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¿Por qué pueden volar las aves?

Uno de los vertebrados que mayor interés despierta entre grandes y pequeños son las aves, con más de diez mil especies constituyen el grupo vertebrado más diverso y exitoso. Su vuelo ha fascinado al ser humano En medio milenios. La mitología griega ya nos pone sobre la pista de su magnetismo con la leyenda de Ícaro, el jovencita que fabricó unas alas de cera y que, Pese a los consejos de su padre, voló tan alto y tan cerquita del sol que las alas se derritieron y terminó muriéndose A continuación de precipitarse al vacío. Volar es mucho más que un ejercicio corporal, es una actividad que conlleva un alto coste energético y para la que han sido necesarios millones de años de evolución. El origen de las aves hay que buscarlo en los terópodos. El fósil más viejo de este conjunto es el Archaeopteryx, que vivió en el Jurásico Superior hace unos ciento cincuenta millones de años. Extremidades modificadas en manera de alas
Todos los animales que vuelan o bien han volado A lo largo de la Historia lo han hecho Debido a las alas. Aunque es cierto que las de las aves, las de los insectos, las de los pterosaurios y las de los quirópteros son estructuralmente diversos, y obedecen a distintas estrategias evolutivas. Básicamente se puede decir que las alas de las aves no son Sino que una extremidad precedente modificada, que consta de exactamente los mismos huesos que un vertebrado: húmero, cúbito y radio. Si es que bien, sus dedos y metacarpianos han sido fusionados, tan Solo conservan las puntas de tres dedos primigenios y una falange trenzada. Las alas tienen un diseño aerodinámico y se encuentran cubiertas de plumas, las cuales pueden ser de Varios tipos: remeras primarias (se insertan en los huesos de la “mano”), remeras secundarias (se insertan sobre el cúbito), remeras terciarias (son más cortas y menos numerosas, se insertan en el húmero) y, Para finalizar, las plumas coberteras, que completan el revestimiento. Potentes músculos pectorales
Además de todas estas plumas están las timoneras, situadas en la “cola” y cuya función es modificar la dirección del vuelo. En realidad la cola de las aves es una estructura ósea que se ha originado Desde la fusión de las vértebras caudales (pigostilo). Para mover las alas es Precisa la existencia de una potente musculatura pectoral, que se fija, de una parte, a la quilla -una estructura ubicada en el esternón- y, de otra, al húmero, Desde donde hace la tracción. Con el músculo pectoral se consigue el impulso preciso para el despegue, lo cual equivaldría a la fase descendente del ala; para el movimiento próxima –batir el ala cara arriba- es preciso la participación del músculo supracoracoides, que se halla ubicado de inmediato por debajo del pectoral. Para entender el destacado papel que juegan estos dos músculos vaya por delante un detalle, representan, más o menos, la quinta comunicado del peso corporal. El protagonismo de la musculatura exige un esencial aporte de oxígeno. Por esta razón, disponen de un sistema respiratorio que sostiene un flujo continuo, de tal manera que con la inspiración el aire no va directamente a los pulmones, Sino que se almacena en unas bolsas —sacos aéreos— Desde las cuales se produce un flujo continuo. Cuando la sangre ha sido oxigenada, el aire es proyectado a otros sacos aéreos, en donde es almacenado hasta que llega el instante de la espiración. Soltando lastre Una vez visto los alerones y los motores, y siguiendo el símil de los aviones, ahora, habría que analizar su fuselaje. Está formado por vértebras dorsales —soldadas entre sí— y por un sacro fusionado con la pelvis, de forma que se ha creado una estructura cilíndrica consistente y resistente, que es capaz de soportar las tensiones que se generan En medio el vuelo. La naturaleza ha borrado todas aquellas estructuras anatómicas que son inútiles y pesadas. De esta manera, por poner un ejemplo, las aves carecen de dientes, los que precisarían de fuertes mandíbulas y de una musculatura potente y pesada que las moviera. Por exactamente el mismo motivo tampoco tienen vejiga —excepto el avestruz y el ñandú— de manera que la orina fluye de manera directa A partir de los riñones hasta la cloaca. M. Jara Pedro Gargantilla es médico internista del Sanatorio de El Escorial (Madrid) y cantautor de Múltiples libros de divulgación.