Economía

Billones en juego: el rechazo a la IA amenaza el boom de los centros de datos

Líderes tecnológicos admiten que alimentaron el enojo público contra la inteligencia artificial, lo que derivó en votaciones para frenar la construcción de centros de datos en EE.UU. Esto pone en riesgo la mayor inversión de infraestructura de la historia.

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Billones en juego: el rechazo a la IA amenaza el boom de los centros de datos
El Cronista

Los líderes de la industria tecnológica reconocen que el creciente rechazo a la inteligencia artificial está poniendo en jaque la construcción de la infraestructura más costosa de la historia: los centros de datos para IA.

Ejecutivos que participaron en la cumbre Future of AI del Financial Times admitieron que ellos mismos contribuyeron a generar oposición al hablar durante años de cómo la IA eliminaría empleos y podría representar una amenaza existencial. Eso derivó en una reacción política concreta: en las recientes elecciones de medio término en Estados Unidos, los votantes eligieron gobernadores contrarios a estos proyectos en estados clave como Texas, Georgia y Ohio, y aprobaron 38 iniciativas locales para restringir su desarrollo.

“La razón no es que la gente sea ludita”, explicó Vik Bajaj, co-CEO de Prometheus, la start-up respaldada por Jeff Bezos. Comparó la situación con las protestas contra los barbijos durante el Covid: se convirtió en un símbolo político. Según él, durante dos años la industria advirtió de forma “bastante peligrosa” que la IA dejaría sin trabajo a millones y que el mundo de las próximas generaciones sería irreconocible.

John Hanke, fundador de Niantic (la compañía detrás de Pokémon Go y ahora enfocada en modelos de mundo con IA), lo llamó “una gran llamada de atención”. Dijo que la industria avanzó con la “cabeza enterrada en la arena”, priorizando construir sin detenerse a pensar en el impacto social.

El contexto económico es gigantesco. Los laboratorios de IA y las Big Tech se comprometieron a gastar billones de dólares en los próximos años en capacidad de cómputo. Ese dinero va a centros de datos que demandan cantidades enormes de energía, agua y generan contaminación local, lo que generó críticas de residentes y reguladores.

En respuesta, varias empresas intentan mejorar su imagen. OpenAI, Amazon y Microsoft anunciaron que dejarán de usar acuerdos de confidencialidad polémicos con gobiernos locales. Además, más de 200 compañías, incluyendo Amazon, Microsoft y Google, adhirieron al “Ratepayer Protection Pledge” impulsado por Donald Trump para evitar que los costos de electricidad se trasladen a los consumidores residenciales.

Jeff Gustavson, de la nueva división de energías de Chevron, fue claro: “Si las comunidades no se benefician de verdad de estas inversiones, vas a enfrentar oposición”. Adam Eaton, CEO de Virtus Data Centres, reconoció que en el pasado los centros de datos eran discretos por pedido de los clientes. “No teníamos números ni logos en los edificios. La IA realmente impulsó la exposición”, dijo.

Verity Harding, ex directora de políticas globales de DeepMind (Google) y ahora en la Universidad de Cambridge, planteó que los centros de datos se convirtieron en lo tangible contra lo que se puede votar. “Solo podemos culparnos a nosotros mismos”, señaló, porque representan físicamente las preocupaciones abstractas sobre pérdida de empleos o riesgos catastróficos de la IA.

¿Qué significa esto para la economía global?

El boom de los centros de datos es uno de los mayores drivers de inversión en infraestructura de la última década. Si el rechazo se profundiza, podría frenar la carrera por más capacidad de cómputo, afectar los plazos para desarrollar modelos más potentes y encarecer los proyectos que logren avanzar. Para las comunidades locales, el debate pasa por balances concretos: más empleo y actividad económica versus presión sobre recursos como la energía y el agua.

La industria ahora busca ser más transparente y generar beneficios reales para los vecinos. El éxito o fracaso de los próximos proyectos dependerá de si logran conectar con el público más allá de los números y las promesas tecnológicas.

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