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El tren que mató a 6.000 personas Antes de empezar a rodar

Los indígenas de la Amazonia utilizaban el término «cautchouc» (el árbol que llora) para referirse al caucho. Y es que, verdaderamente, este polímero elástico surge Del mismo modo que una emulsión lechosa -látex- de varias plantas, primordialmente, de la Hevea brasiliensis. En el siglo XVIII el gobierno francés mandó al científico Charles Marie La Condamine a América del sur en una expedición geográfica. Una vez que retornó al país galo, cinco años después, lo hizo con Varios rollos de caucho crudo, junto con una descripción de todos y cada uno de los productos que fabricaban con él los nativos sudamericanos. Este viajó El inicio de un interés científico por conocer sus singularidades, Así Además que sus posibles aplicaciones prácticas. De esta forma, por ejemplo, en 1770 el químico británico Joseph Priestley descubrió que se podía usar la goma del caucho para borrar las marcas que dejaba el lápiz. La fiebre del caucho
De todas maneras, el caucho no habría pasado de una mera anécdota vegetal de no ser por el estadounidense Charles Goodyear. En 1839 este inventor ideó un proceso industrial -vulcanización- A partir del cual era capaz de transformarlo en una goma que no se alteraba con los cambios térmicos. Cuatro décadas posteriormente un escocés, John Boyd Dunlop, hizo de el requerimiento una virtud al crear un neumático de caucho inflable para el triciclo de su hijo, trataba de disminuir con su invento el estruendo que provocaba En el momento en que se desplazaba sobre un terreno empedrado. Acto seguido de Varios experimentos recibió la primera llanta neumática de la historia derivada de la vulcanización. Su aplicación viajó urgente en el planeta del ciclismo. Gracias a esta invención las bicicletas se realizaron más manejables y cómodas, y De la misma forma aun modificaron su aspecto, adoptando el que ahora todos conocemos. Desde ese instante todo se dirigió «rodado», los nuevos neumáticos marcaron un punto de inflexión en el planeta del transporte. Esto tuvo, desgraciadamente, sus consecuencias allende los mares. El costo del caucho natural se disparó y provocó una llegada masiva de extranjeros a Brasil buscando rentabilizar la producción del caucho. Se intensificó la producción y de a poco los trabajadores se fueron adentrando en la selva en buscas de nuevos árboles, generando no pocos enfrentamientos fronterizos con otros países. Habitualmente el transporte del caucho se realizaba por barcas A partir de las profundidades de la selva hasta las ciudades portuarias brasileñas; Pero esto no era suficiente, había que abaratar los costos y disminuir los tiempos de transporte. Se hacía necesario la construcción de una línea ferroviaria que recorriese aquellos tramos que el transporte fluvial no podía cubrir. El Ferrocarril del Demonio
En 1846 se empezó la construcción de un ferrocarril en los márgenes de los ríos Madeira y Mamoré. El proyecto no se dirigió una tarea simple, a las inhumanas condiciones laborales había que añadir las fuertes lluvias, las frecuentes actividades sísmicas, las picaduras de serpientes venenosas, el ataque de jaguares y, especialmente, las enfermedades tropicales. Sin médicos ni centros de salud, miles de trabajadores sucumbieron ante enfermedades De La misma manera que la malaria, la hepatitis o la fiebre amarilla. Se considera que la obra del Ferrocarril del Demonio, que De esta forma es Además que se le conoció, se cobró la vida de unos seis mil trabajadores indígenas. Las desgracias nunca vienen solas. Una vez que el tren echó a rodar era demasiado tarde, el costo del látex brasileño hacía comenzado a descender y jamás invertiría esa propensión. El motivo se encontraba muy lejos de la cuenca amazónica, estaba en Asia. La llamada goma de Malasia debía las mismas propiedades que la carioca, No obstante a un costo mucho más competitivo. Una mejor planificación, unida a una mejor distribución y organización produjo que los precios de producción del caucho en las colonias británicas asiáticas fuesen inferiores y atrajera el interés de los inversores. Por cierto, en el momento vayan a Edimburgo no dejen de visitar el Museo Nacional de Escocia, allá se expone, entre otras maravillas, el 1er neumático de la bicicleta que desarrolló Dunlop. M. Jara Pedro Gargantilla es médico internista del Centro médico de El Escorial (La villa de Madrid) y cantautor de Múltiples libros de divulgación.