Buenos Aires

Contaminación sonora en Buenos Aires: cómo afecta la vida cotidiana

El ruido constante de la ciudad genera estrés, problemas de sueño y afecta la salud de los porteños. Qué dice la ley y cómo se puede reclamar.

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Calle porteña con edificios de arquitectura característica
(CC BY 4.0 — libre difusión con atribución a Q Company)

Si vivís en Buenos Aires, es probable que el ruido forme parte de tu día a día sin que lo notes hasta que te duele la cabeza o no podés dormir. La contaminación sonora es una de esas problemáticas urbanas que se naturalizan, pero que tienen efectos reales en la salud de quienes la padecen.

Según datos de la Organización Mundial de la Salud, la exposición prolongada a niveles superiores a 55 decibeles puede generar estrés crónico, hipertensión y trastornos del sueño. En la Ciudad de Buenos Aires, muchas zonas superan ampliamente esos límites durante el día y, sobre todo, de noche.

El principal responsable es el tránsito: bocinas, motores, sirenas y el ruido de las obras que se superponen. A eso se suman los locales bailables, los parlantes de la vía pública, los vendedores ambulantes con megáfonos y las fiestas en casas o terrazas. En barrios como Almagro, Villa Crespo, San Telmo o Palermo, los vecinos reportan que el problema se agravó en los últimos años.

La ley 1540 de la Ciudad establece límites claros: de día (7 a 22 horas) el máximo permitido es 65 decibeles en zona residencial, y de noche baja a 50. Sin embargo, el cumplimiento es bajo y los controles escasos. Muchos vecinos que intentan denunciar terminan chocando contra la burocracia o la falta de respuesta.

"Es como vivir con una radio prendida todo el tiempo que no podés apagar", cuenta Marta, vecina de la calle Guardia Vieja en Once. Hace dos años que duerme con tapones porque el bar de abajo pone música hasta las 4 de la mañana. Su caso no es aislado. Grupos de WhatsApp de vecinos de distintas comunas comparten la misma queja: el ruido no para.

Desde el punto de vista de la infraestructura urbana, el problema también tiene que ver con el diseño de la ciudad. Muchas calles funcionan como verdaderos canales de sonido, con edificios altos que reflejan el ruido y poco espacio verde que lo amortigüe. Las obras de repavimentación o construcción de edificios, que suelen empezar a las 7 de la mañana, agravan la situación.

¿Qué se puede hacer? La primera recomendación es registrar el ruido con una aplicación de medidor de decibeles (hay varias gratuitas) y juntar evidencia. Después, la denuncia se puede hacer por la línea 147 o a través de la página del Gobierno de la Ciudad. Si es un local comercial, también corresponde intimación por parte de la Agencia Gubernamental de Control.

En algunos barrios, los vecinos se organizaron y lograron que se coloquen carteles de "Zona de silencio" o que se multen reiteradamente a los responsables. Pero es una lucha desigual. Mientras tanto, la contaminación sonora sigue siendo una de esas cosas que "siempre estuvieron" y que pocos se animan a enfrentar de manera sistemática.

La ciudad que queremos vivir necesita equilibrar la vitalidad con el derecho al descanso y a la salud. Mientras no haya una política más firme de control y prevención, el ruido va a seguir siendo uno de los precios ocultos de vivir en Buenos Aires.

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