensión alterna al cuarzo sus cristales vibran entre treinta y tres mil y cuatro millones de veces por segundo. Conociendo esta propiedad los relojeros acudieron capaces de afinar sus artilugios para que las oscilaciones fuesen exactamente 32.768 por 2do, para ello tuvieron que incluir minúsculas cantidades de oro. Este número no viajó casual, en binario es semejante a dos elevado a la decimoquinta potencia. Posiblemente, Sólo posiblemente, el dragón lo cual buscaba verdaderamente no era obtener la inmortalidad, Sino que controlar el efecto piezoeléctrico del cuarzo y detener el tiempo, Por eso lo que buscaba era una veta de este mineral. M. Jara Pedro Gargantilla es médico internista del Centro médico de El Escorial (Madrid) y cantautor de Varios libros de divulgación.